Saltar al contenido

Nadar en aguas abiertas: lo que nadie te cuenta antes de meterte

El mar no es una piscina larga. Aquí tienes lo que de verdad cambia, empezando por la parte de la que casi nadie habla: la seguridad, y luego la técnica y el entrenamiento.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 13 min de lectura
consejos-para-nadar-en-aguas-abiertas

¿Te da respeto meterte en el mar y no ver el fondo? Pues bienvenido al club, que somos legión. Y te voy a dar la respuesta útil antes que la bonita: lo que cambia de la piscina al mar no es la natación, es todo lo demás. No hay línea que seguir, no hay pared cada veinticinco metros, el agua se mueve, está más fría y hay gente dándote codazos. Nadar ya sabes. Lo que hay que aprender es a nadar ahí.

Este artículo va en ese orden, y empieza por donde casi nadie empieza. Antes que la técnica va la seguridad, porque en aguas abiertas es la parte que de verdad importa y la que menos se cuenta.

Empecemos por lo serio, que luego nos ponemos técnicos

Hay un dato que a mí me cambió la forma de mirar esto. En una revisión publicada en Annals of Internal Medicine en 2017 se recopilaron las muertes súbitas y las paradas cardíacas registradas en el triatlón estadounidense entre 1985 y 2016. El resultado da que pensar. En torno a dos de cada tres ocurrieron en el sector de natación, muy por delante de la bici y de la carrera a pie juntas. La media de edad rondaba los cuarenta y muchos y la gran mayoría eran hombres.

No te cuento esto para asustarte, triloco. Te lo cuento porque explica por qué las cuatro reglas que vienen ahora no son manías de gente sobreprotectora.

  • No nades solo. Nunca. Ni en una cala pequeña, ni «solo veinte minutos», ni porque conozcas la playa. Si no tienes con quién, nada paralelo a la orilla y a poca profundidad, donde puedas hacer pie.
  • Llévate una boya de arrastre. Es una bolsa hinchable atada a la cintura que no te estorba al nadar, te hace visible desde una embarcación y te da algo a lo que agarrarte si te agobias. Te puede interesar lo que cuento en para qué sirven de verdad las boyas de natación.
  • Mira el parte antes de salir. Corriente, viento, bandera, medusas. El mar de ayer no es el de hoy, y esa es justo la diferencia con la piscina.
  • Que alguien sepa dónde estás y a qué hora piensas salir del agua.

Y ahora la parte de la que hay que hablar sin adornos. Yo soy maestro de Educación Física, no soy médico, y esto lo digo desde la primera línea. Si tienes más de cuarenta y llevas años sin hacerte un reconocimiento, si tienes antecedentes de problemas de corazón en la familia o si alguna vez has notado dolor en el pecho, mareo o palpitaciones raras haciendo esfuerzo, hazte una revisión cardiológica antes de meterte a nadar en aguas abiertas. No es exagerar. Es que el agua fría, los nervios de la salida y el esfuerzo máximo son tres cosas que se juntan en el peor sitio posible para tener un problema.

El primer minuto en agua fría es el peligroso

Esto casi nadie lo explica. Y es de lo más útil que te vas a llevar hoy.

Cuando te metes de golpe en agua fría, tu cuerpo dispara una respuesta automática que se llama choque térmico por frío. La primera reacción es una inspiración profunda e incontrolable, un boquete de aire que te entra queramos o no. Después viene una hiperventilación brutal. La frecuencia respiratoria se dispara y en algunos estudios el volumen de aire movido por minuto se multiplica varias veces. Se te acelera el corazón y te sube la tensión.

Es exactamente lo que te pasa cuando alguien abre el grifo del agua fría mientras te duchas. Ese «¡aahh!» que se te escapa solo, y esa respiración entrecortada que tardas unos segundos en dominar. Pues eso mismo. Pero con la cara dentro del agua y sin poder tocar suelo.

