
«¿Puedo hacer un triatlón con una bicicleta de montaña?»
Sí, puedes, y además no vas a ser el único de la parrilla con una. El reglamento de World Triathlon no prohíbe la bici de montaña: pone requisitos que la bici tiene que cumplir, y una MTB normal los cumple casi todos de fábrica. En un sprint de iniciación te vas a encontrar unas cuantas en el box de transición. Así que no te compres nada todavía. Primero corre uno y luego decides.
Dicho lo cual, hay que ser honestos, porque hay una letra pequeña que te tienes que mirar antes de inscribirte y hay cuatro cosas que puedes hacer tú en el garaje la semana anterior para que la bici no te penalice tanto. Vamos con ello. Pero antes déjame contarte cómo me fue a mí.
Mi primer triatlón fue con una MTB, y fui el último
Cuando empecé no tenía bicicleta de carretera, así que hice mi primera carrera con la de montaña. Fue una experiencia preciosa y todavía la cuento a los que empiezan.

Como ves en la foto, mi «correcta» postura aerodinámica me hizo rascar algunos segundos al crono. Y no, no os engañéis: no iba el primero. Los que ves ahí detrás creo que era la tercera vez que me adelantaban.
Todavía me acuerdo del policía preguntándome si esa era ya mi última vuelta. ¡Iba el último! Pero mirándolo por el lado bueno, tenía una carretera entera cortada para mí solo.
Muchos dirán que fue por llevar la bici de montaña. Puede ser, pero no es excusa: no era el único con una MTB aquel día, había varios y quedaron en posiciones muy decentes. Lo importante son las piernas.
La letra pequeña: mira si la prueba va «a rueda»
Esto es lo que casi ningún artículo te cuenta, y es lo único que de verdad te puede dejar fuera. Atiende un momento.
Los triatlones son de dos tipos según si está permitido ir a rueda del de delante, que es lo que se llama drafting. Y el reglamento de World Triathlon —el mismo que copia la federación española— dice cosas distintas para cada uno. En las pruebas de grupos de edad sin drafting, que son la mayoría, valen manillares y acoples de cualquier anchura mientras no sobresalgan por delante de la rueda y lleven los extremos taponados. Ahí tu MTB entra sin problema.
Pero en una prueba de grupos de edad con drafting el reglamento solo admite manillares de curva tradicional, o sea los de toda la vida de una bici de carretera. Un manillar recto de montaña no pasa el control de material en una prueba con drafting. Ahí no hay negociación posible. Te vas a casa sin haberte mojado.
¿Y cómo sabes cuál te ha tocado? Lo pone en el reglamento particular de la prueba, y si no lo encuentras, escribe a la organización y pregunta. En distancia estándar los grupos de edad van sin drafting casi siempre; en sprint la organización puede elegir, así que ahí es donde de verdad tienes que mirarlo. También puedes enseñarle la bici al juez árbitro después de la reunión técnica para que te la valide, que es un derecho que tienes y casi nadie usa.
Lo demás del reglamento te lo pasa cualquier MTB: dos ruedas del mismo diámetro, cuadro cerrado de toda la vida, medidas máximas de 185 por 50 centímetros y un freno en cada rueda. Ese último punto sí que lo miran, y con los extremos del manillar taponados forman el noventa por ciento de lo que revisan a pie de box.
Qué le tienes que tocar a la bici antes de ir
Aquí está el jugo de este artículo, triloco, porque una MTB tal y como la tienes para el monte y una MTB preparada para rodar en asfalto no son la misma bici ni de lejos. Por orden de lo que más te devuelve:
1. Las cubiertas: de tacos a lisas
Si solo vas a hacer una cosa de esta lista, que sea esta. Los tacos de una cubierta de montaña están diseñados para clavarse en tierra blanda, y sobre asfalto no se clavan en nada: se deforman, se retuercen y se pasan el rato convirtiendo tu esfuerzo en calor. A eso se le llama resistencia a la rodadura.
Y aquí sí hay números medidos, que para eso existe gente que se dedica a rodar cubiertas en un tambor. En los bancos de pruebas, a unos 29 kilómetros por hora, un juego de tacos de competición de montaña te cuesta del orden de 12 a 18 vatios más que un juego de cubiertas de carretera. Si lo que llevas son tacos gordos de trail, de esos que van muy bien por piedra suelta, la diferencia se dispara hasta los 50 o 60 vatios. Cincuenta vatios, triloco. Eso es ir con el freno puesto todo el rato.
Un matiz honesto: esas pruebas miden las cubiertas de montaña a presiones muy bajas, las del monte. Si hinchas a lo que admita el flanco para asfalto, la brecha se estrecha bastante. Pero se estrecha, no desaparece.
Imagínatelo como caminar por la playa con arena blanda: das el mismo paso, gastas el doble y avanzas la mitad. Pues la cubierta de tacos en asfalto es eso, kilómetro tras kilómetro.
