
Dejar de patalear no te ahorra energía. Te la cobra. Sé que suena al revés de lo que has oído mil veces en el vestuario, así que déjame explicarlo, porque el razonamiento de partida es bueno y la conclusión es la que está mal.
El razonamiento es este: si las piernas son las que luego tienen que pedalear y correr, mejor llegar con ellas enteras, y para eso lo suyo es no usarlas en el agua, que sobre el papel es impecable. El problema es que la patada, en la natación de fondo, no está ahí para empujar.
La patada empuja poco. Ese no es su trabajo
Las estimaciones que hay sobre crol de fondo apuntan a que las piernas aportan alrededor de un 10 % del avance, y hay estudios que suben ese rango bastante más arriba según la distancia y la velocidad. O sea, que como motor va flojito, porque los que de verdad tiran son los brazos.
Entonces, ¿para qué patalear? Para no hundirte por detrás. La patada mantiene la cadera y las piernas arriba, en línea con los hombros, y ahí es donde se juega de verdad la partida, porque lo que te frena en el agua no es la falta de empuje: es la resistencia que ofreces al avanzar.
Piénsalo como el maletero de un coche mal cargado. Si llevas todo el peso detrás, el morro se levanta y el coche va arando en vez de rodar. Tu cuerpo en el agua hace exactamente eso cuando las piernas se caen: pasas de ser una tabla que se desliza a ser una cuchara metida de canto.
Y aquí está la trampa que casi nadie ve. Ahorras el gasto de mover las piernas, sí, pero te compras un gasto mucho mayor en los brazos, que ahora tienen que tirar de un cuerpo que va cuesta arriba. Sales del agua igual de cansado o más, y encima más lento.
El truco del Playmobil
Voy a robarme un ejercicio de mis clases con los peques, que lo entienden a la primera y sin que yo explique nada.
Les pido que corran veinte metros con los brazos completamente inmóviles y pegados al cuerpo, tiesos como los de un click de Playmobil. Se ríen, se tambalean, se van de lado, pierden el paso... y sin decirles ni una palabra de biomecánica, ya han entendido para qué sirven los brazos al correr: no empujan, estabilizan.
¿Te imaginas corriendo así una carrera entera para «guardar los brazos» para el sprint final? Pues eso es no patalear.
Qué patada estás buscando
No se trata de mover las piernas como si no hubiera un mañana. Se trata de encontrar el punto intermedio, y ese punto tiene señales bastante reconocibles:
- Sale de la cadera, no de la rodilla. Si pedaleas dentro del agua, estás frenando.
- El tobillo va suelto, como un latiguillo. Un tobillo rígido es un ancla con forma de pie.
- Es pequeña: los pies apenas asoman y rompen la superficie.
- Salpica poco. El ruido no es potencia, es energía que se va al aire en vez de al agua.
Ojo con una cosa, triloco: el ritmo bueno no es el mismo para ti que para el que nada en la calle de al lado. Depende de tu flotabilidad, de tu movilidad de tobillo y de la distancia que vayas a competir. Así que no le preguntes a tu colega cuántos batidos da por brazada e intentes copiárselos. Lo más probable es que no te sirva.
Cómo encontrar la tuya en una sesión
Esto lo puedes hacer el próximo día que pises la piscina y no necesitas material raro:
- Nada 50 metros a tu ritmo de carrera sin patalear nada, solo dejando las piernas muertas. Cuenta brazadas y mira el crono.
- Descansa y repite los 50 con una patada mínima y continua, la más pequeña que puedas mantener.
- Repite otra vez con una patada más marcada, la que darías en un 100 de piscina.
Compara los tres. Lo normal es que la primera te salga más lenta y con más brazadas, aunque las piernas «no hayan trabajado», y que la tercera te deje sin aire para el resto de la sesión. La buena casi siempre es la de en medio. Esa es la tuya, y ahora ya sabes buscarla. Te puede interesar el test de natación para ponerle un número a ese ritmo y volver a medirlo dentro de unas semanas.
Y con neopreno, ¿cambia algo?
Cambia, y por eso mucha gente se lía. El neopreno te sube las piernas solo, así que parte del trabajo que hacía tu patada te lo hace el traje, y es verdad que puedes reducirla bastante en aguas abiertas.
Reducirla. No apagarla. Una patada suave de dos batidos por brazada te mantiene la rotación, te ordena el ritmo y te evita esa sensación de ir dando bandazos cuando aparece el oleaje o el codazo de turno. Si dejas las piernas del todo quietas, lo que te encuentras es que el cuerpo se te queda plano y sin timón.
Y hay un detalle nada menor para el día de la carrera: al salir del agua vas a tener que ponerte de pie y correr hasta la transición. Unas piernas que llevan una hora sin circular apenas responden fatal a eso, y esos primeros metros con la cabeza dando vueltas se los conoce cualquiera que haya hecho un triatlón.
Así que dedícale tiempo. La patada es de las cosas que más se descuidan y más rápido dan resultado, porque no estás peleando por empujar más: estás peleando por frenar menos. Si quieres tirar del otro extremo de esa misma cuerda, te puede interesar lo que hay escrito sobre la eficiencia en natación y sobre la técnica de crol, que van de lo mismo: gastar menos para ir igual de rápido.
Prueba el ejercicio de los tres 50 esta semana y me cuentas. ¡Nos vemos en los entrenos!


