
¿Se suda la resaca corriendo? No. Del alcohol se encarga casi por entero el hígado, y a una velocidad que no acelera nada de lo que hagas; por el aliento, la orina y el sudor se va solo una parte pequeña. Así que salir a trotar no te limpia. Como mucho te cambia el humor. Que tampoco es poco, pero es otra cosa.
Por qué el hígado va a su ritmo y no al tuyo
En el hígado están los enzimas que oxidan el etanol, y la eliminación se describió clásicamente como un proceso de orden cero: el alcohol sale del cuerpo a velocidad constante, sin que importe cuánto lleves dentro. Así lo cuenta Arthur Cederbaum en su revisión Alcohol Metabolism. Y hay números medidos: Alan Wayne Jones, en Forensic Science International (2010), repasó las tasas de eliminación del etanol en sangre y las sitúa entre 10 y 15 miligramos por decilitro y hora en ayunas, y entre 15 y 20 con algo en el estómago; para bebedores moderados toma como promedio 15 miligramos, o sea 0,15 gramos por litro y hora. El hígado tiene su capacidad por hora y no la pasa. Da igual que le pongas prisa.
Imagínate el desagüe de la bañera. Puedes echar agua a la bañera al ritmo que quieras, pero el desagüe traga lo que traga. Correr no ensancha el desagüe: solo te hace dar vueltas alrededor de la bañera mientras se vacía sola.
De ahí que la vieja leyenda de «sudarlo» sea justo eso, una leyenda. Y encima es una leyenda cara, porque para sudar hay que salir a correr, y salir a correr con resaca tiene su propia lista de peajes.
Estás más seco de lo que crees
El alcohol es diurético y esto se sabe desde hace muchísimo. La revisión Alcohol, Athletic Performance and Recovery, de Luke Vella y David Cameron-Smith, publicada en la revista Nutrients en 2010, lo fecha en 1948 y recoge el número que se sigue citando: unos 10 mililitros de orina de más por cada gramo de etanol consumido. El mecanismo es que se frena la hormona antidiurética, sobre todo con bebidas de más del 4 % de alcohol.
Traducido: pasas la noche meando lo que no has bebido. Y a la mañana siguiente arrancas la carrera con el depósito de líquidos por debajo de donde tú te crees, lo que afecta al rendimiento desde el primer kilómetro. Sobre eso escribí a fondo en qué es la deshidratación y cómo afecta al rendimiento, y si te va calcular tu tasa real de sudoración, ahí tienes la calculadora de hidratación.
Y peor preparado para el calor
Y llegamos a la que más me preocupa de las tres.
Vella y Cameron-Smith describen que el alcohol provoca vasodilatación periférica, con lo que pierdes más líquido por evaporación, e interfiere con los mecanismos centrales de la termorregulación. Su conclusión es contundente: se ha demostrado repetidamente que el consumo de alcohol reduce la tolerancia al trabajo tanto con temperaturas ambientales altas como bajas.
O sea que el termostato de tu casa está desajustado justo el día en que sales al sol con menos agua dentro. Si a esa combinación le sumas una tirada larga de agosto, ya no estamos hablando de rendir peor. Estamos hablando de que se te vaya de las manos.
El sueño, que es la mitad del problema
Mucha gente cree que la resaca es solo el dolor de cabeza. Buena parte de lo mal que te encuentras viene de haber dormido fatal, aunque hayas estado ocho horas en la cama.
Los mismos autores describen pérdida de profundidad del sueño, menos tiempo de fase REM y más tiempo en la fase 1, la más superficial. Es dormir de aquella manera: estar en la cama no es lo mismo que descansar, igual que tener el móvil enchufado con el cable malo no es lo mismo que cargarlo. Y sin sueño no hay recuperación. Hagas lo que hagas con la nutrición.
Qué le hace el alcohol a la recuperación, con nombres y apellidos
La referencia aquí es Matthew Barnes, de la Universidad Massey de Nueva Zelanda, autor de Alcohol: Impact on Sports Performance and Recovery in Male Athletes, publicado en la revista Sports Medicine en 2014.
