Saltar al contenido

Correr con alergia: qué funciona y qué es cuento

Se puede correr en plena primavera con alergia. Lo que de verdad cambia las cosas son cuatro rutinas aburridas, y una de las recomendaciones más repetidas no aguanta un solo ensayo clínico.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 10 min de lectura
como-correr-alergia

Sales a rodar una tarde de abril, en el kilómetro dos te empiezan a llorar los ojos y a los cinco vas respirando por una nariz que no traga aire. Sí se puede correr así: se trata la alergia con quien te la tenga que tratar, se mira el recuento de polen antes de salir, se elige la hora y se lava todo al volver. Con esas cuatro cosas cambia la primavera entera.

Y antes de nada, lo de siempre por delante: soy maestro de Educación Física y triatleta, no soy médico. Lo que hay aquí es información general para organizarte los entrenamientos, no un tratamiento ni un diagnóstico. La alergia se diagnostica y se trata en una consulta, y punto.

Primero: ¿seguro que es alergia?

Esto importa porque hay tres cosas distintas que se confunden entre sí todo el tiempo, y no se manejan igual.

Alergia al polenBroncoconstricción por ejercicioCatarro
Cuándo aparecePor temporadas, según el polen que seaDurante o justo después del esfuerzoUnos días y se va
OjosPicor y lagrimeo, muy típicoNadaPoco
PechoPuede afectar, sobre todo si hay asmaOpresión, pitos, tos secaDepende
Fuera de correrTambién te pasaSolo con el esfuerzoTodo el rato

La segunda columna merece atención. El asma que aparece con el ejercicio da tos, pitos al respirar, falta de aire, opresión o dolor en el pecho, cansancio raro durante el esfuerzo y rendir muy por debajo de lo que te toca. Puede empezar durante la sesión o justo al terminar y, sin tratamiento, arrastrarse más de una hora. No es lo mismo que una alergia y hay que distinguirlo, porque otras enfermedades imitan esos síntomas.

Ve al médico si te pasa cualquiera de estas cosas: si te cuesta respirar y va claramente a peor en poco rato, si silbas al coger aire, si notas opresión o dolor en el pecho, si te mareas al esforzarte, si estás usando un inhalador de rescate y no mejoras, o si de repente te falta el aire haciendo cosas normales de andar por casa. Eso no es cuestión de gorra ni de horario.

El tratamiento lo pone tu médico, y no todos son iguales

No te voy a decir qué tomar, pero sí hay una cosa que conviene que sepas para hablarlo en la consulta, porque afecta directamente al deporte.

Los antihistamínicos no son todos iguales. Los antiguos, los de primera generación, dan sueño y además reducen la coordinación, la velocidad de reacción y el juicio: el sistema de salud británico llega a decir que con ellos no se conduce ni se maneja maquinaria. La Sociedad Española de Alergología recoge que esos clásicos contribuyen a la somnolencia diurna y al deterioro del rendimiento escolar y deportivo. Los modernos, los de segunda generación, están pensados justamente para no hacer eso, y por eso son la opción habitual.

Traducido: si sales a correr como un zombi después de tomarte algo para la alergia, díselo a tu médico, que probablemente hay alternativa. Y no te automediques con lo que le funciona a tu cuñado.

Sobre el momento de tomarlo se dicen muchas cosas por ahí sin ninguna base. La pauta te la da quien te lo receta, que para eso conoce tu caso.

Mira el polen antes de salir, no el cielo

Esta es la rutina que más va a cambiar tus primaveras y cuesta quince segundos. En España, la Sociedad Española de Alergología publica los recuentos por ciudad y por tipo de polen en polenes.com, y también tienes información general en la web de la SEAIC.

¿Por qué es tan útil? Porque «primavera» no es una cosa sola. Tu alergia puede ser a las gramíneas, al olivo, al ciprés o al plátano de sombra, y cada una tiene sus semanas. Saber cuál es la tuya y ver el número del día convierte una temporada entera de sufrimiento en dos o tres semanas malas bien identificadas.