Ahí está el peligro real, y no en la hipotermia, que tarda mucho más en llegar. Si esa inspiración incontrolable te pilla con la boca bajo el agua, tragas. A partir de ahí todo se complica muy deprisa. Y le pasa también a nadadores buenos.

La buena noticia es que eso se habitúa, y se habitúa rápido. En un trabajo que midió justo esto, bastaron cinco inmersiones de tres minutos en agua a unos 15 °C, repartidas a lo largo de un rato, para que la respuesta bajase de forma clara: la frecuencia cardíaca cayó alrededor de diez pulsaciones y la respiración se ordenó bastante en el primer minuto. El boqueo de los primeros diez segundos seguía apareciendo, eso sí. Pero el descontrol de después se domaba.

Traducido a lo que tienes que hacer: métete despacio, mójate la cara y la nuca antes de nadar, y quédate un minuto de pie respirando hasta que la respiración se te ordene. Ese minuto es el mejor invertido del día. Repítelo también el día de la carrera, aunque haya nervios y prisa alrededor. Te puede interesar, si te toca agua de verdad fría, lo que explico en cómo adaptarse a la natación en aguas frías.

El neopreno: cuándo puedes, cuándo debes y cuándo no te dejan

El neopreno hace dos cosas. Te mantiene el calor y te sube las piernas, con lo que flotas mejor y nadas más rápido casi sin querer. Por eso está regulado: si no lo estuviera, todo el mundo iría con él.

Estas son las temperaturas que maneja World Triathlon en su reglamento para la temporada 2026. Los números son de su tabla oficial, aunque otras organizaciones tienen la suya propia, así que mira siempre el reglamento concreto de tu carrera y el briefing, que es donde manda de verdad.

Quién y qué distanciaObligatorioProhibido a partir de
Grupos de edad menores de 60, natación hasta 1.500 mpor debajo de 15,9 °C22,0 °C
Grupos de edad menores de 60, natación de 1.501 m en adelantepor debajo de 15,9 °C24,6 °C
Grupos de edad de 60 en adelante, cualquier distanciapor debajo de 15,9 °C24,6 °C
Élite, sub-23, júnior y cadete, natación hasta 1.500 mpor debajo de 15,9 °C20,0 °C
Élite, sub-23, júnior y cadete, natación de 1.501 m en adelantepor debajo de 15,9 °C22,0 °C

Entre el mínimo y el máximo de cada fila, es cosa tuya. La temperatura oficial la mide y la anuncia el juez árbitro poco antes de la salida. Ve preparado para las dos opciones.

Dos avisos prácticos. El primero: un neopreno de surf no vale. Está pensado para otra cosa y te ata los hombros. En cuanto lleves quinientos metros lo notarás en el cuello y en el braceo. El segundo: pruébatelo nadando antes del día de la carrera, y no una vez, varias. Un neopreno mal ajustado en el cuello te roza hasta hacerte sangre y uno que hace bolsa en la espalda te mete agua y te frena. Te puede interesar la comparativa que tengo hecha de trajes de neopreno de triatlón para iniciación si andas mirando el primero.

Mirar al frente sin frenar: la habilidad que más te va a costar

En la piscina la línea del fondo te lleva de la mano. En el mar no hay nadie que te lleve. Tienes que levantar la cabeza cada pocas brazadas para no acabar en Marruecos.

El error de principiante es sacar toda la cabeza, mirar tranquilamente y volver a bajarla. Cada vez que haces eso las caderas se te hunden, frenas y pierdes el ritmo. Multiplícalo por treinta. Ahí tienes por qué acabas fundido.

Piensa en cómo miras el retrovisor conduciendo. No giras la cabeza y te quedas contemplando el coche de atrás: das un vistazo cortísimo y vuelves inmediatamente a la carretera. Pues igual. Sacas los ojos justo por encima del agua, aprovechando el impulso del brazo que entra, coges la referencia y bajas antes de respirar. Ojos fuera, boca dentro.

