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Aprende a descender en bici: cómo bajar rápido y seguro

Si en las bajadas te agarras al manillar y frenas todo el rato, no es cuestión de valentía. Es que estás mirando y apoyando el peso donde no toca, y las dos cosas se arreglan.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 5 min de lectura

Coronas el puerto contento, la carretera se inclina hacia abajo y en tres segundos estás agarrado al manillar como si fuera el pasamanos de un autobús, con los codos rígidos, el culo echado atrás y los dos frenos apretados. Abajo te espera el que subía cinco minutos por detrás de ti.

Bajar bien no va de soltar el freno y rezar. Va de dos cosas nada más: llevar el peso en los pies en vez de en las manos, y mirar mucho más lejos de lo que estás mirando. Todo lo demás sale solo cuando esas dos están puestas.

Antes de seguir tengo que corregir algo que llevaba años escrito en esta página, porque estaba dicho justo al revés. Decía que para carretera «una presión de 7 kilos es la máxima recomendada, ya que los deja muy blandos». No. Siete bares es una barbaridad de dura, no de blanda, y con una rueda así vas botando sobre el asfalto y perdiendo agarre en cada irregularidad. La presión correcta depende del ancho del neumático y de lo que peses tú con la bici: cuanto más ancha sea la cubierta y menos peses, menos presión necesitas. Con un 28 milímetros, mucha gente rueda por debajo de los seis bares y hay quien baja de cinco, y va mejor agarrado que quien la lleva como una piedra. En los neumáticos de bicicleta de carretera tienes la parte del material; aquí me quedo con lo de conducir.

El peso va en los pies, no en las manos

El fallo clásico del que baja con miedo es enderezarse, bloquear los codos y echarse hacia atrás en el sillín, medio levitando sobre la bici según coge velocidad. Esa postura tiesa es la que te vuelve inestable. Cualquier bache llega directo a tus brazos, y de ahí al manillar y a la trazada.

Lo que quieres es lo contrario. El culo centrado en el sillín, las manos en la parte baja del manillar, los codos doblados y los hombros sueltos, y la mayor parte de tu peso apretando los pedales. Tus piernas hacen de amortiguador. El manillar deja de recibir golpes y la bici se queda quieta debajo de ti.

Hay un ejercicio para comprobarlo que puedes hacer mañana en llano. Vas rodando y abres y cierras las manos, sueltas el manillar un instante y lo vuelves a coger, una y otra vez. Si al abrir las manos la bici se va, es que llevabas ahí el peso. Cuando consigas ir en llano con las manos apenas apoyadas, repítelo en una bajada suave. Ahí es cuando entiendes de qué va esto.

Y los frenos: un dedo en cada maneta, apoyados, no agarrados. Frenar se frena antes de la curva, no dentro. Si llegas a la curva todavía frenando, entraste demasiado rápido y ya solo puedes hacer daño.

Mira lejos y donde quieres ir

Este es el consejo más importante de todo el artículo, y el que más gente se salta. La mayoría baja mirando el asfalto justo delante de la rueda delantera, que es como conducir un coche mirándote el capó.

Levanta la cabeza y mira la carretera muy por delante, a donde vas a estar dentro de tres o cuatro segundos. Así ves el bache, la grava o el cambio de rasante con tiempo de sobra para colocarte, en vez de reaccionar cuando ya lo tienes debajo.

Y ahora la parte rara: no mires al obstáculo. Si te quedas fijo mirando esa piedra, vas derecho a la piedra. La bici va donde miran tus ojos. Mira el hueco que queda al lado y pasarás por el hueco. Es lo mismo que cuando llevas una bandeja llena de vasos y te empeñas en mirar el vaso que se tambalea: mira la puerta y la bandeja llega entera. ¿Nunca te ha pasado?

Con las curvas, la mirada va todavía más adelante: a la salida de la curva, no a la entrada. Y el cuerpo hace su parte solo. Baja el pedal exterior hasta abajo del todo, carga el peso ahí, hunde el talón y exagéralo un poco. Cuanto más peso lleves en ese pedal de fuera, más agarra la rueda y más control tienes.

Cómo se practica esto sin asustarse

No empieces en el puerto que no conoces. Busca una bajada que ya te sepas de memoria, con pendiente suave y sin tráfico, y bájala varias veces incorporando una cosa cada vez. Primero solo el peso en los pies. Otro día, solo la mirada larga. Otro, el pedal exterior en las curvas.

Baja a una velocidad en la que estés cómodo y sube algo el ritmo en cada repetición. La confianza no se decide, se acumula, y llega antes de lo que crees si vas por ese orden. Ir detrás de alguien que baja bien y algo más rápido que tú también enseña un montón: le copias la trazada, ves dónde frena y dónde no, y se te pega.

Dos cosas de las que no se habla nunca y valen tanto como la técnica. La primera: lleva la bici revisada, y frenos y pastillas los primeros de la lista. Es asombrosa la poca gente que pasa la bici por el taller una vez al año. No seas de esos, que en una bajada larga las pastillas gastadas se notan justo cuando peor viene. Un repaso general de cómo se lubrica y se mantiene la bici te ahorra sustos.

La segunda: se baja respetando las normas de circulación, y esto no es un sermón. No cruces nunca la línea continua trazando una curva, porque lo que puede venir de frente es un coche y esa curva la pierdes tú. Conduce la bici como conducirías el coche. Y el casco no se discute, pero si el tuyo tiene ya unos años o se ha llevado un golpe, está para cambiarlo: en los cascos para bicicleta tienes lo que hay.

Te puede interesar también cómo elegir la transmisión adecuada, que en un puerto largo decide si subes girando o a pisotones, y cómo mejorar la técnica de pedaleo, porque bajar bien también es saber pedalear cuando la carretera se pone plana otra vez. Y si andas montando la bici pieza a pieza, el equipo esencial para ciclismo te dice qué va primero.

Dedícale dos salidas a esto, triloco, y el próximo domingo bajas el mismo puerto sin darte cuenta de que estás haciéndolo distinto. ¡Nos vemos en los entrenos!

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