La solución es una cubierta lisa o semilisa de la medida de tus llantas, hinchada a la presión que marque el flanco. Si tu bici lleva llantas de 29 pulgadas, todavía mejor, porque el diámetro se parece bastante al de una de carretera. Y ojo con la presión, que es gratis: mucha gente rueda con las cubiertas medio flojas porque en el monte va mejor así, y en asfalto eso te está robando velocidad todo el rato. Te puede interesar, si te da por mirar, la comparativa de neumáticos para bicicleta de carretera, donde explico por qué esta es la mejora más rentable que existe en una bici.
2. La suspensión: bloqueada
La horquilla de tu MTB existe para que las piedras no te lleguen a las muñecas. En asfalto liso no hay piedras, así que lo único que hace es hundirse y estirarse al ritmo de tu pedaleo, sobre todo cuando te levantas del sillín. Casi todas llevan una palanquita de bloqueo arriba: búscala y bloquéala antes de salir. Si la tuya no la tiene, dale toda la presión o toda la precarga que admita.
Ahora bien, te voy a contar la verdad completa, porque de esto se dice mucha tontería. Cuando lo han medido en laboratorio —sentado, en llano y hasta 250 vatios— la diferencia de consumo de oxígeno entre una bici rígida, una con horquilla y una de doble suspensión no salió significativa, y se quedó por debajo de un 3 %. O sea que el drama del balanceo es bastante menor de lo que cuenta la gente en el club.
Entonces, ¿para qué bloquearla? Porque no cuesta nada, porque cuando te levantas a atacar una cuesta ahí sí se nota, y porque llevar la bici quieta hace que te sientas más rápido, que en tu primer triatlón no es poca cosa. Pero si tu horquilla no tiene bloqueo, no te agobies. No es lo que te va a costar la carrera.
3. La altura del sillín
Esta no te la doy como afirmación, te la doy como revisión: ve y mírate a qué altura llevas el sillín. En montaña mucha gente lo lleva a propósito más bajo de lo que pediría el pedaleo, para poder sacar el pie rápido y para bajar con el cuerpo detrás, y es fácil que esa altura se te haya quedado puesta sin pensarlo.
Y sí importa, porque está medido: cuando el sillín se desvía de la altura buena, la economía de pedaleo empeora de forma medible: para el mismo esfuerzo, consumes más oxígeno. En un rato de monte da igual. Pero en veinte kilómetros seguidos en llano, y con cinco de carrera a pie esperándote, ya no da igual nada.
La referencia que maneja la literatura es la flexión de la rodilla con el pedal abajo del todo: entre 25 y 35 grados, y los estudios de economía apuntan a que la parte baja de ese rango, cerca de los 25, sale mejor. En el garaje, sin goniómetro, se aproxima con el truco de siempre: pedal abajo, talón apoyado encima y la pierna prácticamente estirada; al pedalear normal con la punta del pie te queda esa flexión pequeña que es la buena. Ojo, que las fórmulas de andar por casa fallan en más de la mitad de la gente, así que lo suyo es que alguien te vea pedalear.
Súbelo poco a poco —un centímetro por salida como mucho— y pruébalo entrenando, nunca el día de la carrera. Si te aparece dolor detrás de la rodilla o empiezas a bailar sobre el sillín, te has pasado.
4. Lo que le puedes quitar de encima
Portabultos, guardabarros, la pata de cabra, el candado enorme, la bolsa del sillín llena de cosas de hace tres años. Nada de esto te hace más lento por su peso, que es poco. Te frena porque va colgando y molestando al aire. Fuera todo eso.
Lo que sí tiene que estar impecable: los frenos, con las dos ruedas frenando bien, y los extremos del manillar tapados con sus tapones. Eso último te lo van a mirar en el control de material, y una MTB que ha vivido en el monte muchas veces los ha perdido. Un tapón de manillar es lo más barato que vas a comprar en tu vida deportiva y sin él no te dejan salir.
Lo que NO le pongas
Acoples de triatlón, ni de broma. En un triatlón de grupos de edad con drafting prohibido los acoples están permitidos en general, pero montarlos en un manillar recto y anchísimo de montaña es una idea horrible: te deja el peso adelantado, la dirección nerviosísima y los frenos a un palmo de las manos. Con una bici que ya no es rápida de por sí, lo que ganas por aerodinámica lo pierdes por susto en la primera rotonda.
Tampoco te vuelvas loco cambiando platos, ruedas ni transmisión. Meterle piezas caras a una MTB para hacerla ir como una bici de carretera es el peor uso que le puedes dar a tu dinero, porque nunca lo va a conseguir. Si llegas a ese punto, lo que quieres es otra bici, y de eso hablamos al final.
Qué te vas a encontrar el día de la carrera
Vamos con la parte que nadie te cuenta y que conviene tener en la cabeza antes, porque así no te comes la moral a mitad del segmento.
Te van a adelantar, y bastante. A 30 por hora en llano, en torno a tres cuartas partes de lo que te frena es el aire, no el suelo. Y en una MTB vas sentado como en una silla de terraza, con un manillar ancho y el pecho de cara al viento. La diferencia con alguien tumbado en unos acoples es enorme y no la arregla el entrenamiento. Sabiéndolo de antemano, no te afecta; sin saberlo, te hunde.
