Recuperación del triatleta: el entreno que siempre nos saltamos

Recuperación deportiva

Mientras entrenaba los otros días, vi a un perro corriendo como un loco, con una gran sonrisa en su rostro.

¿Alguna vez has visto qué es lo que hace un perro después de hacer ejercicio?

Generalmente, come, bebe, se acurruca y se echará un buen sueño.

Este tipo de comportamiento, si te das cuenta, se aplica a casi todos los animales del mundo animal.

Los animales hacen ejercicio para buscar comida o simplemente por diversión, y luego siempre buscan un tiempo para descansar.

Ellos están muy en contacto con lo que está a su alrededor e instintivamente saben lo que necesitan. Son muy conscientes de sí mismos y escuchan los mensajes que emergen a través de su inteligencia innata.

Los seres humanos, sin embargo, hemos perdido esta capacidad y es un problema grave, especialmente para los deportistas.

Vamos a analizar la recuperación de los deportistas de una forma general comparándola con la del reino animal.

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Nos sentimos agotados, regresaremos a casa y rápidamente cogemos algo de comer antes de cortar el césped o lavar el coche.

Luego en vez de echarnos esa siesta, que necesitamos desesperadamente, nos vamos de compras o al banco.

Más tarde, cuando empezamos a sentirnos que necesitamos irnos a la cama,  aguantamos más y nos sentamos a trabajar un poco más en esa tesis para esa 4 ª licenciatura que no necesitamos o aquel curso de administración,  antes caer rendidos finalmente en la cama a la 1 de la madrugada.

El corredor o triatleta continúa este círculo vicioso hasta que cae enfermo, lesionado o ambos.

Comenzando a visitar continuamente al médico, con la esperanza de descubrir cuál es la causa.

Otra tanda de análisis de sangre  y un carrusel de visitas a todo tipo de especialistas, medicamentos y un largo etcétera para intentar descubrir lo que está sucediendo sin ver nunca la verdadera causa.

Finalmente, a instancias de tus médicos, te verás obligado a descansar para dejar que este extraño problema viral desaparezca.

Después del descanso prolongado,  y después de haber perdido tu estado de forma.

Te prometerás a ti mismo volver a coger la forma y ser más fuerte y resistente, por lo que volverás a entrenar más duro y más fuerte repitiéndose el ciclo de nuevo.

Este pacto que el deportista hace consigo mismo asegura que el resultado final sea lesión o enfermedad.

Corriendo el riesgo de que si se repite mucho, se puede convertir en algo crónico.

Conduciendo a la ansiedad y la depresión.

Mientras tanto, los animales han hecho su ejercicio, han jugado y se han divertido, han comido y descansado.

Ellos han escuchado los mensajes instintivos que les envía su cuerpo para alimentarse, hacer ejercicio, descansar y dormir.

Ellos pasan sus días a lo largo de la vida confiando completamente en los mensajes que les envía su instinto.

¿Qué podemos aprender de esto?

Recibimos los mismos mensajes, lo único que los animales no se «complican» tanto la vida como nosotros, los humanos.

¿Por qué tenemos tanto miedo de escuchar y dejarnos llevar por nuestras sensaciones? ¿Por qué tenemos tanto miedo de confiar en nosotros mismos?

Parece que estamos empeñados en «externalizar» incluso nuestras señales más básicas.

Pensamos que otras personas pueden conocernos mejor que nosotros mismos, que ellos deben saber cómo deberíamos recuperarnos

Cada vez más, los atletas creemos que seguramente la clave de nuestra recuperación y éxito debe venir de algún tipo de dispositivo o sistema de medición.

Debemos tratar de empezar a ser más críticos con todo esto.

Estamos completamente desconectados y, como consecuencia, queremos que algún dispositivo externo sea el dueño y señor de nuestra propia recuperación.

Queremos externalizar la misma información que ya tenemos, cuando parece que no nos damos cuenta que no existe un sistema de retroalimentación inteligente más innato que el nuestro.

Si pensamos que podemos encontrar las respuestas en un sistema informático estamos equivocados.

Si realmente queremos lo mejor para nosotros mismos, entonces necesitamos empezar a escuchar más a las señales que nos manda nuestro propio cuerpo y no las de nadie más.

¿Y tú que opinas? Deja tu opinión en comentarios.

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