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El riesgo de correr un maratón: lo que dicen las cifras

Las paradas cardiacas en maratón siguen ocurriendo con la misma frecuencia que hace veinte años, pero ahora se muere la mitad de gente. Los números, el riñón y lo que sí puedes hacer tú.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 7 min de lectura

Quieres saber si correr un maratón te puede matar y te voy a dar la cifra buena antes que nada, triloco, porque aquí la aritmética importa bastante más que el titular. Entre 2010 y 2023 se registraron en Estados Unidos 176 paradas cardiacas entre los 29,3 millones de personas que cruzaron la meta de un maratón o de un medio maratón: seis por cada millón de llegadas, o lo que es lo mismo, 0,6 por cada cien mil. Si te quedas solo con el maratón, la cifra sube a una por cada cien mil; en el medio maratón se queda en menos de la mitad.

Con esa cifra en la mano se pueden decir dos cosas verdaderas a la vez. La gracia está en decir las dos. Una: correr un maratón es una actividad de riesgo muy bajo. Dos: no es cero, y a la persona a la que le pasa no le consuela el denominador.

Todo lo que viene sale de estudios publicados y lo ha leído un maestro de Educación Física que además es triatleta, así que sirve para colocar el panorama y no para valorar tu caso. Ni lo puede ser. Si tienes dudas sobre tu corazón, la conversación es con un médico y dura diez minutos. Y si lo que te ronda es llegar entrenado en lugar de improvisar la distancia, te puede interesar empezar por encontrar tu plan.

Lo primero que quiero que entiendas de esas cifras es de qué son cifras. Son por carrera terminada, no por año ni por corredor. Funciona igual que la lotería, que se cuenta por décimo y no por diciembre: si haces tres maratones al año durante diez años, tu exposición no es la de una persona que hace uno y ya está. Sigue siendo un riesgo pequeñísimo, ojo. Pero el número no significa lo que la mayoría entiende cuando lo lee.

Lo segundo, y esto es lo que más ha cambiado y por lo que hubo que reescribir esta página entera. Comparado con la década anterior, la frecuencia de las paradas cardiacas se ha quedado prácticamente igual: 0,54 por cada cien mil entre 2000 y 2009, 0,60 entre 2010 y 2023. Lo que sí ha cambiado, y de forma espectacular, es lo que pasa después. La mortalidad bajó de 0,39 a 0,20 por cada cien mil, y de los que sufren una parada ahora sobreviven dos de cada tres cuando antes se moría el 71 %. ¡Se ha dado la vuelta al resultado sin que cambiara el número de casos! No ha sido ningún avance médico exótico. Ha sido por planes de emergencia bien montados, desfibriladores repartidos por el recorrido y gente que empieza a hacer compresiones en el mismo segundo. Lo que mejor predecía sobrevivir era que la reanimación empezara pronto.

Lo tercero es a quién le pasa. Las paradas se concentran de manera muy clara en los hombres, con 1,12 por cada cien mil frente a 0,19 en las mujeres, y en la distancia larga más que en la corta. La brecha entre sexos es enorme. Y la causa más frecuente ya no es la que se contaba hace quince años: en los casos en los que se pudo determinar el motivo, la enfermedad coronaria adelantó a la miocardiopatía hipertrófica. Eso no es un detalle de laboratorio, es un cambio de mensaje entero. Antes el relato era «hay corazones jóvenes con una malformación silenciosa»; ahora el relato es «hay arterias con placa en gente de mediana edad que se apunta a un maratón». Eso cambia a quién hay que avisar. De arterias con placa sí se puede hablar antes de la carrera, porque tienen factores de riesgo conocidos y una consulta que dura poco.

