Manda la temperatura, y poco más. Por debajo de unos diez grados, mallas largas; por encima de dieciocho, pantalón corto; y en la franja de en medio elige lo que te apetezca, que ahí ya es cuestión de gusto. Y ahora imagínate la escena de siempre: siete y cuarto de una mañana de enero, tú en el recibidor con la puerta entreabierta a ver qué frío hace, una prenda en cada mano y cinco minutos perdidos. Esa duda se resuelve mirando la previsión del móvil, no el armario.
Dicho esto, las dos prendas están bien y las dos tienen su sitio. Lo que no hay es una respuesta única que valga para todo el mundo, porque el frío no lo sentimos igual, ni sudamos igual, ni salimos a hacer lo mismo. Los matices son lo que de verdad te va a hacer acertar.
Dónde está la línea de verdad
Esa horquilla de diez a dieciocho grados no sale de ningún laboratorio y no te la voy a vender como si lo fuera. Sale de mirar lo que se pone la gente y de preguntar mucho, y admite excepciones por todas partes. El viento te baja la sensación varios grados de golpe, y la humedad hace lo suyo. Y no es lo mismo salir a rodar suave que salir a hacer series, porque en el segundo caso vas a generar calor de sobra desde el primer kilómetro.
La regla práctica que mejor funciona es esta: vístete para cómo vas a estar a los diez minutos, no para cómo estás en el portal. Si sales cómodo del portal vas a acabar sobrando ropa, mientras que si sales pasando un pelín de frío, a los diez minutos estás perfecto. Esa incomodidad de los primeros metros es la señal de que has acertado.
Y con calor la cosa se invierte. Por encima de veinticinco grados, la pierna al aire agradece muchísimo, y ahí el pantalón corto gana sin discusión. Aunque, ojo, la pierna al aire en julio a las once de la mañana pide crema solar, y eso se olvida siempre. Te puede interesar, si andas montando el armario de correr desde cero, el repaso de material para correr, que va por categorías.
Las mallas que te vas a encontrar, y para qué sirve cada una
Cuando entras a mirar mallas te salen cuatro o cinco familias, y no todas hacen lo mismo ni de lejos.
- Térmicas: llevan un forro interior que atrapa el aire y son las de los meses feos. Aquí hay que deshacer un malentendido, porque una malla térmica no calienta nada: aísla. Es como la funda de neopreno de una lata: no enfría la cerveza, solo impide que se te caliente. El calor lo pones tú.
- Normales, de tejido fino: las de entretiempo, que secan rápido y no abrigan casi. Sirven desde el otoño hasta bien entrada la primavera y son las que más uso les vas a dar en el año.
- Piratas o tres cuartos: por debajo de la rodilla y por encima del tobillo. Cubren la parte que más se resiente con el frío y dejan respirar el gemelo.
- Compresivas: aprietan más y de forma desigual a lo largo de la pierna. De estas hablamos en el apartado siguiente, que tienen tela.
- Dos en uno: pantalón corto por fuera con una malla corta cosida por dentro. Es la solución elegante al problema del que no se encuentra a gusto en licra.
Con los pantalones el catálogo es más corto pero no menos importante. Está el clásico con slip interior, que es el que evita el roce entre los muslos; el de tejido tipo split, más corto y más suelto, que es el que usan los que van rápido; y el pantalón largo de chándal, que para correr solo tiene sentido para calentar o para el frío muy seco, porque en cuanto se moja pesa como un abrigo.
| Modelo | Para quién es |
|---|---|
| Para el corredor que quiere una malla larga ajustada de entretiempo y que no se le vaya bajando. | |
| Para quien quiere una malla de atletismo sencilla y no busca nada más. | |
| Para los meses de calor, cuando lo único que quieres es la pierna al aire. | |
| Para el que no se encuentra a gusto en licra pero quiere la sujeción de la malla debajo. |

Under Armour HeatGear, mallas largas de hombre
Para el corredor que quiere una malla larga ajustada de entretiempo y que no se le vaya bajando.
Lo que hace bien
- Tejido fino que seca rápido y no pesa cuando se moja
- Ajuste de compresión ligera: no baila en las cuestas ni hay que ir subiéndola
Lo que no
- La gama HeatGear está pensada para tiempo templado, así que en enero se te queda corta y hay que irse a la ColdGear

