Saltar al contenido

Se acabó la temporada: cuánto parar y qué hacer con esas semanas

Terminas la última carrera del año y lo primero que haces es mirar el calendario del siguiente. Cuánto hay que parar de verdad, qué pasa si no lo haces y por qué la forma que crees que pierdes no es la que pierdes.

El Último Triatleta · · 7 min de lectura

Es domingo por la tarde, cruzas la meta de tu última carrera del año y ya estás mirando el calendario del siguiente. Para dos semanas. Sin plan, sin reloj y sin culpa, y después un mes largo moviéndote a lo tonto, que es exactamente lo que toca ahora y no te va a costar nada de lo que te temes.

Porque la cabeza va justo al revés: terminas y lo primero que aparece suele ser la lista de lo que hiciste mal, con el miedo a quedarte quieto pegado detrás. Vamos a ordenar todo eso, que tiene números debajo y son bastante más amables de lo que te imaginas.

Cuánto es parar de verdad

Hay una frontera que coloca este asunto en su sitio y viene de la literatura del desentrenamiento. Mujika y Padilla publicaron en Sports Medicine, en el año 2000, una revisión en dos partes sobre lo que se pierde cuando el estímulo de entrenamiento se queda corto, y la partieron justo por ahí: la primera parte va de menos de cuatro semanas, y la segunda, de más de cuatro. Ahí está la raya. No es sagrada, pero es la que usa la gente que se dedica a estudiar esto.

Tu descanso de final de temporada cabe entero por debajo de ella, porque dos semanas de no hacer absolutamente nada y otras dos o tres de moverte por gusto se quedan holgadamente dentro del terreno corto, que es el de las cosas que vuelven. Y sí, algo se mueve desde el primer momento —el volumen de sangre baja rápido, y con él las sensaciones—, pero eso es un desajuste de fontanería, no una demolición. Se repone solo en unos días.

Funciona más o menos como la casa del pueblo cerrada en invierno: si la dejas quince días vuelves, abres las ventanas, dejas correr el grifo un rato y esa misma tarde estás cenando allí. Y ya está lista. Si la cierras dos años, en cambio, hay que llamar al fontanero, al electricista y a alguien que mire la humedad. Tu descanso de octubre es de los de abrir la ventana, triloco.

Y conviene no confundir esto con el descanso de dentro de la semana, que es otra pregunta distinta y tiene otra respuesta. El día libre semanal, la sesión de recuperación activa del lunes y la semana floja cada tres o cuatro son piezas fijas del plan y siguen ahí en pleno febrero; y de eso hablo en otro sitio. Lo de aquí es el punto y aparte que se pone una vez al año, cuando ya no queda ningún dorsal que preparar.

Ahí está, además, la trampa en la que caemos casi todos y que es la razón de ser de este artículo. Esa literatura del desentrenamiento está escrita pensando en parones que no eliges: una lesión, una operación, tres meses malos. Por eso da estrategias para que el parón cueste lo menos posible, y el tuyo es distinto justamente porque lo has elegido tú, de modo que aplicarle esas estrategias es lo que lo estropea. Un descanso que optimizas deja de ser un descanso. Te puede interesar, si lo que te está frenando es el miedo al número, lo que se pierde y en cuánto tiempo, medido: cuánto tardamos en perder la forma física.

Lo que se rompe si no paras

No se rompe nada el lunes siguiente. Ese es justo el problema.

La fatiga de una temporada no llega de golpe, se va amontonando, y como cada día pesa poquísimo no hay ninguna mañana en la que te digas «hasta aquí». Es la silla del cuarto: dejas encima el jersey del martes y no pasa nada, y el del miércoles tampoco, y llega un día de octubre en que ya no se ve la silla y no sabrías decir cuándo dejó de verse. La torre la ha montado esa prenda que no pesaba nada.

Lo que suele ocurrir cuando la torre no se deshace es de lo más previsible: enero va bien, febrero va regular y en marzo aparece una tendinitis, un catarro que dura tres semanas o unas ganas de nada que no se explican con el plan en la mano. Y entonces paras, solo que paras a la fuerza, en el peor mes posible y sin haberlo puesto tú en ningún calendario. Te puede interesar, porque va de lo mismo un peldaño más abajo, lo que escribí sobre la recuperación del triatleta: allí está el día a día, aquí está el punto final del año.

