¿Se puede analizar una temporada entera en una tarde? Sí, y sobra rato. Lo tienes todo grabado desde enero. Lo difícil viene después: elegir cuatro comparaciones buenas y aguantar lo que digan.
Y este es el mes de hacerlo, porque todavía te acuerdas de cómo fue cada carrera y el año que viene está sin empezar. Te puede interesar, si vienes de cruzar la última meta hace nada, empezar por cuánto parar al acabar la temporada: allí decía que estas semanas son para dormir y para una tarde con una libreta, y esta es esa tarde. Dentro de tres meses te habrás inventado la mitad. La memoria deportiva es muy generosa con uno mismo.
Reúne el año antes de opinar sobre él
Ponte delante los doce meses de golpe, mes a mes y no sesión a sesión, que da igual la aplicación que uses. Lo que buscas cabe en cinco cosas: las horas de cada mes, las carreras con su fecha, los tests que hicieras, las semanas que se quedaron en blanco y los parones por lesión o por enfermedad.
Y sácalo del programa. Un papel, una libreta, una hoja de cálculo, lo que sea, pero fuera. Mientras estés dentro de la aplicación vas a mirar lo que ella ha decidido enseñarte, con sus colores, sus medallitas y su ranking de amigos. Es como hacer la lista de la compra dentro del supermercado: sales con tres cosas que no ibas a comprar y sin el pan.
Compara lo comparable, o no compares
Aquí se cae casi todo el mundo. Una comparación solo vale si puedes decir en voz alta qué ha cambiado entre las dos medidas, y si la respuesta es «pues… todo», no has medido nada.
Piensa en la báscula de casa, que sirve porque siempre te pesas en la misma, a la misma hora y en ayunas; el día que te pesas vestido y después de comer, el número que sale ya no te sirve para nada, por muy real que sea. Con tus datos pasa exactamente igual.
| Deporte | La comparación que sí vale | La que te va a engañar |
|---|---|---|
| Natación | El mismo test, en la misma piscina y con el mismo reloj de pared | Los tiempos de dos travesías distintas, porque el mar no repite |
| Bici | Vatios, si tienes potenciómetro; si no, la misma subida a la misma hora | La velocidad media de dos salidas cualesquiera |
| Carrera | Tu ritmo a un pulso dado, en la ruta de siempre y con tiempo parecido | Tu mejor kilómetro del año, salga donde salga |
La natación es la más honesta de las tres y por eso conviene empezar por ella: una piscina cubierta en enero y esa misma piscina en septiembre son el mismo sitio, sin viento, sin calor y sin cuestas. Si tu test de velocidad crítica de nado ha bajado, has mejorado, y ahí no hay discusión posible.
En la bici, si vas por vatios, tu referencia es el FTP y la cuenta la tienes hecha en la calculadora de FTP. Con un aviso que se repite poco: ese número solo te compara contigo mismo si el test fue igual de duro las dos veces, y un test de veinte minutos hecho con ganas en marzo no compara con otro hecho por obligación un jueves de septiembre.
Las tres preguntas que tus datos sí contestan
Y ahora al grano, triloco. De todo lo que has recogido salen tres respuestas, y ninguna de las tres necesita un programa de pago.
La primera es la pregunta madre: ¿el mismo esfuerzo te sale más rápido? Si en marzo hacías tu rodaje de siempre a un pulso y en agosto ese mismo pulso te daba un ritmo mejor, has mejorado. Sin test y sin haberte comprado nada. En el sentido contrario cuenta igual, aunque cueste más leerlo.
La segunda es más aburrida y explica muchísimo más: ¿apareciste? Cuenta las semanas del año en las que entrenaste algo, aunque fuera poco, y compáralas con las que tenía el año. No busques el porcentaje exacto, busca la forma: si el año fue continuo o fue a trompicones. Porque quien entrena cuarenta semanas flojas mejora más que quien entrena veinte semanas brillantes y desaparece las otras treinta y dos, y eso no te lo dice ninguna pantalla del reloj.
Y la tercera: ¿dónde se rompió el año? Busca el primer mes en que las horas caen en picado y mira qué pasó ese mes. Casi siempre hay una historia detrás. Casi siempre es la misma que el año pasado, y ahí es donde tienes trabajo de verdad.
La trampa del mejor día
Un año se juzga por su suelo, y el suelo es de cuánto eras capaz un día del montón.
Todos guardamos en la cabeza aquella carrera que salió redonda y la usamos de vara de medir para todo lo demás. Pero ese fue tu mejor día del año, con todo a favor, y por definición no se repite muchas veces. Lo que de verdad describe tu temporada es lo otro: de cuánto eras capaz un martes cualquiera, con sueño encima y sin ninguna gana.
Un alumno saca un diez en un examen y detrás cinco cuatros. ¿Cuánto sabe ese alumno? Lo que dice el conjunto. El diez solo dice que un día le salió todo redondo, y tu carrera de junio dice exactamente lo mismo.
El error tiene además su versión al revés, y hace el mismo daño: juzgar el año por el día del desastre. Un pinchazo, un corte de digestión, una salida de natación que se te fue de las manos. Aquello fueron sucesos y se apuntan aparte, en la lista de cosas que hay que ensayar antes de la próxima.
Lo que no sale en el reloj y pesa más
Coge otro papel y escribe al lado el calendario de tu vida. Las guardias, la mudanza, el mes que no dormiste porque el pequeño tenía otitis, la gripe de febrero, el proyecto que se comió abril entero. Sin esa columna tus datos mienten, y encima mienten con mucha educación.
El bajón de horas de abril no es falta de disciplina si abril fue lo que fue. Y el estancamiento de mayo se entiende solo cuando ves que llevabas seis semanas durmiendo cinco horas. El plan de entrenamiento que llevas encima está compitiendo todo el rato contra tu vida, y tu vida gana casi siempre.
Un aviso que va en serio, triloco. Si al repasar el año te encuentras pulsaciones en reposo que suben mes a mes, un cansancio que no se va con descansar, sueño roto, peso que baja sin que lo busques o infecciones una detrás de otra, eso ya no es un problema de planificación. Antonio es maestro de Educación Física, no médico, y esto no se arregla leyendo un blog ni bajando el volumen de entreno: pide cita y que te lo mire un profesional.
Convierte doce meses en una sola frase
Aquí es donde se estropea casi toda revisión. Sales de ella con quince conclusiones, apuntas quince propósitos y en febrero no queda ninguno en pie.
Tu revisión tiene que caber en una frase. Una sola, del tipo «nadé poco y se me notó en el segundo medio de las carreras» o «entrené bien de enero a mayo y me hundí en junio con el calor». Esa frase manda en el plan del año que viene y todo lo demás es adorno. ¿Sabrías decir ahora mismo cuál es la tuya? Si no te sale, todavía no has analizado la temporada: la has mirado, que no es lo mismo.
Con la frase escrita ya puedes montar el año que viene. Te puede interesar repasar qué datos de tu reloj sirven y cuáles sobran antes de decidir qué vas a seguir midiendo, y si te has quedado con ganas de saber qué significa cada pantalla, ahí tienes cada métrica de Garmin explicada. Y si lo que quieres es afinar las del día a día en lugar de las del año entero, mira las tres que de verdad debe medir un triatleta.
Ese papel acaba en un cajón y parece que ahí se queda muerto de risa. Pero en septiembre del año que viene, cuando te sientes otra vez con los doce meses delante, tenerlo al lado va a valer más que cualquier gráfica bonita del programa.
¡Nos vemos en los entrenos!

