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8 cosas que no sabes sobre la natación

Ocho curiosidades de natación que aguantan una comprobación: de las aletas de mano de Benjamin Franklin al litraje real de pis en una piscina pública. Con sus fuentes.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 6 min de lectura
8 cosas que no sabes sobre la natación | Curiosidades

Con once años, un crío de Boston se fabricó dos tablas ovaladas de madera para nadar más rápido. Ese crío era Benjamin Franklin, y lo que hizo fue el primer par de aletas de la historia. Aunque se las puso donde no te imaginas.

Llevas años en el agua y te crees que ya te lo sabes todo, ¿a que sí? Pues aquí van ocho cosas de la natación que probablemente no sepas, todas comprobadas, y una novena al final que llevaba años en este artículo y que he tenido que quitar.

1. Las primeras aletas se llevaban en las manos

Franklin lo contó él mismo en una carta: «Cuando era un chaval hice dos paletas ovaladas, de unos veinticinco centímetros de largo por quince de ancho, con un agujero para el pulgar y así sujetarlas bien en la palma de la mano». Se parecían tanto a las paletas de un pintor que las llamó igual.

Empujaba el agua con la cara plana al tirar del brazo hacia atrás y sí, nadaba más rápido. Pero acababa con las muñecas destrozadas. También probó unas aletas para los pies y le funcionaron bastante peor que las de las manos. Tardaron un par de siglos en darle la vuelta al invento.

2. En Atenas, no saber nadar era como no saber leer

Hay un proverbio griego antiguo que describía al ignorante total diciendo que «no sabe ni leer ni nadar». No es una frase de manual moderno de motivación: la recoge Platón en el libro III de Las leyes, y funcionaba porque en Atenas esas dos cosas eran justo lo primero que un padre le enseñaba a un hijo.

O sea que llevamos veinticuatro siglos considerando la natación una habilidad básica de vida, y no un deporte. Que es exactamente lo que es.

3. Las pinturas de nadadores más famosas están en pleno desierto

En la meseta del Gilf Kebir, en el suroeste de Egipto y a un paso de la frontera con Libia, hay una cueva con figuras humanas en una postura inconfundible: brazos y piernas extendidos, como quien se lanza al agua. Se la conoce como la Cueva de los Nadadores y las pinturas se calculan hacia el 8000 a. C.

Está en medio del Sáhara, donde ahora no hay una gota. Y eso es lo interesante del dato: no cuenta tanto la historia de la natación como la del clima, porque cuando se pintaron aquello era una sabana con lagos. El desierto vino después.

4. En los primeros Juegos modernos se nadó en el mar, a trece grados

Atenas, 1896. Los organizadores no quisieron gastarse lo que costaba una piscina, así que metieron a los nadadores en la bahía de Zea, en mar abierto, con unos veinte mil espectadores en la orilla mirando.

Aquella mañana el agua estaba entre doce y catorce grados y se habló de olas de tres metros. Un estadounidense se tiró, tocó el agua y se salió de la carrera ahí mismo. Y no puedo culparle. Hubo además una prueba de 100 metros reservada a marineros de la Armada griega, que es de esas cosas que hoy no colarían.

La próxima vez que protestes porque el agua de la piscina está a veintiséis en vez de a veintisiete, triloco, acuérdate de la bahía de Zea. Si lo tuyo son las aguas abiertas de verdad, te puede interesar esta tanda de consejos para nadar en aguas abiertas.

5. El agua es unas 800 veces más densa que el aire

Ese es el número que explica casi todo lo que te pasa en la piscina. Andar por un pasillo y andar por dentro de una piscina son la misma acción y no se parecen en nada, y no es porque tú seas más torpe dentro del agua.

Piénsalo como la diferencia entre remover un vaso de agua y remover un bote de miel. El brazo es el mismo. Lo que cambia es contra qué empuja.

De ahí salen dos consecuencias prácticas. Una, que en natación la técnica manda muchísimo más que en correr, porque cada error de posición lo pagas multiplicado por esa densidad. Y dos, que a poco que te muevas ya estás gastando bastante: si tienes curiosidad por el número, te puede interesar el desglose de cuántas calorías se queman nadando.

6. Sí, hay pis en la piscina. Y alguien se ha molestado en medirlo

Un equipo de la Universidad de Alberta publicó en 2017 un trabajo que se hizo famoso por razones evidentes. Como la orina no se puede detectar directamente en agua clorada, buscaron un rastreador: el acesulfamo K, un edulcorante artificial que tomamos en un montón de productos procesados y que sale por el pis sin degradarse en el agua tratada.

Cogieron más de doscientas cincuenta muestras de treinta y una piscinas y jacuzzis de dos ciudades canadienses. ¿El resultado? En una piscina de 830.000 litros —cerca de un tercio de una olímpica— calcularon unos 75 litros de orina. En otra más pequeña, 30.

Y antes de que te dé asco y cierres la pestaña, el motivo por el que esto importa no es la guarrería: es que la orina reacciona con el cloro y forma subproductos que irritan ojos y vías respiratorias. Ahí está parte de la explicación de por qué los nadadores de piscina y los socorristas tienen más asma de lo normal. Traducción práctica: dúchate antes de entrar y sal a mear, trilocos, que no cuesta nada.

7. Lo del café antes de nadar tiene menos magia de la que te cuentan

Vas a leer en muchos sitios que el café antes de entrenar «hace que quemes grasa en vez de hidratos». Y ojo, que la cafeína es de las pocas ayudas ergogénicas con respaldo serio detrás: mejora el rendimiento en resistencia y hace que el esfuerzo se perciba más llevadero, eso está medido muchas veces.

Lo que no está tan claro es el salto siguiente, el de que ese cambio en el uso de grasas se traduzca en adelgazar o en nadar más. Son dos cosas distintas y se cuentan como si fueran una. Tómate el café si te sienta bien, porque probablemente rindas algo mejor. Pero no esperes que te derrita nada.

8. Lo del corazón: qué se sabe y qué se exagera

Te aviso de entrada: yo soy maestro de Educación Física, no médico, así que esto es información general y no un consejo para tu caso.

Que la natación es un ejercicio aeróbico completo y que la actividad física regular ayuda con la tensión arterial y con la salud cardiovascular es terreno firme, y la propia OMS recomienda a los adultos entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada por ese motivo. Hasta ahí, todo correcto.

Lo que ya no es terreno firme son las cifras redondas que circulan por ahí, del tipo «los nadadores tienen el corazón un tanto por ciento más grande» o «la natación previene el cáncer». Esos números salen de estudios concretos, con gente concreta, y se repiten sin el contexto hasta que parecen una ley física. Si tienes tensión alta, arritmias o cualquier historia cardiaca, esa conversación es con tu médico y no con un artículo de internet.

Y la novena, la que he quitado

Durante años este artículo llevaba un punto que explicaba por qué hay pocos nadadores negros de élite echándole la culpa a la densidad ósea y al porcentaje de grasa. Lo he borrado.

No lo he quitado por quedar bien: lo he quitado porque es falso. Lo que explica ese hueco es a qué piscinas ha tenido acceso cada quien durante generaciones, no la fisiología. Si un dato de este artículo no aguanta que lo comprueben, no pinta nada aquí, y ese llevaba demasiado tiempo colado.

¿Cuántas de las ocho sabías? Si te has quedado con ganas de más, te puede interesar pasar por el test de natación para ver por dónde andas y por por qué nadar es bueno para ti. ¡Nos vemos en los entrenos!

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