Voy a desmontarte de entrada la leyenda esa de que el sexo la víspera te arruina la carrera, triloco: no hay ni una prueba decente de que afecte al rendimiento, ni para bien ni para mal. Está medido. Y ahora te enseño con qué.
Este es uno de esos temas donde circula más mitología que datos, y donde cada vestuario tiene su experto de guardia. Así que vamos por partes, con lo que se ha comprobado de verdad y con lo que solo es una frase bonita que se repite desde hace cuarenta años.
Empecemos por lo que preguntas todos. En 2022 se publicó en Scientific Reports un metaanálisis que juntó nueve estudios y 133 sujetos y comparó rendimiento después de mantener relaciones frente a rendimiento después de abstenerse, en una ventana que iba desde treinta minutos hasta veinticuatro horas antes de la prueba. La conclusión fue que no había diferencia: ni en fuerza, ni en potencia, ni en capacidad aeróbica, ni en resistencia muscular. Nada de nada. Y antes de ese, en 2016, una revisión sistemática publicada en Frontiers in Physiology ya había dicho que no existe evidencia científica sólida de que la actividad sexual empeore los resultados deportivos.
O sea que si tu entrenador te manda dormir solo la noche antes de la carrera, te está pasando una tradición, no un dato. Puedes decírselo con estos dos artículos en la mano, jejeje. ¡Que ya está bien de repetir cosas porque las dijo un señor en 1974!
Hay una cosa que sí conviene separar, y es la que probablemente esté detrás del mito. Una cosa es el sexo y otra muy distinta es trasnochar, salir, beber y llegar a las tres de la mañana. Lo segundo sí te destroza la carrera, y para eso no hace falta ningún estudio. Confundir las dos cosas es lo que ha mantenido viva la leyenda tanto tiempo.
¿Y cuánto se gasta ahí, hablando de energía? También está medido, y con acelerómetros, no a ojo. Un trabajo publicado en PLoS One en 2013 midió el gasto en parejas jóvenes y sanas y le salió una media de unas 101 kilocalorías en los hombres y 69 en las mujeres, con una intensidad en torno a los 6 MET ellos y 5,6 ellas. Traducido: intensidad moderada, parecida a caminar rápido cuesta arriba. Y para que lo sitúes, en ese mismo estudio media hora de cinta de correr se fue a 276 kilocalorías en ellos. Así que no, no equivale a haber hecho el entreno. ¡Ni de broma! Si te pica la curiosidad por lo que gastas tú corriendo, la calculadora de calorías corriendo te da tu número y te quita la tontería de la cabeza.
Lo que correr sí le hace a tu vida sexual
Aquí es donde la cosa se pone interesante de verdad, porque hay un efecto grande y bien documentado, y no es el que sale en las revistas.
El ejercicio aeróbico mejora la función eréctil. Un metaanálisis de ensayos controlados publicado en 2023 en The Journal of Sexual Medicine encontró una mejora media de 2,8 puntos en la escala que se usa para medirla, y lo más llamativo es que el beneficio crecía con la gravedad del problema: 2,3 puntos en los casos leves, 3,3 en los moderados y 4,9 en los graves. Cuanto peor se parte, más se gana. Ahí está lo bueno.
Tiene su lógica de fontanería, y perdona la comparación. La erección es un asunto de flujo de sangre por unas tuberías muy finas, y esas tuberías son las primeras que se estropean cuando el sistema circulatorio va mal. Correr mantiene la red en buen estado, así que arregla el problema por donde viene, no por donde se nota. Por eso los urólogos llevan años diciendo que un problema de erección puede ser el primer aviso de que algo va mal en el corazón, y no al revés.
Luego está toda la parte de la cabeza, que es más difícil de medir y que probablemente pese lo mismo. Sentirte fuerte, verte mejor, llegar al domingo habiendo cumplido lo que te propusiste: eso se traslada, y cualquiera que lleve unos años en esto lo sabe. Ahora bien, cuando veas una encuesta de una marca de zapatillas diciendo que el 41 % de los corredores se siente «juguetón» después de correr, acuérdate de quién paga la encuesta. Eso es publicidad con batita blanca, no ciencia. Y estaba en la versión antigua de este mismo artículo, así que aquí el primero que ha picado he sido yo.
