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Duatlón: qué es, qué distancias tiene y por qué duele tanto

El duatlón son dos disciplinas repartidas en tres segmentos: carrera a pie, ciclismo y carrera a pie. Aquí tienes las distancias oficiales, las diferencias reales con el triatlón y por qué esa segunda carrera se hace mucho más larga de lo que marca el dorsal.

El Último Triatleta · · 7 min de lectura

El duatlón es correr, montar en bici y volver a correr, en ese orden y sin que el cronómetro se pare entre medias. Dos disciplinas repartidas en tres segmentos: así lo define el reglamento de la Federación Española de Triatlón, y de esa definición sale absolutamente todo lo demás.

Y en cuanto lo cuentas así, alguien suelta lo de «ah, o sea, un triatlón sin nadar». Ahí empieza el malentendido. Quitar la natación le cambia el arranque a la prueba, le cambia la estrategia en la bici y le cambia lo que te quedan las piernas cuando bajas de ella, con lo que tienes delante otra carrera y otro guion. Un triatlón te deja llegar a la bici en un estado y un duatlón te deja llegar en otro completamente distinto, y esa es la diferencia que de verdad se nota en los cuádriceps.

Las distancias oficiales, sacadas del reglamento

Aquí es donde más se inventa por internet, así que esto va directo del Reglamento de Competiciones de la FETRI, edición 2026 (Circular 4/26), que es el que está en vigor.

FormatoCarrera a pieCiclismoCarrera a pie
Relevo1,5 a 2 km5 a 8 km750 m a 1 km
Supersprint1,7 a 3,5 km6,5 a 13 km0,85 a 1,75 km
Sprinthasta 5 kmhasta 20 kmhasta 2,5 km
Estándar (opción A)5 km30 km5 km
Estándar (opción B)10 km40 km5 km
Media distancia10 a 15 km60 a 89,9 km10 km
Larga distancia (opción A)10 km120 km20 km
Larga distancia (opción B)10 a 20 km90 a 150 km20 a 30 km

Fíjate bien en una cosa de esa tabla: la distancia estándar admite dos combinaciones distintas y la larga, también. O sea que dos duatlones anunciados como «estándar» pueden pedirte 30 kilómetros de bici o 40, y eso son diez kilómetros de diferencia que se notan bastante. Mira el reglamento particular de tu prueba antes de inscribirte. Se lee en cinco minutos.

Y luego está el duatlón cros, que va con bicicleta de montaña y con la carrera a pie por donde toque: tierra, hierba, barro. Las distancias son otras y bastante más cortas, sobre todo en el sector de bici, porque ahí el terreno manda muchísimo más que la cifra del cartel.

Por qué esa segunda carrera cuesta lo que cuesta

Vamos con la parte interesante, que es la fisiológica y la que hace del duatlón un bicho distinto.

En un triatlón la natación te obliga a arrancar controlado. Quieras o no. El agua te frena, el pelotón te frena y la técnica te frena, así que sales de allí con las piernas prácticamente enteras porque has empujado sobre todo con brazos y espalda. En un duatlón no hay nada de eso: suena la bocina y estás corriendo a ritmo de carrera popular desde el primer metro, con las mismas piernas que vas a necesitar dentro de una hora. Nadie te frena.

Arrancar el coche cuesta arriba y metido en segunda tiene el mismo problema: se puede, claro que se puede, pero te gastas el doble de gasolina en los primeros cien metros y esa gasolina no vuelve al depósito.

Después viene la bici, que en un duatlón se pedalea con las piernas ya calientes y ya castigadas. Y después llega la segunda carrera, que es donde el duatlón te presenta la factura. Sales de la T2 con la sensación de que las piernas no son tuyas, con el ritmo de zancada roto por una hora de pedaleo y con el kilometraje del primer sector todavía metido en los cuádriceps. Ahí es donde se decide la carrera, triloco, no en los primeros cinco kilómetros donde todo el mundo va sobrado.

