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Uñas negras de correr: cuándo es normal y cuándo no lo es

Casi todas las uñas negras de correr son un moratón atrapado debajo de la uña y se van solas creciendo. El problema es que unas pocas no lo son, y ahí sí hay que ir al médico. Aquí tienes cómo se distinguen y qué no debes hacerte en casa.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 8 min de lectura
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Un alumno de sexto se descalzó en mitad de la clase para enseñarme el dedo gordo morado, orgullosísimo. La uña negra del corredor casi siempre es lo mismo: sangre atrapada debajo de la uña por miles de golpecitos contra la zapatilla, y se va sola según la uña crece hacia fuera.

Los veteranos te dirán que es una medalla y que la lleves con honor. Ya, claro. Yo prefiero contarte otra cosa: por qué se pone así, cómo conseguir que no vuelva, y —esto es lo que de verdad importa— las pocas veces en que esa mancha oscura no es un moratón y hay que enseñársela a un médico.

Aviso por delante, que aquí toca decirlo claro: soy maestro de Educación Física y triatleta, no soy médico ni podólogo. Lo que sigue es información general para que sepas distinguir lo aburrido de lo que no lo es. Quien mira un dedo y dice qué tiene es un profesional sanitario, y para eso hay que ir a verlo.

Qué está pasando ahí debajo

Tu uña no es piel: es una lámina dura pegada a un lecho lleno de vasos sanguíneos diminutos. Cuando el dedo choca una y otra vez contra la puntera de la zapatilla, esos vasos se rompen y sueltan sangre. Y la sangre no tiene por dónde salir.

Imagínate un táper con la tapa cerrada a presión. Le echas dentro un chorrito de agua y agitas: por fuera no cae ni una gota, pero el líquido está ahí, empujando. La uña es la tapa, la sangre es el chorrito, y el color morado, azul o casi negro que ves es eso mismo visto a través del plástico. Cuanta más presión se acumule, más te va a doler, sobre todo las primeras horas. Duele por presión, no por herida.

Lo curioso, triloco, es que no hace falta un golpe gordo. Basta con muchos golpes pequeños repetidos durante horas, que es exactamente lo que hace una tirada larga: unos miles de pisadas, y en cada una el dedo desliza hacia delante y topa. Por eso aparece tanto en maratón y en trail, y por eso las bajadas largas son las peores: en cada zancada la inercia te empuja el pie contra la puntera. Mil golpecitos hacen lo mismo que uno gordo.

Añade calor, sudor y un pie que se hincha con los kilómetros, y tienes la receta completa. La zapatilla que te iba clavada en el kilómetro dos te queda pequeña en el veintiocho. El pie de la tarde es el que manda. Te puede interesar, si vas a comprar pronto, cómo elegirlas en la guía de material para correr: la horma y la puntera pintan más aquí que la marca.

Cuándo esa mancha NO es la uña del corredor

Aquí es donde quiero que te pares, y con esto va en serio. Una uña oscura casi siempre es un hematoma sin importancia. Pero debajo de una uña también pueden crecer otras cosas, y una de ellas es un melanoma, que es un cáncer de piel y se cura muchísimo mejor cuanto antes se coge. Es raro, triloco, pero existe.

La diferencia no la vas a hacer tú mirándola. La hace un dermatólogo, y a veces solo con una biopsia. Lo que sí puedes hacer es reconocer las señales que obligan a pedir cita en vez de esperar a que se caiga sola:

  • Apareció sin ningún golpe. Si no hay ni carrera larga, ni zapatilla apretada, ni un mueble contra el que te la diste, y aun así hay pigmento, eso se mira. La literatura médica es clara con esto: un hematoma bajo la uña sin traumatismo detrás obliga a descartar otras causas.
  • No se mueve hacia fuera. Un moratón está pegado a la uña, así que viaja con ella: semana tras semana ves la mancha alejarse de la cutícula y acercarse al borde. Si pasan los meses y sigue clavada en el mismo sitio, o si crece hacia dentro, eso no es sangre.
  • Es una raya, no una mancha. Una banda pigmentada que va a lo largo, desde la cutícula hasta la punta, y que se ensancha o se oscurece con el tiempo.
  • El color se sale de la uña. Cuando el pigmento salta a la piel de alrededor, al pliegue o a la cutícula, tiene nombre propio: se llama signo de Hutchinson, y es un hallazgo que preocupa a cualquier dermatólogo.
  • Sangra, se ulcera o no termina de curar. Una lesión que lleva semanas sin cerrar no es una uña machacada de correr.
  • Una sola uña, sin explicación, en un adulto. Los hongos suelen ir a varias y los golpes tienen historia detrás. Una sola, aislada y sin motivo, merece una consulta.

Y hay dos cosas más que no admiten espera: si después del golpe el dedo se deforma, no lo puedes doblar o el dolor es de los que no te dejan apoyar, puede haber una fractura debajo, y eso se ve en una radiografía, no en un blog. Eso no espera al lunes. Si la sangre sale a chorro o el dolor es insoportable por la presión, urgencias.

