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Cómo configurar la pantalla de tu reloj GPS o ciclocomputador

La configuración que trae de fábrica está pensada para todo el mundo, o sea, para nadie. Cinco minutos sentado y el reloj empieza a servirte a ti.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 5 min de lectura
Personaliza tu pantalla de reloj GPS o ciclocomputador de forma inteligente

¿Cuántos datos deberías dejar en la pantalla principal de tu reloj? Tres, y como mucho cuatro. Todo lo que pase de ahí no lo lees: lo miras, lo pierdes y vuelves a mirar dos zancadas después.

Eso es lo que trae de fábrica casi cualquier aparato, ojo, una pantalla cargadita con seis campos porque el fabricante no sabe si eres tú o un ultrafondista. Y como funciona más o menos, la mayoría de la gente la deja tal cual el resto de la vida del reloj.

Los tres datos que vas a mirar de verdad

Siéntate un rato y pregúntate qué miras cuando bajas la muñeca. No lo que te gustaría mirar: lo que miras. En una tirada suave suelen ser el tiempo, la distancia y las pulsaciones, y ya está. En una sesión de series lo que necesitas es el ritmo de la vuelta y el tiempo del intervalo, y la distancia total te da igual.

Un truco que cambia más de lo que parece: quita el ritmo instantáneo y deja el ritmo de la vuelta. El instantáneo salta como un loco con cada bache, con cada curva y con cada árbol que te tapa el cielo, y acabas acelerando y frenando para perseguir un número que se está inventando la mitad. El de la vuelta es un promedio, así que se mueve despacio y te dice la verdad. Y dejas de pelearte con él.

Y monta una pantalla por deporte. La de nadar no tiene por qué parecerse a la de correr, triloco, aunque sea el mismo reloj el que las pinta.

La segunda pantalla existe para lo demás

Todo lo que has quitado de la primera no se tira: se pasa a la segunda. La cadencia, la elevación, la temperatura, la hora del día, el porcentaje de batería. Ahí lo tienes para cuando pares en un semáforo o subas un puerto y te apetezca cotillear.

Es lo mismo que el cajón de los cubiertos de tu casa: delante van los tenedores y las cucharas, que los sacas todos los días, y el cascanueces está al fondo. No lo has tirado. Está donde tiene que estar.

Notificaciones: el corte más barato de todos

Si tu reloj te vibra en la muñeca cada vez que alguien escribe en el grupo del club, no estás entrenando con reloj: estás entrenando con el móvil pegado al brazo. Apágalas para los entrenamientos y déjalas para el resto del día. La mayoría de los relojes permiten justo eso, silenciar solo mientras hay una actividad en marcha.

El susto de que suene el aviso en mitad de una serie y que resulte ser un correo de publicidad es una tontería, pero te rompe la serie igual. De esto y de otras dos cosas que te comen el entreno sin que te enteres te puede interesar lo que conté en tres cosas que echan a perder un entrenamiento.

Por qué se te muere la batería

Dos cosas se comen la batería por encima de todas las demás: la pantalla encendida todo el rato y el modo de satélites más preciso. Los relojes con pantalla AMOLED vienen configurados para que la pantalla se apague sola a los pocos segundos, y mucha gente lo primero que hace es dejarla fija porque queda mejor. Es tu batería, tú verás.

Con los satélites pasa parecido. El modo multibanda, el que usa varias frecuencias a la vez, afina bastante entre edificios altos y en bosque cerrado, y gasta más que el GPS a secas. Míralo en la ficha de tu modelo: los fabricantes publican las dos autonomías, la de un modo y la del otro, y la diferencia no es pequeña. Para una tirada de una hora por un parque abierto, el modo normal te sobra.

ModeloPara quién es
Garmin Forerunner 265mi elecciónPara quien corre en serio y quiere pantallas configurables sin pelearse con menús de escafandrista.
Garmin Forerunner 165Para el que quiere configurar sus pantallas y no necesita métricas de laboratorio.
Garmin Edge 540Para el ciclista que va a mirar la pantalla con guantes y a 30 por hora.
Wahoo Elemnt BoltPara quien quiere tocar el ciclocomputador lo menos posible y dejarlo todo hecho desde el teléfono.
Garmin Forerunner 265

Garmin Forerunner 265

mi elección

Para quien corre en serio y quiere pantallas configurables sin pelearse con menús de escafandrista.