Su resumen dice que el consumo agudo de alcohol, en las cantidades que suelen tomar los deportistas, puede alterar negativamente la función inmunoendocrina normal, el flujo sanguíneo y la síntesis de proteínas. Y que el impacto real depende de varios factores: cuándo se bebe respecto al ejercicio, cuánto tiempo hay hasta el siguiente entrenamiento, si hay una lesión de por medio y qué dosis se ha tomado. Barnes apunta también que una dosis en torno a 0,5 gramos por kilo de peso probablemente no afecte a la mayoría de los aspectos de la recuperación.
Y son Vella y Cameron-Smith otra vez quienes desmenuzan el mecanismo. Sobre el músculo: el alcohol reduce la síntesis proteica de forma dependiente de la dosis y del momento, y aumenta la expresión de proteínas asociadas a la atrofia; en la práctica, cantidades moderadas agravan la pérdida de fuerza que deja un trabajo excéntrico duro, con caídas de par medibles a las 36 horas. Sobre el glucógeno, en cambio, el veredicto es más suave: hay un impacto modesto justo después de un ejercicio prolongado, pero mirando la reposición a lo largo de 24 horas no se demostró un efecto negativo.
Fíjate en el matiz, que es interesante: lo que peor lleva la resaca no es tu depósito de combustible, es tu músculo. Si vienes de una tirada larga o de un trabajo de fuerza, la noche de copas te cobra donde más duele.
Entonces, ¿salgo o no salgo?
Mi respuesta honesta, después de todo lo anterior: rodar suave y corto, en sombra y con agua encima, no le hace mal a casi nadie y encima el ejercicio aeróbico levanta el ánimo, que probablemente sea el único beneficio real que vas a sacar de esa carrera. Lo que no tiene ningún sentido es hacer series, meter una tirada larga o competir. ¡Ni de broma!
Y si hace calor, ni eso. Con el termostato tocado y el depósito bajo, el sol de mediodía no es el escenario para probar suerte.
Lo de «me lo suda» déjalo para las frases hechas, triloco. La única cosa que de verdad acorta una resaca es el tiempo, y las estrategias con algún respaldo van por el lado de hidratarse, dormir y comer decente. No por el de castigarse.
Señales de alarma: cuándo esto deja de ser una resaca
La mayoría de las resacas son un mal día y punto. Pero hay cuadros que no se esperan en casa, y antes de listarlos te recuerdo lo que soy y lo que no: maestro de Educación Física y triatleta, no médico. Nada de lo que llevas leído sirve para saber qué te pasa. Sirve para saber cuándo dejar de mirártelo tú y llamar a quien toca:
- Palpitaciones o latido irregular. Existe algo llamado síndrome del corazón festivo. Lo describieron Ettinger y su equipo en American Heart Journal en 1978, a partir de veinticuatro pacientes ingresados con fibrilación auricular después de un fin de semana de excesos, y hoy lo recoge StatPearls: son arritmias tras un atracón de alcohol que pueden aparecer en personas jóvenes y sanas, sin ningún problema de corazón previo. El síntoma con el que más se consulta son precisamente las palpitaciones. Si tras una noche fuerte notas el corazón desbocado o a destiempo, eso se consulta.
- Dolor en el pecho, falta de aire, mareo intenso o desmayo.
- Confusión, no responder bien, respiración lenta o irregular, piel fría, pálida o azulada, o una convulsión: eso es intoxicación etílica y es una urgencia.
- Vómitos que no paran o no poder retener ningún líquido en horas.
- Vómitos con sangre o dolor abdominal fuerte.
- Resacas que se repiten, o beber cada vez más para lo mismo. Ahí el problema ya no es la carrera del domingo.
Y si la sensación de estar hecho polvo se alarga varios días sin haber bebido, revisa si lo que tienes es otra cosa: lo cuento en si deberías correr cuando estás enfermo, que es el hermano de este artículo con un mecanismo distinto. Allí hay un sistema inmune peleando contra un bicho; aquí solo hay un hígado trabajando horas extra.
La próxima vez, tú verás si esperas a mañana o vuelves a intentar sudarla. Ya sabes lo que opina el hígado. Te puede interesar, para cuando estés fino otra vez, la guía de nutrición para triatlón.
¡Nos vemos en los entrenos!