Un par de detalles que marcan la diferencia:

  • Elige bien la referencia. La boya la vas a ver poco, sobre todo con oleaje. Busca algo grande y alto detrás de ella: un edificio, una grúa, un árbol. Y compruébalo antes de la salida, desde el agua, no desde la arena.
  • Mira en la cresta de la ola, no en el valle. Si te toca oleaje, sincroniza el vistazo con el momento en que subes.
  • Gafas oscuras si hay sol de cara. Unas gafas de cristal claro con el sol de frente y algo de vaho es la combinación perfecta para no ver absolutamente nada.
  • Guarda unas gafas nuevas para el día de carrera. Se empañan mucho menos que las viejas. Las de siempre, para entrenar.

Nadar recto cuando nada te obliga a hacerlo

Casi todos tenemos un brazo que tira más que el otro. En la piscina no te enteras, porque cada veinticinco metros hay una pared que te recoloca. En el mar ese pequeño desvío se acumula durante mil quinientos metros.

Por eso en aguas abiertas siempre acabas nadando más metros de los que anuncia la carrera. No es que el circuito esté mal medido. Es que vas en zigzag. Cuenta con ello al calcular tus tiempos y no te agobies si el reloj marca de más.

Hay un truco para comprobar tu desvío: nada treinta o cuarenta brazadas con los ojos cerrados en un sitio seguro y donde hagas pie, y mira dónde has acabado. Si te has ido claramente hacia un lado, ya sabes hacia dónde corregir. Y si quieres afinar la respiración, que es donde suele estar la causa, te puede interesar lo que explico sobre la respiración en el sector de natación.

La salida es un caos, y luego se calma

Los primeros doscientos metros de un triatlón son un lavadero. Empujones, patadas, gente que te pasa por encima y agua saliendo por todas partes. Es normal y no es personal, así que se pasa solo.

Si eres novato, colócate atrás y a un lado. Vas a perder muy poquitos segundos y te vas a ahorrar el follón entero. La gente que se pone delante «para no quedarse atrás» acaba nadando toda la primera boya en modo supervivencia y llega a la bici con las pulsaciones por las nubes.

¿Y si te entra el agobio? Te paras. Te pones vertical, sacas el pecho, respiras tres veces largas y sigues. Si hace falta, das veinte metros a espalda o a braza para recuperar la respiración y luego vuelves a crol. No pasa absolutamente nada. Lo que sí pasa algo es empeñarse en seguir nadando mientras hiperventilas.

A partir de ahí lo que buscas es entrar en tu carril: ese momento en el que estiras la brazada, la respiración se ordena y de repente todo se parece a un entrenamiento. Suele llegar entre los doscientos y los cuatrocientos metros. Y llega antes si le pones el foco a la respiración en vez de a los brazos.

Cuánto hay que entrenar para una distancia

La regla que uso y que no me ha fallado: en la piscina tienes que hacer con soltura bastante más de lo que vas a nadar en el agua.

Si tu objetivo son 800 metros, que en la piscina los 1.000 te resulten cómodos. Si son 1.500, que los 2.000 no sean un drama. Ese colchón te cubre el zigzag, te cubre las corrientes y sobre todo te cubre la cabeza, que en aguas abiertas gasta más que las piernas.

Y una cosa que no tiene sustituto: para nadar bien en aguas abiertas hay que entrenar en aguas abiertas. Ni el mejor entrenamiento de piscina te enseña a mirar al frente con olas, ni a nadar pegado a otro, ni a salir corriendo del agua mareado. Con dos o tres sesiones al mes en el mar o en el pantano ya se nota. De verdad que se nota.

Cuatro sesiones para coger fondo

Mantener la base aeróbica es lo que te permite llegar entero al final de la temporada. Estas cuatro mezclan trabajo continuo con cambios de ritmo, que es lo que de verdad se parece a una carrera en aguas abiertas.