¿Te suena exagerado? A mí me lo parecía hasta que entendí una cosa: la mayoría de la gente con una uña rara tarda meses en enseñarla precisamente porque «es de correr». La excusa perfecta para no ir.

Lo que no vas a encontrar aquí: cómo agujerearla en casa

En internet hay vídeos de gente calentando un clip y perforando la uña para que salga la sangre. Existe, sí, se llama trepanación y la hacen los profesionales sanitarios cuando toca. Aquí no te voy a explicar cómo hacerlo, y no es por hacerme el interesante.

Estás abriendo un agujero hasta una zona húmeda y cerrada, con un hierro que has calentado en la cocina. Si hay una fractura debajo que no sabes que está, acabas de convertirla en una fractura comunicada con el exterior. Y si la mancha resulta que no era sangre, te has cargado justo lo que el dermatólogo necesitaba mirar. Duele, ya lo sé. ¡Pero es que hay gente que acaba en urgencias por un clip caliente! Eso lo hace quien sabe, con material estéril y después de mirar el dedo entero.

Con lo que sí puedes ayudarte los primeros días: frío por fuera un rato y varias veces, el pie en alto cuando estés sentado, y calzado que no roce. Si la uña se levanta por su cuenta, la dejas: se desprenderá cuando quiera y por debajo ya viene otra empujando. Arrancarla tirando es la peor idea de todas.

Que no todo lo oscuro es un moratón

Hay dos vecinas incómodas que se confunden con esto y que el pie del corredor cría con facilidad, porque vive metido en calor y humedad varias horas a la semana.

La primera son los hongos: la uña se vuelve amarillenta o parda, se engrosa, se desmenuza por el borde y se despega del lecho, y por debajo se acumula suciedad que la hace parecer negra. No sale de golpe después de una carrera: va a su ritmo, despacito, durante meses. No es cosa de una tirada larga. Tiene tratamiento, tarda, y hay que tenerlo pautado por un profesional: los antifúngicos de farmacia no valen todos para lo mismo.

La segunda es la uña encarnada, que en la consulta te dirán onicocriptosis. El borde de la uña se clava en la carne, la zona se pone roja, se hincha y duele al mínimo roce. Cortarla en pico buscando el trozo clavado es lo que la empeora. Ahí no te metas. Eso es del podólogo, y se arregla bastante rápido cuando lo hace quien sabe.

Por cierto, que si has llegado hasta aquí buscando por qué te duele el pie o la pierna al correr, la uña rara vez es la culpable de nada más allá del dedo. Te puede interesar repasar qué hay detrás de la rodilla del corredor, que sí manda a mucha gente al fisio.

Cómo dejar de coleccionarlas

Casi todo esto se arregla en la tienda y no en el botiquín, triloco. Estas son las cosas que de verdad cambian algo:

  • Un dedo de aire por delante. Con el pie dentro y de pie, tienes que poder meter el pulgar entre tu dedo más largo y la punta de la zapatilla. Y prueba por la tarde, que es cuando el pie está más hinchado y se parece más al pie del kilómetro veinte.
  • Mira el ancho, no solo la talla. Muchas uñas negras no vienen de que la zapatilla sea corta, sino de que la puntera es estrecha y los dedos van montados.
  • Aprende la lazada de talón. Ese ojal de más que traen casi todas las zapatillas y que nadie usa: sujeta el pie atrás y evita que se te vaya hacia delante en las bajadas. Cinco minutos de vídeo y no vuelves a atártelas de otra forma.
  • Uñas cortas y rectas. Cortadas al hilo, sin redondear las esquinas, y limadas para que no enganchen el calcetín.
  • Calcetines técnicos, y secos. Sin costuras gordas en los dedos, y con el pie bien seco antes de ponerlos. Si sudas mucho, cámbialos después de entrenar y no los dejes dentro de la zapatilla.
  • Nada nuevo el día de la carrera. Ni zapatillas, ni calcetines, ni una plantilla que te acaban de regalar. Esto se prueba antes, y te lo dice alguien que ha visto la lista de lo que se le olvida a la gente en los preparativos del primer triatlón.
  • En bajadas largas, acorta la zancada. Pisadas más cortas y más frecuentes frenan menos y empujan menos el pie contra la puntera.

¿Y si aun haciéndolo todo bien te sigue saliendo? Pues pasa, y no es culpa tuya. Hay dedos largos, pies que se hinchan más y bajadas de trail que no perdonan. En ese caso conviene que un podólogo mire cómo apoyas, porque a veces el problema está en un dedo que se dobla más de la cuenta y no en la zapatilla.

Al alumno de sexto le dije que enseñara el dedo en casa antes que en clase. A ti te lo digo con otras palabras: si esa mancha crece, si no se mueve o si apareció de la nada, no la presumas. Enséñala y punto. ¡Que las medallas se cuelgan del cuello!

¡Nos vemos en los entrenos!

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