Si te has reconocido en el párrafo de arriba y además llevas semanas rindiendo peor con la misma carga, durmiendo mal justo porque estás molido y pillándolo todo, eso ya es otra conversación y la tienes desarrollada en sobreentrenamiento en triatlón, que te puede interesar más que nada de lo que hay aquí si te suena de cerca. Y una raya que no cruzo: cuando el cansancio no se mueve con el descanso, o aparecen fiebre, palpitaciones, dolor en el pecho, mareos al esforzarte o pérdida de peso sin buscarla, eso lo mira un médico. Yo doy clase de Educación Física y no tengo el título de medicina, ni la intención de hacer como si lo tuviera.

La forma que crees que estás perdiendo

A la tercera semana sin apenas entrenar sales a rodar suave y te encuentras fatal: las pulsaciones altas, el ritmo de siempre cuesta y llega sola la conclusión automática de que has perdido todo el verano.

Pues no, y esto sí se puede argumentar. Lo que notas ese día es sobre todo el circuito con menos líquido dentro, más unas cuantas jornadas sin tocar nada exigente, y ambas cosas se reponen en muy poco tiempo. Lo que has construido en años no se va en tres semanas de sofá; eso está medido, triloco, y no se parece en nada a lo que te cuenta el cuerpo esa tarde. ¿De verdad crees que cuatro temporadas se evaporan en lo que tarda en pasar un puente? ¡Anda ya! No funciona así.

Donde sí conviene tener cuidado es a la vuelta, y es el mismo aviso de todos los años porque se repite todos los años. El fuelle vuelve antes que los tendones. Te vas a encontrar bien mucho antes de estar preparado para los kilómetros de septiembre, y en esa distancia entre lo que respiras y lo que aguanta tu tibia es donde se fabrican las lesiones de enero.

Y entonces, ¿qué hago con esas semanas?

Lo primero, dormir, sin despertador tres o cuatro días si puedes permitírtelo, que es lo único de esta lista sin sustituto ni versión reducida.

Lo segundo, moverte porque te apetece y no porque toca: andar por el monte, la bici de montaña con amigos y sin llevar la cuenta, unos largos a braza mirando el techo, un partido de pádel malísimo. Nada de sesiones ni de estructura. Si un día no te apetece salir no sales, y ese día también cuenta como entrenamiento del año que viene.

Lo tercero es lo aburrido y lo que más rinde, que es colocar en estas semanas todo lo que llevas aplazando desde febrero: la revisión médica, el dentista, la bici a que le miren la transmisión de una vez, que es media hora de garaje y tiene su propio repaso en la revisión de la bici al acabar la temporada. Y una tarde con una libreta para escribir sin adornos qué funcionó, qué no y qué te dejó de gustar, porque dentro de dos meses lo vas a recordar bastante mejor de lo que fue.

Cuando ya vuelvas a moverte con cierto orden, hay dos cosas que en ningún otro momento del año tienes hueco para tocar: la fuerza en el gimnasio y la técnica en los tres deportes, que es donde de verdad se cambia algo sin la presión de una fecha encima. Ahí tienes las prioridades fuera de temporada, que va justo de eso. Es el mejor momento del año.

¿Y cuándo se vuelve del todo? Cuando te descubras con ganas de que llegue el sábado para entrenar, y no antes. Esa señal es más fiable que cualquier fecha que te pongas hoy, y suele aparecer sola entre la tercera y la quinta semana; a partir de ahí ya empieza otra cosa distinta, con su estructura y sus objetivos, que tienes contada aparte en la pretemporada de triatlón.

Total, que la temporada no se cierra el domingo que cruzas esa meta, sino unas semanas más tarde y sin que se entere nadie. Hasta entonces no hay nada que planificar. Y sí bastante que dormir. ¡Nos vemos en los entrenos… dentro de un par de semanas!

Sigue por aquí

10 beneficios de practicar triatlón | Mejora tu cuerpo y tu mente
Entrenamiento triatlón

10 beneficios de hacer triatlón, sin exagerar ninguno

El triatlón tiene beneficios de sobra sin necesidad de inventarse ninguno. Aquí van diez que se sostienen, y las tres promesas de folleto que conviene tirar a la basura.

Actualizado 5 min de lectura

Entrenamiento triatlón

Cómo competir en un Ironman 70.3 y llegar entero al medio maratón

Un Ironman 70.3 no lo arruina la falta de piernas, lo arruina apretar de más en la bici y comer tarde. Cómo repartir el esfuerzo, cuántos hidratos entran de verdad por hora y qué sesión te dice cuál es tu ritmo real de carrera.

Actualizado 6 min de lectura