
Entre cuatro y diez años. Esa es la horquilla que manejan en el mundillo para un neopreno de triatlón decente, bien cuidado y con un uso de aficionado. Y la razón de que sea tan ancha es la que menos te gusta oír: no depende tanto del traje como de lo que tú hagas con él después de cada baño.
Un traje flojo, con cremallera mala y costuras de saldo, se te puede quedar en una o dos temporadas. Y uno bueno maltratado también, ojo, que aquí no hay marca que te salve. Así que vamos a lo práctico: qué lo mata, cómo se cuida en dos minutos y cómo saber si el tuyo ya está para jubilarse.
Un neopreno no se rompe, se apaga
Antes de nada conviene entender qué tienes entre las manos, porque cambia bastante la forma de tratarlo. El neopreno no es una tela: es una espuma llena de burbujitas de gas selladas. Esas burbujas son las que te dan flotabilidad y las que te aíslan del frío. Y son también, exactamente, lo que se va estropeando.
Piensa en el cojín del sofá de casa. El primer año recupera la forma en cuanto te levantas. A los cinco años se queda con tu huella marcada, porque las celdillas de la espuma se han ido aplastando de tanto uso. Con el neopreno pasa igual, solo que las tuyas se aplastan con cada estirón al ponértelo, con cada brazada y con cada vez que lo dejas apretujado en una bolsa.
Por eso lo normal no es que un día se parta en dos. Lo normal es que un día te des cuenta de que ya no te sube las caderas como antes, de que el brazo va más agarrotado y de que sales del agua más frío de lo que salías. Ese traje no está roto. Está gastado, que no es lo mismo pero acaba en el mismo sitio.
Lo que se lo carga antes de tiempo
De todo lo que puede pasarle a un neopreno, esto es lo que de verdad le quita años:
- El cloro de la piscina. Es el peor de la lista y no está ni cerca del segundo. El cloro es un oxidante que ataca el material, le roba los aceites que lo mantienen flexible y lo deja quebradizo. Sé que la tentación de estrenarlo en la piscina es enorme. Aguántate. Si no te queda otra porque no tienes agua abierta a mano, que sea una vez y enjuágalo a conciencia al salir.
- La sal que se queda dentro. Cuando el agua salada se evapora, deja cristalitos microscópicos incrustados en el material. Cada vez que estiras el traje, esos cristales hacen de lija por dentro. Nadar en el mar no es el problema; no aclararlo después, sí.
- El sol y el calor. El sol directo lo seca «duro» y le quita elasticidad, y el maletero del coche en agosto es un horno. Un traje olvidado dos días ahí dentro envejece lo que en una temporada.
- Tus uñas y tus anillos. Esta es la causa número uno de rajas, y sorprende a todo el mundo. La mayoría de los desgarros se hacen poniéndoselo o quitándoselo con prisa, clavando la punta de los dedos. Uñas cortas y anillos fuera antes de tocarlo.
- La percha de alambre. Colgarlo por los hombros de una percha fina, con todo el peso del traje mojado tirando hacia abajo durante meses, deforma los hombros para siempre. Una percha ancha de neopreno o, si no la tienes, doblado por la cintura sobre una barra gorda.
- Guardarlo húmedo o doblado a lo bestia. Húmedo cría moho y ese olor no se va. Doblado con dobleces marcadas, esas líneas acaban siendo las primeras en agrietarse.
Te puede interesar: si estás en ese punto de valorar cuál comprar antes de preocuparte por cuidarlo, tienes la selección de trajes de neopreno de triatlón para iniciación, y un repaso de gama completa en los neoprenos Orca, que cambiaron toda la nomenclatura y lían a medio mundo.
El cuidado que lleva dos minutos
No hace falta ningún ritual, de verdad. Con esto vas sobrado:
- Enjuágalo siempre, el mismo día. Agua dulce y fresca, por dentro y por fuera. Nada de agua caliente, que también le hace daño. Una bañera, un barreño o la manguera del jardín valen perfectamente.
- Sécalo del revés y a la sombra. El forro interior es el que tarda, así que empieza por ahí y luego le das la vuelta. Nunca al sol, nunca sobre el radiador y jamás en la secadora.
- Cuélgalo bien o dóblalo flojo. Percha ancha, o doblado por la mitad sin apretar. En sitio fresco, seco y oscuro. Un armario o un trastero son ideales.
- Quítatelo con la mano abierta. Nada de pellizcar con las uñas: empuja con la palma y ve enrollándolo hacia abajo. Los hombros y los tobillos son donde más se rompe.
- Ojo con los lubricantes. Los productos con base de petróleo, tipo vaselina, degradan el neopreno. Usa los geles antirozaduras pensados para esto.
- Úsalo. Suena raro, pero un traje que pasa cuatro años en una bolsa se queda tieso igual. El material agradece moverse.
Cómo saber si el tuyo ya se ha ido
¿Y cómo distingues un traje viejo pero sano de uno que ya no te está aportando nada? Estas son las señales que yo miro:
- La superficie exterior, que era lisa y resbaladiza, ahora se nota rasposa al pasar la mano.
- Hay agujeritos o zonas peladas en rodillas, codos y muslos, que es donde más roza.
- La cremallera va dura, se atasca o el cordón está deshilachado.
- Huele a humedad incluso recién lavado.
- Las mangas o las perneras hacen bolsa y se llenan de agua, señal de que los puños han perdido el agarre.
- Y la definitiva: te flota menos las caderas. Si notas que las piernas se te caen como antes de tener neopreno, las burbujas ya han dicho adiós.
Con las tres primeras todavía se convive. Con las dos últimas juntas, ese traje ya solo te está dando calor y no ventaja, triloco.
Y si se te raja
Que no cunda el pánico, que se arregla y es más fácil de lo que parece. Lo importante es hacerlo ya: una raja pequeña se convierte en una raja grande la próxima vez que te lo pongas mojado, y ahí sí se complica. Con un pegamento específico para neopreno, aplicado como si pintaras con un pincel un área pequeña, y juntando los bordes un rato, queda resuelto. Seca en un momento y aguanta muchísimo.
Yo tengo la prueba en casa. El mío se rompió una vez por el cuello, corté un trocito de la parte de abajo de la pierna, donde no molesta nada, y lo pegué ahí. Sigue conmigo. Los kits de reparación con parches ya cortados también funcionan igual de bien y te ahorran el mal trago de cortar tu propio traje.
Te puede interesar: lo que peor trata a un neopreno es el mal uso en el mar, así que si estás empezando ahí fuera, échale un vistazo a nadar en aguas abiertas antes de la próxima sesión.
Y ahora, un plan para esta tarde: vete a por tu neopreno, sácalo de la bolsa donde lleva desde la última carrera y pásale la mano por fuera. Ya me contarás qué te dice. ¡Nos vemos en los entrenos!