Esto también explica por qué la postura pesa más que las cubiertas, aunque yo te haya puesto las cubiertas las primeras. Las cubiertas son lo que puedes arreglar hoy por poco dinero. La postura de una MTB no la arreglas. Viene con la bici.
Vas a ir con desarrollos que se te quedan cortos. Una MTB está engranada para subir por caminos, no para rodar rápido en llano. Habrá tramos en los que te quedes sin marchas y te toque pedalear muy rápido sin avanzar más. No es que lo estés haciendo mal. Es la bici.
Y vas a ganar en las bajadas técnicas y en el mal firme. Si el circuito tiene curvas cerradas, adoquín o carretera rota, tú vas cómodo y ellos no. Ahí mandas tú. Alguna vez he visto a un chaval con MTB recuperar en una bajada revirada media docena de puestos que había perdido en llano.
La transición te va a ir bien. Con una MTB no llevas calas de carretera, sino zapatillas normales o de montaña, con las que se anda perfectamente. Mientras el de al lado hace equilibrios sobre las calas, tú entras al box andando como una persona normal. Pequeña venganza, pero venganza.
¿Y en cuánto se traduce todo esto? Aviso antes de darte el número: no existe ningún test serio de laboratorio que haya cronometrado a la misma persona en las dos bicis, así que lo que te doy sale de meter los datos en el modelo físico que se usa para calcular velocidad a partir de potencia, no de un cronómetro. Con esa cautela por delante, en los 20 kilómetros de un sprint llano, una MTB con tacos y manillar ancho pierde entre ocho y doce minutos frente a una bici de carretera del mismo ciclista, y una MTB con cubiertas lisas pierde entre cuatro y cinco.
Fíjate en lo que dice esa cuenta: ponerle cubiertas lisas te devuelve más o menos la mitad de lo que pierdes. La otra mitad es la postura. Y esa no se compra. Y hay un detalle que suena raro y es verdad: cuanto menos fuerte vayas, más tiempo pierdes, porque estás más rato expuesto al aire.
¿Y qué triatlón hago con ella?
Un sprint, sin dudarlo. Son 750 metros de natación, 20 kilómetros de bici y 5 corriendo, que es la distancia donde se estrena casi todo el mundo y donde una MTB se nota lo justo. Y si te cae cerca un supersprint, mejor todavía: el reglamento le deja un margen ancho a la organización —de 250 a 500 metros nadando, de 6,5 a 13 kilómetros de bici y de 1,7 a 3,5 corriendo—, así que mira el reglamento particular para saber a qué vas.
Tienes el desglose entero —cómo va cada segmento, la transición, qué meter en la bolsa— en la guía del triatlón sprint, y si no tienes claro por dónde empezar a entrenar, el buscador de plan te lo dice en cuatro preguntas según el tiempo que tengas y de dónde vengas.
Lo que no te recomiendo es debutar en un olímpico con la MTB. Cuarenta kilómetros sentado en esa postura, con esos desarrollos, y luego diez corriendo, es una tarde muy larga y muy poco divertida. Se puede, claro que se puede. Pero para descubrir si esto te gusta, empieza por el sprint.
Cuándo tiene sentido dar el salto
Te lo digo tal cual lo veo, y es lo que hice yo: primero corres uno con lo que tengas, y si te enganchas, entonces te planteas la bici. Nunca al revés.
Las señales de que ya te toca son bastante claras. Si has hecho dos o tres triatlones y sabes que vas a seguir. Si has empezado a mirar el crono en lugar de solo terminar. Si has descubierto que te gustan las salidas largas por carretera con gente. O si en el último sprint te pasaste el segmento de bici sin marchas y con la sensación de estar remando dentro de un contenedor.
En cambio, no cambies de bici porque un compañero de club te lo diga en el vestuario, ni porque te hayas visto un vídeo. Una bici de carretera para principiantes es un buen primer paso, y ya luego, cuando de verdad se te quede corta, es cuando compensa subir de gama. Si andas dándole vueltas a cuál, te puede interesar lo que escribí sobre las diferencias entre una bicicleta de carretera y una de triatlón, que aclara la duda más habitual antes de gastarse un euro.
Y una cosa más, que se olvida: tu MTB no se jubila cuando llegue la otra. Rodar por caminos te da fuerza, te enseña a manejar la bici y te machaca menos las articulaciones que el asfalto. De hecho tengo un artículo entero sobre cómo el ciclismo de montaña te hace mejor triatleta, y no es un consuelo: es verdad.
Lo único que importa de tu primer triatlón
Que lo termines y que te lo pases bien. Ya está, nada más.
Tu primer triatlón solo pasa una vez en la vida y no vas a acordarte del tiempo que hiciste, te lo garantizo. Te vas a acordar de los nervios en el agua, del lío de la transición y de la cara que se te queda al cruzar la meta. Nada de eso lo mejora una bici mejor.
Así que ponle unas cubiertas lisas, bloquea la horquilla, súbete el sillín a lo que toca y vete a disfrutar. ¿A que ya te estás imaginando ahí?
¡Nos vemos en los entrenos!