Joma Elite X Long Tights
Para quien quiere una malla de atletismo sencilla y no busca nada más.
Lo que hace bien
- Corte de atletismo clásico, sin adornos ni costuras raras
- Es unisex, así que si en tu casa corréis dos, la prenda se aprovecha
Lo que no
- Justamente por ser un patrón unisex, el largo de pierna no le cae bien a todo el mundo: hay que mirar la tabla de tallas antes de pedirla

adidas adi365 Formotion, pantalón corto
Para los meses de calor, cuando lo único que quieres es la pierna al aire.
Lo que hace bien
- Corte suelto y ligero, de los que no dan calor en julio
- Es el pantalón corto de toda la vida, sin complicaciones
Lo que no
- No lleva malla interior, así que si eres de los que se rozan entre los muslos vas a necesitar vaselina o directamente la versión 2 en 1

adidas adi365 Running Essentials 2 en 1
mi elecciónPara el que no se encuentra a gusto en licra pero quiere la sujeción de la malla debajo.
Lo que hace bien
- La malla interior corta el roce entre los muslos sin que se te vea la licra por fuera
- Vale igual para correr que para el gimnasio, así que le vas a dar mucho uso
Lo que no
- Son dos capas de tela: en pleno agosto da más calor que un pantalón simple y tarda bastante más en secar después de lavarlo
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La compresión no te hace más rápido
Aquí es donde este artículo decía algo que ya no se sostiene, y lo cambio con todas las cartas encima de la mesa. Se afirmaba que las mallas compresivas mejoran el rendimiento, que aumentan la resistencia y que reducen el dolor y la fatiga gracias a la presión sobre el tren inferior. Lo que dicen los datos es bastante más flojo que eso.
La revisión más reciente y más grande que he encontrado se publicó a comienzos de 2025 en el Journal of Sport and Health Science, juntó cincuenta y una investigaciones con ochocientos noventa y nueve participantes y buscaba exactamente esto: si llevar prenda compresiva mientras corres mejora la marca. La respuesta fue que no. Ni en tiempo de carrera, ni en tiempo hasta el agotamiento, ni separando por tipo de prenda, por tipo de prueba o por superficie. Y los propios autores califican la certeza de la evidencia de baja a muy baja, que es una forma honesta de decir que tampoco lo tienen atado del todo.
Lo único que salió consistente fue que reducen la vibración del músculo mientras corres. Y una revisión anterior, de 2016, encontraba también efectos sobre el dolor muscular de después y sobre la sensación de esfuerzo. O sea: puedes acabar más cómodo, y las piernas te pueden doler menos al día siguiente. Lo que no vas a hacer es bajar tu marca por ponértelas.
¿Significa eso que las tires? Pues claro que no. Lo que significa es que las compres por lo que sí hacen —sujetar, no rozar, resultar cómodas— y no por una promesa de rendimiento que no está sostenida. Si te gusta cómo te sientan, ya tienes motivo suficiente. Si además estabas pagando un extra por esa promesa de rendimiento, ahora ya sabes por qué no lo notabas. La misma conversación, por cierto, vale para los calcetines de compresión, que están en la misma familia de prendas.
Bolsillos, costuras y lo que decide de verdad
Y ahora llegamos a la parte que casi nunca sale en las comparativas y que es la que hace que una prenda acabe en el cajón o en la lavadora todas las semanas.
Las rozaduras, lo primero. El roce entre los muslos con pantalón corto sin slip es un clásico, y también lo es la costura de la cintura marcando la cadera en una tirada larga. Se arregla con vaselina, con una talla bien elegida y probando la prenda en una salida corta antes de llevártela a una tirada de dos horas, porque estrenar ropa el día de una carrera no sale bien casi nunca.
Los bolsillos, después, que deciden más de lo que parece. Si sales dos horas necesitas sitio para las llaves, para un gel y para el móvil, y hay una diferencia enorme entre un bolsillo trasero con cremallera y un bolsillo lateral suelto donde el móvil te va dando golpes en el muslo a cada zancada. Las mallas ganan aquí casi siempre, porque al ir ajustadas sujetan el peso contra la pierna y no lo dejan bailar.
El invierno añade dos cosas más. Los reflectantes, porque en enero sales de noche y vuelves de noche, y una malla negra sin nada que refleje es exactamente lo que no quieres llevar en una carretera secundaria. Y el lavado: el tejido técnico se lleva mal con el suavizante y con el agua muy caliente, así que agua fría y a secar al aire, que si no el olor acaba viviendo dentro de la prenda para siempre…
Queda un motivo que a mí me parece perfectamente legítimo y que se despacha con demasiada prisa: hay gente que en licra no se encuentra a gusto, y punto. No es una tontería ni hay que discutirlo. Para eso están los dos en uno, o el pantalón corto por encima de la malla larga en invierno, que además abriga un pelín más.
En triatlón esta duda directamente no existe. Ni mallas ni pantalón: llevas el mono puesto desde antes de entrar al agua, y lo único que decides es si te pones algo encima en la bici. La ropa de correr te la reservas para los entrenamientos, que son la mayoría de tus horas. Si el que se te viene encima es un invierno de rodajes bajo la lluvia, en cómo hacer triatlón con lluvia están las otras piezas del rompecabezas, que la de abajo es solo una.
Mi armario, por si le sirve a alguien, son unas mallas térmicas para diciembre y enero, unas finas para el resto del invierno, dos pantalones cortos y se acabó. Con eso llevo años, y no creo que un triloco necesite mucho más. ¡Nos vemos en los entrenos!


