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Rodilla del corredor: síntomas, causas y qué se sabe de verdad

Dolor sordo alrededor de la rótula que empeora bajando escaleras y sentado mucho rato. Qué se sabe hoy del dolor femoropatelar, qué teorías se han caído y las señales que piden médico.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 9 min de lectura

Te duele por delante de la rodilla, alrededor de la rótula, y empeora al bajar escaleras o al levantarte de la silla después de un rato largo. Eso apunta a dolor femoropatelar, triloco, y lo que lo mueve no es un estiramiento milagroso sino la carga que le metes y la fuerza que tienes.

Antes de seguir, lo digo claro y lo repito al final: soy maestro de Educación Física, no soy médico ni fisioterapeuta. Lo que viene es información general contrastada para que entiendas qué te está pasando y qué preguntas hacer. El diagnóstico y el tratamiento son de un profesional sanitario, y en esta lesión menos que en ninguna otra conviene jugar a adivinar.

Cómo se reconoce

El dolor femoropatelar tiene una firma bastante característica. Es un dolor sordo, difuso, que cuesta señalar con un dedo, y que la gente describe rodeando la rótula con la mano en vez de apuntando a un punto. Nunca con un dedo. Aparece o empeora en unas situaciones muy concretas: correr, especialmente cuesta abajo, bajar escaleras, ponerse en cuclillas y estar mucho rato sentado con la rodilla doblada.

Eso último tiene hasta nombre popular en inglés, el «signo del cine», y es lo que más suele delatar el cuadro. Si sales del coche después de una hora de viaje y das los primeros pasos como un abuelete, tienes una pista importante.

Conviene distinguirlo de la tendinopatía rotuliana, que es otra cosa con otro manejo. Ahí el dolor sí se localiza con el dedo, y está justo debajo de la rótula, en el tendón que la une a la tibia. Cuando lo tocas, salta. El femoropatelar es más vago y más extenso.

Es la lesión de rodilla más frecuente en corredores de fondo, y una de las que más se repite en el cuadro general de lesiones más comunes en running. Las cifras bailan bastante según a quién se le cuente: ronda el 17 % de las lesiones de los corredores, sube al 25 o el 30 % de lo que entra por la puerta de una clínica deportiva y baja al 13,5 % en población militar. Esa dispersión ya te dice que aquí nadie tiene un número redondo. No hay cifra fina.

Las explicaciones que se han caído

Aquí es donde me pongo un poco pesado, porque este artículo llevaba años contando cosas que ya no se sostienen, y en internet siguen circulando como si fueran verdad de manual.

La primera es la idea de que el dolor viene de que la rótula «roza» contra el surco del fémur y desgasta el cartílago. Esa explicación tiene un problema gordo: el cartílago articular no tiene terminaciones nerviosas, o sea que por sí mismo no puede doler. Lo que sí duele son las estructuras de alrededor, el hueso que hay debajo del cartílago, la membrana sinovial, la almohadilla de grasa y los retináculos.

La segunda es la del vasto medial oblicuo, ese músculo del cuádriceps que, por cierto, está en la cara interna del muslo y no en la externa, como se decía aquí por error. Durante años se recomendaron ejercicios para «activarlo selectivamente». La gente mejoraba, sí, pero el análisis posterior apunta a que mejoraba por la ganancia general de fuerza en toda la pierna, no por haber despertado ese músculo en concreto.

Y la tercera es la de la anatomía. El ángulo Q, la inclinación de la rótula, la pronación del pie, la diferencia de longitud entre las piernas… se han comparado corredores con dolor y corredores sin dolor y no aparecen las diferencias que la teoría prometía. Si alguien te mira el pie diez segundos y te sentencia la rodilla, desconfía. Levántate y vete.

¿Y entonces qué queda? Queda la explicación aburrida y la que mejor funciona: carga por encima de lo que ese tejido aguanta ahora mismo. Correr un maratón a un ritmo de tres horas y media, con una cadencia de 170 pasos por minuto, son unos 35.000 apoyos, la mitad con cada pierna. No hace falta ningún defecto anatómico raro para que 17.500 impactos por pierna encuentren el punto débil de la semana.

Una precisión sobre la cintilla iliotibial, que no es lo mismo

Mucha gente llega buscando «rodilla del corredor» y lo que tiene es un dolor en la cara externa de la rodilla, que es otro cuadro distinto: el síndrome de la cintilla iliotibial. Y ahí también hay una explicación clásica que ya no vale.

La versión de toda la vida decía que la cintilla «cabalga» hacia delante y hacia atrás sobre el saliente del fémur y se irrita por rozamiento. Fairclough y sus compañeros publicaron en 2006 un trabajo con disecciones que dejó eso bastante tocado: no hay una bolsa serosa propia debajo de la cintilla, y la banda está anclada al fémur por fibras, así que ese deslizamiento adelante y atrás no ocurre tal como se contaba.

El modelo que se maneja ahora es de compresión, no de roce. Debajo de la cintilla hay una almohadilla de grasa muy vascularizada y muy inervada, y lo que la irrita es que se comprima repetidamente a unos 30 grados de flexión de rodilla, que es justo por donde pasa tu rodilla en cada zancada.