Con la hora del día, cuidado con la creencia popular. Depende del polen que sea y del sitio, así que no hay una hora buena universal. Lo que sí es bastante fiable:

  • Después de llover, el aire está lavado. Es el mejor momento del mes para hacer la tirada larga, sin discusión.
  • Los días de viento y calor seco son los peores. Ahí el polen anda por todas partes.
  • El asfalto de ciudad suele dar menos guerra que el parque o el campo en tu temporada mala. Suena feo y es así.

Es como mirar la marea antes de ir a la playa: no cambias el mar, cambias la hora a la que vas.

Lo que llevas puesto sí importa

Tres cosas y ninguna es cara:

  • Gafas. Son la que más se nota de todas, porque los ojos son la puerta grande. Unas de correr, que agarran con el sudor y no se caen. En gafas de sol para correr tienes lo que hay que mirar.
  • Gorra. Además de la sombra, hace de tejadillo: el polen se queda en la tela en lugar de quedarse en tu pelo. Y el pelo, sobre todo con gomina o laca, atrapa polen como un imán y se lo lleva a casa contigo. En gorras para correr están las que valen.
  • Una braga de cuello. Subida sobre la nariz en los días peores, filtra algo antes de que llegue abajo. No es una mascarilla ni pretende serlo, pero es cómoda y siempre la puedes bajar.

La rutina de al llegar a casa

Esta es la parte más aburrida del artículo y la que más gente se salta. Vuelves con polen encima: en la ropa, en el pelo, en las zapatillas. Si te sientas en el sofá y luego te acuestas, lo has repartido por toda la casa y vas a amanecer peor de lo que te acostaste.

  1. Zapatillas fuera nada más entrar, y la ropa directa a la lavadora. Sin escalas en el sofá.
  2. Ducha, con lavado de pelo si tienes el día tonto.
  3. Enjuágate los ojos con suero fisiológico y suénate bien.
  4. Y no tiendas la ropa fuera en tu temporada, que se te seca con una capa de polen encima. Esto es lo que más se olvida.

Con esas cuatro cosas la noche cambia bastante, triloco. Y la noche es donde se decide si mañana entrenas bien.

La miel: lo que dicen los estudios de verdad

Aquí viene el clásico. «Toma una cucharada de miel del apicultor de tu pueblo, que es como una vacuna natural». La idea es preciosa: las abejas van de flor en flor, el polen acaba en la miel y tu cuerpo se acostumbra poquito a poco.

Pues resulta que se probó. Rajan y su equipo publicaron en 2002 en Annals of Allergy, Asthma & Immunology un ensayo con tres grupos: miel local sin filtrar, miel comercial filtrada y un sirope con sabor a miel que hacía de placebo. Una cucharada al día. Y la conclusión la escribieron ellos así de claro: el estudio no confirma la creencia extendida de que la miel alivie los síntomas de la rinoconjuntivitis alérgica. Ninguna de las dos mieles superó al placebo.

¿Hay algo a favor? Hay dos trabajos pequeños que sí encontraron mejoría, y conviene leer la letra pequeña. Uno, finlandés de 2011, usó miel enriquecida a propósito con polen de abedul, que no es la miel que compras tú. El otro, malasio de 2013, dio un gramo de miel por kilo de peso al día durante cuatro semanas: para alguien de setenta kilos son unos setenta gramos diarios de miel, y además todos los participantes tomaban su antihistamínico. Eso no se parece en nada a una cucharadita en la tostada.

Súmale un detalle: el polen que te da alergia es el que va por el aire, y ese no es el que suelen recoger las abejas, que van al de las flores llamativas. Así que la miel está riquísima, tómatela si te gusta, y no cuentes con ella como tratamiento. Prefiero decírtelo que dejarte perder una primavera.

