Motivación para entrenar: Dolor y placer

Una de las motivaciones por las cuales me encanta el deporte de resistencia, como correr, triatlón, hacer ultras… es por lo que personalmente llamo «Dolor y placer».

Déjame darte algunos ejemplos:

  • Mientras más frío tengas durante un largo período, más agradable será la ducha caliente después de la carrera o entreno.
  • Cuanto más hambre tengas en tu salida de bici favorita: más placer obtendrás cuando saborees la comida que te espera.
  • Cuanto más fuerte es el deseo de estar en el sofá viendo la televisión, mayor es la sensación al completar la sesión.

Sin embargo, para mí, esta mezcla de «sufrimiento» y placer nunca es más significativo que en un miércoles a las 9:00 de la noche. Os preguntaréis por qué, es simple, es el día que me toca rodillo.

Invocar los dioses para que me den fuerza mental para meterme en esa pequeña habitación verde donde mi bicicleta me espera ansiosa en mi rodillo elite  es muy difícil.

Cuando llego allí, gracias a Dios por la música (techno, house…) las primeras pedaladas parecen estar en los últimos km de Le Mont Ventoux, las piernas están cansadas, duelen y pesan.

Nada parece aliviar brevemente el trauma mental y físico.

Claves para motivarte




La clave es simplemente ponerse en marcha y continuar con esto, porque después de 10 o 15 minutos de calentamiento las piernas se despiertan, el sudor comienza a gotear y las endorfinas comienzan a moverse.

Después de eso, todo trata de mantener tu fuerza mental para realizar la primer intervalo del entreno (y nunca mirar el tiempo que te queda por supuesto).

Una vez hecho esto, es cuestión de ir cumpliendo objetivos, marcarte cambios de ritmos y no pensar en toda la sesión completa que te queda por hacer. Solo vive en el aquí y ahora.

El último intervalo es siempre una batalla interna conmigo mismo entre insultos, voces de angelitos y demonios, y los últimos segundos un infierno que dura una eternidad cuando las piernas gritan y el corazón parece que va a explotar.

Pero después de este frenético caos interno llega la calma, durante la cuál la agonía es reemplazada por el alivio y una avalancha de endorfinas super cargadas.

Muchos pensarán que es extraño.

Puedo imaginar por qué, pero si pudiera embotellar ese sentimiento e inyectártelo, lo entenderías.

¿Alguna vez me he arrepentido de entrenar? ¡Nunca!