Saltar al contenido

¿Existe un tipo de persona que nace para hacer triatlón?

En la línea de salida de un triatlón popular cabe media ciudad. No hay molde ni genética mágica: lo que se repite en los que acaban es otra cosa, y se entrena.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 4 min de lectura
¿Existe el triatleta perfecto? | Perfil de un triatleta | Personalidad

En la salida de mi primer triatlón tenía a la izquierda a un chaval de unos veinte años que parecía recortado de una revista, y a la derecha a un señor de sesenta y tantos con una barriga honesta y un gorro que le quedaba grande. Terminamos los tres. El señor, por cierto, entró antes que yo.

Así que respondo ya a la pregunta del título: no, no hay un tipo de persona que nazca para hacer triatlón. Lo que sí hay es un tipo de persona que llega a la meta, y eso no se nace, se hace. Sigue leyendo, que te cuento qué tienen en común los que acaban, porque no es lo que parece.

He tenido la suerte de practicar unos cuantos deportes y en ninguno he visto la mezcla que se ve aquí. En un triatlón popular te encuentras a gente que no había hecho deporte en su vida, a corredores veteranos que un día se aburrieron de correr en línea recta, a médicos, a albañiles, a madres que entrenan a las seis de la mañana porque es el único hueco que tienen, a abuelos, a críos de doce años y a exfumadores recién estrenados.

Si hubiera un molde, esa mezcla no existiría. Y sin embargo ahí está, cada domingo, en cualquier pueblo con una piscina y una carretera cortada.

Se habla mucho del triatleta intenso, obsesivo, competitivo hasta con el semáforo. Los hay, claro. Pero en la misma carrera hay gente tranquilísima que va a disfrutar el día y que se para a darle las gracias al voluntario del avituallamiento. Ninguno de los dos perfiles es más triatleta que el otro.

Entonces, ¿qué es lo que los junta?

Le he dado muchas vueltas y creo que son tres cosas, y ninguna aparece en un análisis de sangre.

La primera es el miedo: a casi todo el mundo le da respeto la natación en aguas abiertas, y con razón: el agua está fría, no ves el fondo y hay gente dándote codazos. Cuando el director de carrera anuncia que por el temporal se convierte en duatlón, medio parking suspira aliviado. Ese miedo, en vez de espantar a la gente, la atrae, porque hay algo dentro de nosotros que necesita saber cómo acaba la historia. Nos puede la curiosidad.

La segunda es la dificultad, porque si fuera fácil no lo haría nadie. Suena raro, ¿verdad? Pero es que un reto que no te asusta un poco no te cambia nada, y a la gente le gusta poder contar en el trabajo el lunes lo que hizo el domingo. Por cierto, mi pregunta favorita de los no triatletas: «¿y cuántos días tardaste en hacerlo?». Como son tres deportes, calculan un día para cada uno. Jejeje.

Y la tercera es que el triatlón entra por los ojos. Vamos a ser sinceros, que aquí no hay nadie de fuera: los cuerpos, los monos ajustados, las bicis brillando al sol y un ambiente de fiesta sin entrada que pagar. Es un deporte que apetece mirar, y de mirar a apuntarse hay menos distancia de la que parece.

Lo único que se repite de verdad

Si me obligas a señalar una sola cosa que compartan los que cruzan la meta, no te voy a decir el VO2 máx ni el porcentaje de grasa. Te voy a decir esto: aguantan el aburrimiento.

Piénsalo como aprender a tocar un instrumento. Nadie se hace guitarrista en el concierto, se hace en las tardes de escalas en el salón, que son un rollo y no las ve nadie. El triatlón es igual: se decide en los martes de lluvia, en los largos de piscina contando azulejos y en las salidas en bici de tres horas donde no pasa absolutamente nada.

Eso, triloco, se entrena, igual que se entrena la cabeza. Y por eso el señor del gorro grande me pasó en el kilómetro siete: no tenía mejor genética, tenía más domingos detrás.

Así que si has llegado hasta aquí preguntándote si tú «das el perfil», deja de buscarte en el espejo y búscate en el calendario. Si estás empezando, te puede interesar la guía para principiantes y la lista de preparativos para tu primer triatlón, que te quita de encima la mitad de los nervios del día de antes. Y si lo que te falta es orden, en los planes de entrenamiento tienes por dónde empezar según la distancia que te apetezca.

¿Tú de qué grupo eras el día que te apuntaste, del que iba muerto de miedo o del que iba a comerse el mundo? Cuéntamelo. ¡Nos vemos en los entrenos!

Sigue por aquí