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Historia del campeonato Ironman: de una apuesta de bar a Kona

La carrera más dura del mundo nació de una discusión de bar sobre quién es más duro, si el nadador, el ciclista o el corredor. Quince tíos, tres folios grapados y una lata de cerveza en el avituallamiento. Esto es lo que pasó desde entonces, con las fechas comprobadas.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 10 min de lectura

¿Quién montó la primera carrera Ironman, y por qué en Hawái? Un comandante de la Marina estadounidense llamado John Collins, en la isla de Oahu, el 18 de febrero de 1978, para zanjar de una vez una discusión sobre si el atleta más duro es el nadador, el ciclista o el corredor, y como no había forma humana de ponerse de acuerdo con datos, decidieron hacer las tres cosas seguidas el mismo día y ver quién seguía en pie al final del asunto.

Esa es la versión corta. La larga tiene una entrega de premios, una revista deportiva, una lata de cerveza en el avituallamiento y una mujer arrastrándose por el asfalto delante de las cámaras. Vamos por partes, y con las fechas comprobadas, que en este tema circula mucha leyenda repetida sin mirar. Aquí van dos correcciones, por cierto.

Una discusión que nadie pensaba repetir

Corría 1977 y en Hawái se celebraba la entrega de premios del Oahu Perimeter Relay, una carrera de relevos. Allí coincidían los del club de corredores Mid-Pacific Road Runners y los del Waikiki Swim Club, y salió la conversación de siempre: quién está más en forma, el que corre o el que nada.

Collins metió baza con un argumento que había leído en la revista Sports Illustrated: que el ciclista Eddy Merckx, cinco veces ganador del Tour, tenía el VO2 máx más alto jamás medido. O sea, que los ciclistas. Como te puedes imaginar, aquello no calmó a nadie. Más bien al revés.

Así que Collins y su mujer Judy propusieron lo obvio: hacer las tres cosas. Y en lugar de inventarse distancias, cogieron tres carreras que ya existían en la isla y las encadenaron:

  • El Waikiki Roughwater Swim, 2,4 millas de mar abierto, unos 3,86 kilómetros.
  • La vuelta ciclista a Oahu, que eran 115 millas y que Collins recortó a 112 —unos 180 kilómetros— dándole la vuelta al sentido de la marcha para que la carrera terminase en la Aloha Tower.
  • El Maratón de Honolulú, 42,195 kilómetros con el calor de allí.

El folleto de la carrera terminaba con una frase que hoy es marca registrada y que sigue siendo la mejor descripción del deporte que ha escrito nadie: «¡Nada 3,8 kilómetros! ¡Pedalea 180! ¡Corre 42! ¡Y presume el resto de tu vida!». Collins fue quien puso el nombre al ganador: el hombre de hierro. Y hasta hoy.

Esas tres distancias, elegidas casi por casualidad porque eran las carreras que había en la isla, son las que sigue midiendo un Ironman en cualquier rincón del planeta. Te puede interesar, si nunca las has visto juntas, la ficha de qué es un Ironman y qué distancias tiene.

Quince tíos, tres folios y una lata de cerveza

El 18 de febrero de 1978 se presentaron quince competidores. Terminaron doce. Toda la organización cabía en tres folios con las rutas y cuatro normas básicas, y cada uno se llevó a su propia gente para darle de comer y beber por el camino, porque avituallamientos no había.

Ganó Gordon Haller, especialista en comunicaciones de la Marina, en 11 horas, 46 minutos y 58 segundos. Un tiempo que hoy, casi cincuenta años después y con bicicletas de otro planeta, seguiría metiéndolo en la mitad buena de cualquier Ironman popular. Piénsalo un segundo. Sin geles. Sin pulsómetro. Sin nada.

El segundo fue John Dunbar, de los SEAL de la Marina, e iba primero al bajarse de la bici. Su equipo de apoyo se quedó sin agua a mitad del maratón y le dieron lo que tenían a mano, que era cerveza. Terminó segundo igual. Si alguna vez te has quejado de que en el avituallamiento del kilómetro 30 solo había bebida de un sabor que no te gusta, acuérdate de Dunbar.