El cambio no es una curiosidad de laboratorio. Explica por qué machacar la cintilla con el rodillo de espuma, que es lo que hace todo el mundo, muchas veces no arregla nada: estás apretando encima del tejido que ya está comprimido. Cada vez que veo a alguien haciendo muecas de dolor sobre un rodillo en el gimnasio, pensando que está «rompiendo adherencias», me entran ganas de sentarme a su lado y contarle esto. ¡No hay adherencias que romper!

Señales de alarma: cuándo esto deja de ser un asunto de entrenamiento

Esto es lo más importante de toda la página, así que va sin adornos. Si aparece cualquiera de estas, no toca leer artículos: toca médico.

  • La rodilla se te bloquea y no puedes estirarla del todo, o notas que algo se queda enganchado dentro.
  • La rodilla cede, te falla y se te va, con sensación de que la pierna no te sostiene.
  • Se hincha de golpe, en la primera hora, sobre todo después de un golpe o de una torcedura.
  • El dolor no cede en reposo, o te despierta por la noche.
  • No puedes apoyar el pie y cargar el peso al caminar.
  • Hay enrojecimiento, calor, fiebre o un malestar general que acompaña al dolor.
  • Hubo un traumatismo claro, un chasquido en el momento, o el dolor apareció de golpe en una zancada.

Y hay un caso intermedio que la gente aguanta demasiado tiempo: un dolor que empieza al final de las tiradas, luego aparece a mitad, luego al empezar y al final duele también andando. Esa progresión no se negocia corriendo con ella. Si el dolor va ganando terreno semana a semana, triloco, o si empieza a dolerte en reposo, ve al fisio o al médico y que lo miren. Un dolor localizado en un punto muy concreto del hueso que empeora al saltar a la pata coja merece descartar otras cosas: te puede interesar lo que cuento sobre la fractura por estrés, que se confunde más de lo que parece.

Qué tiene evidencia decente

Lo primero, la carga. Reducir lo que irrita la rodilla y volver a subir despacito es la parte que más manda, y también la más aburrida, por eso se la salta todo el mundo. Hay trabajos que muestran que solo con educar al corredor sobre cómo manejar su entrenamiento se consiguen resultados parecidos a los de intervenciones bastante más complicadas.

Lo segundo, la fuerza. Aquí el hallazgo más sólido de los últimos años es que trabajar cadera y rodilla juntas funciona mejor que trabajar solo la rodilla, para bajar el dolor y para recuperar actividad. Abductores y rotadores externos de cadera, y cuádriceps. Cuánto, con qué carga y con qué progresión, eso te lo pone un fisio que te haya visto moverte, y no un artículo. Ahí yo no llego.

Y ojo con la interpretación de esto, que es fina. Cuando se compara a corredores con dolor y sin dolor, los que duelen tienen la cadera más débil, cierto. Pero los estudios que siguen a gente sana durante meses a ver quién se lesiona no han encontrado que la fuerza de cadera prediga quién va a caer. Muy probablemente la debilidad sea en buena parte consecuencia del dolor, no su causa. Sigue mereciendo la pena hacer fuerza, aunque el motivo no sea el que nos habíamos contado. Merece la pena igual.

Lo tercero, la cadencia. Subir la frecuencia de paso entre un 7,5 % y un 10 % reduce las fuerzas que soporta la articulación femororrotuliana, y a diferencia de cambiar la pisada al antepié, no le traslada la carga al tendón de Aquiles y al pie. Si corres a 160 pasos por minuto, un 7,5 % son 12 pasos: te vas a 172. La cuenta es esa, y no hay que reinventarse la técnica entera.

Un apunte curioso sobre el vendaje: el tape reduce síntomas en bastante gente, pero no porque recoloque la rótula, porque se ha comprobado que no la recoloca. Sirve, y el motivo no es el que nos vendieron. Y el estiramiento, que es lo que todo el mundo pregunta, puede acompañar al trabajo de fuerza pero no sustituirlo: aquí tienes una guía de estiramientos para usarla en ese papel y no en otro.

Mientras tanto, no hace falta que te quedes parado en el sofá. La bicicleta y la elíptica suelen tolerarse bien, aunque cada rodilla es un mundo y la regla es simple: si duele durante o empeora después, esa actividad hoy no. Mañana ya se verá. Te puede interesar, para organizarte esas semanas, lo que cuento sobre entrenamiento cruzado entre correr y ciclismo.

Lo que me gustaría que te llevaras

Que la rodilla del corredor casi nunca es un problema de que estés «mal hecho». Es un problema de cuenta corriente: has pedido más de lo que ese tejido tenía disponible esas semanas. Y las cuentas corrientes se arreglan metiendo menos gasto durante un tiempo y subiendo el ingreso, que aquí es la fuerza.

¿Te suena de algo el patrón de haber subido kilómetros justo antes de que empezara a molestar? A casi todo el mundo le suena, y esa es la mejor pista que vas a tener.

Y lo repito, que es lo último que escribo aquí a propósito: yo soy maestro de Educación Física. Si tienes cualquiera de las señales de alarma de arriba, o si esto lleva semanas sin mejorar, que te vea un médico o un fisioterapeuta. No es exceso de prudencia, es que hay cosas que se parecen a esto y no lo son.

¡Nos vemos en los entrenos!

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