Lo que hace bien

  • Deja montar varias pantallas de datos por deporte y ordenar los campos uno a uno
  • La pantalla se lee a pleno sol sin tocar nada
  • Tiene alertas por zona de frecuencia cardíaca, que es lo que de verdad te corrige el ritmo

Lo que no

  • Con la pantalla siempre encendida la autonomía se desploma, y viene así de fábrica
  • No tiene mapas de navegación: te dice por dónde vas, no por dónde ir
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Garmin Forerunner 165

Garmin Forerunner 165

Para el que quiere configurar sus pantallas y no necesita métricas de laboratorio.

Lo que hace bien

  • Los campos de datos se editan igual que en los modelos de arriba
  • Se maneja con pocos botones y menos submenús

Lo que no

  • Se queda corto en métricas avanzadas de carrera
  • El GPS no es multibanda, así que entre edificios altos el ritmo baila más
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Garmin Edge 540

Garmin Edge 540

Para el ciclista que va a mirar la pantalla con guantes y a 30 por hora.

Lo que hace bien

  • Se maneja con botones, que con frío y con lluvia es una ventaja de verdad
  • Permite varias pantallas de datos y cambiar el tamaño de los campos

Lo que no

  • La pantalla es pequeña si le metes ocho campos
  • Configurarlo desde el propio aparato es lento; se hace mucho mejor desde el móvil
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Wahoo Elemnt Bolt

Wahoo Elemnt Bolt

Para quien quiere tocar el ciclocomputador lo menos posible y dejarlo todo hecho desde el teléfono.

Lo que hace bien

  • Toda la configuración se hace desde la aplicación del móvil, y eso ahorra mucha pelea
  • Con los botones laterales cambias cuántos campos ves sin parar la bici

Lo que no

  • El menú del propio aparato es pobre: si te olvidas el móvil, te quedas con lo que traías
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El ciclocomputador no es un reloj grande

En la bici cambia todo, porque miras la pantalla de reojo, con guantes y con el aire dándote en la cara. Ahí el tamaño del campo importa más que el número de campos. Tres campos grandes se leen a 30 por hora. Ocho campos pequeños son un adorno.

Si entrenas con potencia, el número que hay que tener delante no es el vatio instantáneo, que va dando saltos con cada pedalada, sino la media de los últimos segundos, los famosos tres o diez segundos de suavizado. Para saber en qué zona te toca estar puedes pasar por la calculadora de FTP antes de tocar nada, y si aún andas eligiendo aparato, ahí tienes las opciones de ciclocomputador y los medidores de potencia que fui probando.

Mete tu peso y tu edad, pero no te creas las zonas

Los cinco campos de perfil que te pide el reloj al encenderlo por primera vez —altura, peso, edad, sexo— sirven para calcular calorías y para estimarte las zonas de frecuencia cardíaca. Rellénalos, que cuesta un minuto.

Ahora, cuidado con lo que sale de ahí. Esa zona 4 que te pinta el reloj está calculada con una fórmula de edad y esas fórmulas fallan con facilidad en más de diez pulsaciones arriba o abajo según la persona. Si el reloj te dice que estás en zona 4 y tú puedes mantener una conversación, no es que seas un fenómeno: es que la fórmula no te conoce. Tus zonas de verdad salen de un test, no de una resta. Tienes las cuentas hechas en la calculadora de zonas y el porqué en cómo funcionan las zonas de ritmo cardíaco.

Así que hazte esta noche el favor: coge el reloj, entra en la pantalla de datos del deporte que más practiques y déjala en tres campos. Sal a entrenar mañana con eso. Si a mitad de la sesión echas de menos un dato, lo añades al volver, y si no lo echas de menos, ya tienes el reloj configurado para siempre.

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