Y fíjate en el detalle: quince salieron, doce acabaron. Una tasa de abandono que hoy sería un escándalo y que entonces era, sencillamente, lo que pasa cuando nadie sabe muy bien qué está haciendo. Ninguno de aquellos doce había entrenado para eso, porque «eso» no existía hasta esa mañana. Tampoco se habían gastado nada en material, claro: bicicleta prestada y a correr. Te puede interesar, para medir la distancia entre aquello y lo de ahora, lo que cuento sobre cuánto cuesta ser triatleta.

El artículo que lo cambió todo

Al año siguiente solo quince llegaron a tomar la salida —las fuentes no se ponen de acuerdo en cuántos se habían inscrito, así que no te doy una cifra que no puedo sostener—, en parte porque una tormenta de las gordas obligó a aplazar la carrera un día entero. Honolulú en temporada de tormentas no es la postal del folleto. Ni de lejos.

Aquel día compitió una sola mujer: Lyn Lemaire, ciclista de Boston que venía de ganar el campeonato nacional estadounidense de contrarreloj de 25 millas en 1976 y de revalidarlo en 1977. Terminó en 12:55:38 y fue la primera mujer que acabó un Ironman. Aquí toca una corrección, porque este dato lo he visto mal en un montón de sitios (incluido este blog, todo sea dicho): Lemaire acabó quinta de la general, no sexta. Quinta entre quince, siendo la única mujer y a hora y cuarenta del ganador. Ahí es nada.

Y en aquella edición pasó lo que de verdad lo cambió todo. Un periodista de Sports Illustrated, Barry McDermott, andaba por la isla cubriendo otra cosa, se topó con aquello y escribió un reportaje de diez páginas. Collins empezó a recibir cientos de solicitudes de inscripción. La apuesta de bar se le había ido de las manos. ¡Y de qué manera!

Kona, y la mujer que se arrastró

En 1981 Valerie Silk se hizo cargo de la organización y tomó la decisión que define el deporte hasta hoy: sacar la carrera de Waikiki y llevársela a la Isla Grande, con salida y meta en Ali'i Drive, en Kailua-Kona. Aquel año corrieron 326 personas.

El recorrido nuevo era peor, y esa era la gracia. Campos de lava, viento cruzado que te tumba y un calor que no perdona. Todavía hoy la mitad de las historias de Kona son historias sobre el viento del Ali'i, no sobre los rivales. Te puede interesar, en el otro extremo del péndulo, ver cuál es el triatlón más corto que existe, que también tiene su propia leyenda aunque nadie la cuente.

En 1982 hubo dos ediciones, en febrero y en octubre, porque se aprovechó ese año para mover el campeonato al otoño. Y en la de febrero pasó lo de Julie Moss. Iba primera con ventaja cómoda cuando, a unos tres kilómetros de meta, la deshidratación la tumbó. Se levantó, se cayó, se volvió a levantar y acabó cruzando la línea a gatas. Kathleen McCartney la adelantó a escasos metros del final: Moss fue segunda. Aquellas imágenes dieron la vuelta al mundo y son, más que ningún récord, la razón de que hoy exista este deporte tal y como lo conocemos. De ahí sale el «todo es posible» que aún se dice en Kona. Por cierto, años después Moss se casó con Mark Allen, que es el siguiente de esta historia.

AñoQué pasó
1977La discusión en la entrega de premios del Oahu Perimeter Relay
1978Primera edición: 15 salen, 12 terminan, gana Gordon Haller en 11:46:58
1979Aplazada un día por tormenta; Lyn Lemaire, quinta y primera mujer en acabar
1981Valerie Silk se lleva la carrera a Kailua-Kona; 326 participantes
1982Dos ediciones y la llegada a gatas de Julie Moss en febrero
1989La Guerra de Hierro: Mark Allen se impone a Dave Scott
2026 (previsto)El 10 de octubre, ellos y ellas vuelven a correr el mismo día en Kona

La Guerra de Hierro

Los años ochenta pertenecen a dos hombres que se odiaban deportivamente con mucha educación: Dave Scott y Mark Allen. Seis títulos cada uno, pero durante años el que ganaba en Hawái era siempre Scott, por mucho que Allen le pasara por encima en cualquier otra carrera del calendario.