Con eso llego a la parte que de verdad te sirve. Si pasas de los cuarenta y llevas años parado, si fumas o has fumado, si tienes la tensión alta, el colesterol alto o diabetes, o si en tu familia ha habido muertes súbitas o infartos tempranos, esa conversación con el médico antes de meterte en un plan de maratón no es exceso de prudencia. Y hay un puñado de cosas que no se dejan pasar nunca, ni con reconocimiento hecho: dolor u opresión en el pecho al esforzarte aunque ceda al parar, un dolor que sube al brazo, al cuello o a la mandíbula, mareo con la visión que se va, un desmayo, palpitaciones que no se calman al parar, o un ahogo que no cuadra con el esfuerzo que estás haciendo. Cualquiera de esas se para y se consulta. No al terminar la tirada. Ahí mismo. Te puede interesar, si estás en esa franja de edad, lo que cuento sobre correr después de los cuarenta.

Queda el otro riesgo del que hablaba la versión antigua de este artículo, que es el riñón, y ese sigue siendo verdad aunque hay que contarlo con su tamaño. En el maratón de Hartford de 2015 se analizó a 22 corredores antes, justo después y al día siguiente: el 82 % tuvo una subida de creatinina que cumple criterios de daño renal agudo y el 73 % tenía en el sedimento de la orina señales de daño en los túbulos del riñón. Los valores hacían pico el día de la carrera y al día siguiente ya estaban bajando. Fue un pico, no una meseta. Dos años más tarde repitieron con 23 corredores y encontraron daño renal en el 55 %, esta vez con una pista sobre el mecanismo: los que lo tuvieron habían perdido más sudor y más sodio, y tenían más alta la hormona que retiene agua.

Son 22 personas en un estudio y 23 en el otro, y eso aquí pesa mucho. No hay grupo de control, no hay seguimiento largo y nadie sabe todavía si eso deja algún poso con los años. Los propios autores lo dicen y piden cohortes más grandes. Así que lo honesto es esto: correr un maratón le da al riñón un trabajo serio y transitorio, y no hay ninguna prueba de que le haga daño permanente a una persona sana. Si tienes diabetes, la tensión alta o una enfermedad renal conocida, eso ya no es una nota al pie y hay que hablarlo con tu médico. Y como la deshidratación y el calor están metidos en el mecanismo, aquí es donde más sentido tiene beber con cabeza: la parte de números la tienes en deshidratación y rendimiento.

Me falta desmontar una idea que llevaba años en esta página y que no se sostiene: la de que quien corre mucho vive menos. Venía de un trabajo danés de 2015 que repartió a los corredores en suaves, moderados e intensos y encontró que los intensos tenían una mortalidad que no se distinguía de la de los sedentarios. El titular voló por medio mundo… El problema es que ese resultado venía con un intervalo de confianza que iba de 0,48 a 8,14, o sea que los datos eran igual de compatibles con que corrieran la mitad de riesgo que con que corrieran ocho veces más. Con un intervalo así no se afirma nada. Y el propio estudio recibió una tanda de comentarios críticos en la misma revista. Lo que sí sigue en pie de aquel trabajo es la parte de abajo: correr suave o moderado, una o dos horas por semana repartidas en dos o tres días, se asocia a la mortalidad más baja de todas.

¿Y qué haces tú con todo esto un martes por la tarde? Tres cosas, y ninguna es dramática. Llegar entrenado a la distancia en lugar de improvisarla, que es donde el predictor de marcas ayuda a no salir a un ritmo que no te corresponde: lo tienes en el predictor de tiempos. No competir con fiebre ni arrastrando una infección, que es de las poquísimas cosas que en medicina deportiva se desaconsejan sin ningún matiz. Y elegir pruebas con un dispositivo médico decente. A la vista de los datos, eso importa bastante más que cualquier suplemento que puedas comprarte. Te puede interesar, para la parte de ritmo y de no reventar, lo que cuento sobre cómo evitar el muro en el maratón.

Correr un maratón, en términos de riesgo, es una actividad muy segura, y el número del principio lo dice mejor que yo. Lo que no es, y aquí está la diferencia con lo que suele contarse, es una prueba médica gratuita: no descubre lo que tienes, lo destapa. Por eso el reconocimiento va antes. Y no después. ¡Nos vemos en los entrenos!

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