Sesión 1, para nadadores expertos

Calentamiento: 10 minutos suaves a tu ritmo; 8 x 50 crol con pullbuoy y tubo frontal, concentrado en la posición del cuerpo y en la entrada de la mano, con 20 s de recuperación; 4 x 100 alternando 25 de sculling, 50 de crol respirando cada 5 brazadas y 25 de piernas de espalda, con 20 s de recuperación.

Parte principal: 4 x 600 de crol, hechos como 3 x 200 con 10 s de recuperación entre 200 y 60 s después de cada 600.

Trocear la serie te permite mantener una intensidad más alta que si la nadas del tirón, y eso se traduce en ritmo sostenido en carreras largas. Es una sesión muy exigente. Solo tiene sentido si llevas muchos años de piscina.

Sesión 2, para intermedios y experimentados

Calentamiento: 200 a tu ritmo; 200 de piernas con tabla; 200 con pullbuoy; 6 x 50 progresivos de crol, la segunda progresión más rápida que la primera, con 20 s de recuperación.

Parte principal, dos veces el bloque siguiente con 1 minuto de recuperación extra entre ellos: 8 x 50 alternando uno fuerte y uno suave con 15 s de recuperación; 4 x 100 a ritmo de carrera con 10 s; 2 x 200 aeróbicos con los últimos 25 rápidos y 20 s de recuperación.

Esta se basa en cambios de ritmo, que es exactamente lo que te va a pedir el mar. El minuto extra entre bloques es lo que te permite sostener la intensidad cuando la fatiga empieza a apretar.

Sesión 3, pirámides para experimentados

Calentamiento: 10 minutos suaves; 12 x 25 de piernas rápidas con tabla y 20 s de recuperación; 200 de piernas; y una serie de 25 con un brazo, 25 con el otro y 50 completos respirando cada 7 brazadas.

Parte principal: 50-100 (5 s / 15 s de recuperación); 50-100-150 (5 / 10 / 20); 50-100-150-200 (5 / 10 / 15 / 30); 50-100-150-200-400 (5 / 10 / 15 / 20 / 60); y vuelta atrás por la pirámide: 50-100-150-200, 50-100-150 y 50-100.

La idea es mantener un ritmo alto en los intervalos cortos. La recuperación larga al final de cada pirámide es la que te deja listo para la siguiente.

Sesión 4, para todos

Calentamiento: de 10 a 15 minutos a tu aire.

Parte principal: de 2.000 a 3.000 metros en aguas abiertas, a ser posible dentro de una travesía popular.

De junio a septiembre hay travesías por toda la costa y son el mejor entrenamiento que existe, porque juntan todo lo que no puedes ensayar en la piscina: los nervios, la salida en tromba, la corriente y el mirar al frente con gente alrededor. Aunque la uses como entreno y no vayas a competir, las sensaciones no se parecen en nada a las de un domingo tú solo.

Lo que me llevaría de todo esto

Si te quedas con tres cosas, que sean estas: no nades solo, dedica el primer minuto a que la respiración se ordene, y practica el mirar al frente hasta que te salga sin pensar. El resto viene con los días.

¿Y sabes qué es lo mejor? Que el día que sales del agua sin haber pasado miedo, el mar deja de ser el enemigo y se convierte en la parte que más te gusta. A mí me pasó. Y a casi todo el que conozco, también.

¡Nos vemos en los entrenos!

Sigue por aquí

8 cosas que no sabes sobre la natación | Curiosidades
Entrenamiento Natación

8 cosas que no sabes sobre la natación

Ocho curiosidades de natación que aguantan una comprobación: de las aletas de mano de Benjamin Franklin al litraje real de pis en una piscina pública. Con sus fuentes.

Actualizado 6 min de lectura

Cómo La Natación Puede Ayudarte A Correr
Entrenamiento correr

Cómo La Natación Puede Ayudarte A Correr

¿Te has preguntado alguna vez si los corredores también practican natación? Entra y conoce Cómo La Natación Puede Ayudarte A Correr.

6 min de lectura