¿Sabes cuál es el error de novato más repetido en esta prueba? Ir al primer sector como si fuera un 5.000 en pista. Y se entiende, porque vas fresco y la cabeza te dice que ganes tiempo cuanto antes, pero ese tiempo lo devuelves con intereses en el tercer segmento. Te puede interesar el trabajo de las transiciones, que en duatlón se hacen dos y son igual de gratis que en triatlón.

Lo que te ahorras y lo que no

Aquí el duatlón gana por goleada como puerta de entrada, y por una razón muy práctica: el material.

Te ahorras el neopreno, las gafas, el gorro y, sobre todo, te ahorras la parte que más gente deja fuera de este deporte, que es meterse en aguas abiertas sin ver el fondo. También te ahorras aprender a nadar de cero siendo adulto, que es un proyecto de meses y no de semanas.

Lo que no te ahorras es el resto. Sigue haciendo falta una bicicleta en condiciones, un casco homologado, un dorsal bien colocado y unas zapatillas que aguanten dos sectores de carrera. La bici no es más barata por quitar el agua. Ese ahorro no existe. Si andas montando tu equipo, ahí tienes la guía de material de triatlón, que sirve casi entera menos el capítulo de natación.

El reglamento no cambia por quitar la natación

Esto sorprende al que llega desde las carreras populares. Las reglas de la bici son exactamente las mismas del triatlón, y las dos que más descalificaciones provocan son estas.

La primera es el casco. Va abrochado desde que coges la bicicleta del soporte hasta que la vuelves a dejar en él, y no puedes tocar el cierre en todo ese rato. Ni para rascarte. Ni para colocártelo mejor.

La segunda es el drafting, o sea ir a rueda. En las pruebas donde no está permitido —que son la mayoría de las de grupos de edad— tienes que respetar una zona alrededor del de delante, y aquí hay un cambio reciente que medio internet arrastra mal. Con el reglamento de 2026 en la mano son doce metros para todo el mundo, con un máximo de veinticinco segundos para completar el adelantamiento. Da igual que corras un sprint o una larga.

Digo que se arrastra mal porque hasta la edición anterior había dos horquillas: diez metros y veinte segundos en distancia estándar o inferior, y doce metros y veinticinco segundos en media y larga. Ese desdoble ha desaparecido. El reglamento vigente titula el epígrafe, sin dejar hueco a la duda, «Distancia de la Zona de drafting para todos los deportistas». Así que si te encuentras por ahí un artículo con los diez metros, ya sabes de qué año es.

Piénsalo como el carril de adelantamiento de una autovía: entras, adelantas y te sales. Quedarte ahí a media maniobra es justo lo que sanciona el juez, triloco.

¿Es para ti?

Yo te diría que sí en tres casos muy concretos. Y en uno no.

Si vienes de correr y te da pereza el agua, el duatlón es tu entrada natural al triatlón sin tener que pasar por la piscina. Si vienes del ciclismo, es donde tu punto fuerte pesa de verdad, porque el sector de bici es proporcionalmente enorme comparado con el de un triatlón de distancia parecida. Y si ya haces triatlón, es el complemento perfecto para los meses en los que el agua está a temperatura de nevera: abre el calendario de tu federación autonómica y mira cuántos duatlones hay justo en las fechas donde no hay ni un triatlón.

¿Y para quién no? Para el que odie correr. Suena a broma y no lo es: en un duatlón corres dos veces y pedaleas una, así que si la carrera a pie es tu castigo, esta prueba te va a castigar el doble. Te puede interesar el triatlón sprint si lo tuyo es empezar por el formato corto de toda la vida, y la calculadora de tiempos de carrera para hacerte una idea realista de a qué ritmo puedes salir en ese primer sector sin morir en el tercero.

El día que te estrenes en un duatlón sprint vas a entender por qué te lo he contado en este orden. Los primeros mil metros del último sector no se parecen a nada que hayas corrido antes, y esa sensación tan concreta de llevar las piernas prestadas no se olvida en toda la temporada.

¡Nos vemos en los entrenos!

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