Hasta 1989. Aquel día se bajaron juntos de la bici y corrieron codo con codo casi todo el maratón, sin sacarse un metro, cada uno esperando a que el otro se rompiera. Los demás quedaron a kilómetros. Allen se marchó al final y ganó en 8:09:14, su primera victoria en Kona.

Y aquí va otra corrección de las que hay que hacer. Su parcial de maratón, 2:40:04, se contó durante mucho tiempo como récord del recorrido, y aquí mismo llegó a decirse que seguía en pie. Ya no: aguantó 27 años y lo batió Patrick Lange en 2016, corriendo el maratón de Kona en 2:39:45. Con un matiz honesto, y es que la comparación no es limpia del todo, porque en 1989 el tiempo de transición iba metido dentro del parcial de carrera y hoy no.

En mujeres, el dominio de esa época y la siguiente tiene un nombre: Paula Newby-Fraser, zimbabuense, ocho títulos entre 1986 y 1996. Después llegó la suiza Natascha Badmann, seis títulos entre 1998 y 2005 y primera europea en ganar en Kona, que además estrenó su palmarés a los 31 años. Y luego la británica Chrissie Wellington, que ganó cuatro veces (2007, 2008, 2009 y 2011) y que tiene un detalle difícil de igualar: ganó absolutamente todos los Ironman que empezó.

De la apuesta a la marca

De ahí en adelante la carrera se convirtió en una industria. La propiedad ha cambiado dos veces en poco tiempo: en 2015 el grupo chino Wanda compró la empresa que organiza el Ironman, y en 2020 se la vendió a Advance, un grupo editorial estadounidense. Cada cambio ha traído decisiones que a los aficionados de siempre les han gustado más bien poco. Eso da para otro artículo entero.

La lista de campeones recientes en hombres pasa por Sebastian Kienle (2014), Jan Frodeno (2015, 2016 y 2019), Patrick Lange (2017, 2018 y 2024), Kristian Blummenfelt en la edición de 2021 que se corrió en Saint George por la pandemia, Gustav Iden en 2022 y Sam Laidlow en 2023. En mujeres, Lucy Charles-Barclay firmó en Kona en 2023 un 8:24:31 que es récord del recorrido; Lange dejó el suyo en 7:35:53 en 2024.

Y queda una noticia fresca. Entre 2023 y 2025 el campeonato estuvo partido entre Kona y Niza, con ellos en un sitio y ellas en otro alternando cada año, y ese experimento, triloco, se acaba un año antes de lo previsto. El 10 de octubre de 2026, hombres y mujeres profesionales vuelven a competir el mismo día en Kona, algo que no pasaba desde 2019. La organización ha dicho que pesó mucho lo que opinaban los grupos de edad, que corren su propio Mundial a la vez que los profesionales. Por una vez, escucharon.

Llegar allí, eso sí, es otra historia: hay plaza para los locales, para quien se clasifica puntuando en su grupo de edad y para los afortunados de la lotería. La mayoría de nosotros no vamos a pisar Ali'i Drive nunca, y quizá sea justo eso lo que mantiene viva la leyenda. Te puede interesar, si te ha entrado el gusanillo por la puerta razonable, cómo competir un Ironman 70.3, que es por donde empieza casi todo el mundo antes de soñar con Hawái.

Lo más bonito de todo esto es que la apuesta original nunca se resolvió. Cuarenta y tantos años después seguimos sin saber si el más duro es el nadador, el ciclista o el corredor, y sospecho que nunca lo sabremos, porque la carrera dejó de ir de eso el mismo día en que Julie Moss se puso a gatear. Va de terminar. Nada más, y nada menos.

¡Nos vemos en los entrenos!

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