Saltando el muro

Saltando el muro. Running, correr el ultimo triatleta

Las sensaciones de aquella mañana de mayo, le hacían intuir que algo no iba bien.

Su corazón estaba más exaltado de lo normal.

Su agitada respiración, se mezclaba con el sonido de sus pies, arrastrándose por un camino polvoriento lleno de sediciosas piedras.

En un intento de recuperar el aliento, tomó agua de su ya gastado botellín que tan buenos momentos le había dado en tiempos pasados.



Sus malas sensaciones se mezclaban con la dura voz, que le castigaba sin ningún tipo contemplación:

 “no deberías estar aquí” “ríndete”.

De repente, alzó su mirada al frente, y entre unas elevadas montañas, sobresalía aquel mayúsculo, temible e imponente muro.

Pensó que era el fin, su cuerpo estaba en plena sublevación.

Las piernas no respondían como antes; las fuerzas, sin previo aviso, habían desaparecido.

Convocó al gabinete de crisis: geles, sales y magnesio.

Demasiado tarde… era inminente una huelga general; su cuerpo había dicho basta.

No quedó otra, el rey había abdicado, sus esperanzas se esfumaban como lo hace un cigarrillo entre los dedos.

Su trote “cochinero” cambiaba a lentos y pesados pasos.

Había empezado a andar y la palabra rendición empezaba a sonar con más fuerza.

Otros compañeros le adelantaban, para él eran puñales en su orgullo.

«Debería haber dosificado», repetía una y otra vez.

Mientras con sus ojos de dolor y frustración se perdían en el horizonte. Ni las palabras de ánimo de los allí presentes podían sacarlo del pozo en el que había caído.

El deporte era su vida y aquella carrera, su destino.

Las finas gotas de sudor se deslizaban como susurros sobre su cara desgastada por el pasar del tiempo. Cerró lentamente los ojos e inspiró profundamente.

Su mente estaba libre por unos momentos.

Y cuando estaba todo perdido, quizás fue un rostro familiar, una promesa o el simple hecho de que tuvo fe en sí mismo… hizo salir de lo más profundo de su ser, la fuerza que necesitamos para continuar, para no rendirnos, para saltar ese muro, infranqueable.

Ese obstáculo en nuestra vida que no nos permite continuar, que nos da miedo.

Y fue en ese mismo instante cuando comenzó a dar un paso, después otro, a los pasos le siguieron el trote y al trote, la carrera.

Aquel día ese hombre no quedó primero, ni segundo, quizás no llegaría ni siquiera entre los mil primeros.

No fue recibido como un héroe ni con grandes vítores.

Una medalla, un trozo de fruta y agua.

Se sentó como pudo en un pequeño rincón del avituallamiento, y sonrió.

Lo había logrado, se había superado, había… saltado el muro.