Y los demás remedios que circulan

  • El lavado nasal con suero salino. De todo lo casero, es lo que mejor sostiene: barato, sin efectos raros y mucha gente nota alivio. Con agua estéril o hervida y enfriada, nunca del grifo directamente.
  • Los aceites esenciales y el difusor. Huelen muy bien. Como tratamiento de una alergia, no hay nada sólido detrás. Y ojo, que a algunas personas los ambientadores les irritan más la vía respiratoria.
  • Cápsulas de aceite de orégano y compañía. Lo mismo: mucha promesa y poca evidencia.
  • Comer antiinflamatorio. Comer bien es buena idea siempre, con fruta, verdura y pescado. De ahí a que te quite la alergia hay un salto grande que nadie ha demostrado.

Ajusta el entrenamiento, que también se puede

Cuatro cosas que funcionan en la práctica, triloco:

Calienta más largo de lo normal. Quince o veinte minutos progresivos en vez de cinco. A muchísima gente le pasa que va fatal el primer kilómetro y luego se le abre el pecho. Y si te ahogas al empezar, párate a caminar un par de minutos y vuelve a arrancar: suele salir bien.

Baja la intensidad en los días de recuento alto. Las series y los tests se mueven a otro día. No es rendirse, es elegir el día bueno para la sesión buena.

Usa la cinta sin complejos. Es tu comodín en la semana peor de tu polen. Se entrena igual de bien, y llegar a casa respirando es una gran victoria. Lo que da y lo que no lo tienes en beneficios de correr en cinta.

No confundas la alergia con estar mal de forma. En temporada vas a ir más lento con el mismo esfuerzo, y eso no significa que hayas perdido nada. Te puede interesar, para no volverte loco con los números, cómo entrenar en zona 1 y zona 2, que va de guiarte por esfuerzo y no por ritmo.

El picor del corredor, que no siempre es alergia

Hay gente a la que se le pone la piel de las piernas o de los brazos con un picor insoportable a los pocos minutos de empezar. Suele ser peor en los que vuelven después de un parón y cuando hace calor.

A veces tiene que ver con el aumento de flujo de sangre en la piel; otras es una urticaria que se dispara con el ejercicio. Es incómodo y casi siempre inofensivo. Pero atención a esto: si además del picor aparecen ronchas que se extienden, se te hinchan los labios, la lengua o la garganta, notas que te cuesta respirar o te mareas, eso es una urgencia médica y hay que llamar al 112. Existe una reacción grave que se desencadena con el ejercicio, a veces solo cuando se combina con haber comido algo concreto antes. Es poco frecuente y conviene conocerla.

Una última cosa

Se repite mucho que las alergias van y vienen cada siete años porque el cuerpo renueva sus células. No conozco ninguna base sólida para ese número. Lo que sí es cierto es que las alergias cambian con los años, que pueden aparecer de adulto y que a veces se suavizan solas. Sin calendario.

¿Y sabes qué es lo que más veo? Gente que aguanta primavera tras primavera sin ir nunca al alergólogo, convencida de que eso es lo que hay. Pedir cita es lo primero que tienes que hacer, y todo lo demás de este artículo viene después.

Si te puede interesar seguir por aquí, tengo las técnicas de respiración en carrera y la tos después de correr, que se cruzan mucho con esto.

Que la primavera no te quite los entrenos. ¡Nos vemos en los entrenos!

Sigue por aquí

Por qué me duelen los tobillos cuando corro
Entrenamiento correr

¿Por qué me duele el tobillo cuando corro? Guía por zonas

Detrás, por dentro, por fuera o por delante: la zona del dolor orienta muchísimo. Aquí tienes las causas más frecuentes, las señales que obligan a parar y qué se puede hacer mientras tanto.

Actualizado 10 min de lectura

Overstriding que es
Entrenamiento correr

Overstriding: por qué frenas en cada zancada sin saberlo

Si tu pie aterriza por delante del cuerpo, cada zancada te está frenando un poco. Se llama overstriding y es la causa de media rodilla dolorida del mundo popular. Aquí tienes cómo detectarlo y cómo corregirlo.

Actualizado 4 min de lectura