Cuando el problema no es el sexo, es el volumen
Ahora la otra cara, que es la que sí me preocupa como profe y como triatleta. Porque hay un punto en el que el ejercicio deja de sumar y empieza a restar, y no es un punto teórico.
El Comité Olímpico Internacional publicó en 2023 un consenso sobre lo que llaman REDs, deficiencia energética relativa en el deporte. La idea de fondo es que si comes menos de lo que gastas durante mucho tiempo, el cuerpo empieza a apagar funciones que no son imprescindibles para seguir vivo, y la reproducción está la primera de la lista. Entre las consecuencias que recoge ese consenso están la testosterona baja, la disfunción eréctil y el descenso de la libido en hombres, y las alteraciones o la pérdida de la menstruación en mujeres.
Piénsalo como el móvil cuando le queda poca batería y entra en modo ahorro. No se apaga: apaga el brillo, el wifi y las notificaciones para durar. Tu cuerpo hace exactamente eso, y lo que apaga primero es lo que no necesita para llegar a mañana.
Y hay algo más, específico de los que hacemos deportes de resistencia. Se ha descrito lo que llaman condición hipogonadal del varón por ejercicio, documentada sobre todo por el grupo de Hackney: hombres con muchos años de entrenamiento de resistencia a la espalda que presentan la testosterona en reposo persistentemente más baja de lo normal, sin que se les dispare la hormona que debería compensarlo. Los perfiles que más aparecen son fondistas, ciclistas, marchadores y triatletas. O sea, nosotros.
Que no cunda el pánico: eso es un patrón de años y de mucho volumen, no lo que te pasa por preparar un medio maratón. Pero conviene conocerlo, porque explica por qué a algunos se les apaga el interés justo en el pico de la temporada y se pasan meses pensando que les pasa algo raro.
Las señales de que te estás pasando son bastante reconocibles y casi nunca vienen solas. Dormir mal estando reventado, estar de mal humor con todo el mundo, perder peso sin buscarlo, tener siempre frío, no recuperar de una sesión para la siguiente, dejar de menstruar. Y sí, la libido por los suelos suele ir en ese mismo paquete. Yo soy maestro de Educación Física y triatleta, no médico ni endocrino, así que si te reconoces ahí, esto no se arregla con una semana suave: se lo cuentas a un médico y que te miren. Y de paso vigila los huesos, que van en el mismo lote: te lo explico en el artículo sobre la fractura por estrés.
Voy a rematar con dos mitos que llevan años rodando y que no se sostienen.
El primero es el del estudio de los dedos. Circula por ahí un trabajo que relacionaba tener el anular más largo que el índice con mejores marcas en medio maratón, y de ahí alguien saltó a que los corredores rápidos tienen mejor vida sexual. Eso es una correlación estirada hasta romperla. Que dos cosas aparezcan juntas en una muestra no significa que una cause la otra, y desde luego no significa que tu marca en el 21 diga nada de tu cama.
El segundo es el de los preservativos de la villa olímpica. En Río 2016 se repartieron 450.000 entre unos 11.000 atletas, que salen a unos cuarenta por cabeza, y todos los años se cuenta como si fuera un dato antropológico. Son gratis, están en cajas por los pasillos y la gente se los lleva de recuerdo a puñados. Como titular es buenísimo. Como prueba de algo no vale nada, ni un poquito.
Así que la respuesta corta a la pregunta del título: correr te va a mejorar la vida sexual mientras entrenes de forma sostenible, y te la va a hundir si te pasas de volumen y comes por debajo de lo que gastas. Igual que el resto de tu salud. No hay un mecanismo especial aquí, es el de siempre.
¿Y tú qué opinas? ¿Notas la diferencia según en qué punto de la temporada estás? Si te ha dado por pensar en cuánto es demasiado, te puede interesar este otro artículo sobre si existe el triatleta perfecto, y si lo que quieres es entrenar de forma sensata y con estructura, ahí tienes los planes de entrenamiento para correr gratis de siempre.
¡Nos vemos en los entrenos!


