
Abre el plano de tu carrera, triloco, y busca cuatro cosas: dónde se nada y con qué agua, cuánto desnivel tiene el sector de bici, dónde caen los avituallamientos y por dónde se entra y se sale de boxes. Con eso llevas hecha media carrera antes de mojarte el pie.
Lo digo porque durante el invierno nos volcamos en entrenar y damos por hecho que el día de la prueba ya nos enteraremos sobre la marcha. Pues no. Presentarte sin haber mirado el recorrido se parece bastante a mudarte sin medir la puerta: subes el sofá cuatro pisos, llegas arriba sudando y es entonces cuando descubres que no entra. La información estaba en el plano. Nadie la miró.
Este artículo va de lo que se hace antes, con el mapa delante y sin dorsal. Cómo repartes luego el esfuerzo entre los tres sectores lo cuento en te puede interesar la estrategia de ritmo en triatlón, y qué haces cuando tienes a un rival de tu categoría pegado, en la táctica de carrera. Aquí todavía no corre nadie.
¿Y esto para qué me sirve el día de la carrera?
Te sirve para tres cosas, triloco, y ninguna es sentirte más listo que el de al lado. La primera es que dejas de improvisar: sabes cuándo viene la subida larga y no la descubres a mitad de esfuerzo. La segunda es que colocas la comida y la bebida donde toca, porque los avituallamientos de bici están más separados de lo que la gente se imagina. Mucho más. Y la tercera es puramente mental. Llegas sereno.
Esa tercera es la que más se nota. Y la que menos se cuenta. Cuando reconoces la primera boya, la curva cerrada de la bajada o la rampa del kilómetro tres a pie, tu cabeza deja de gastar energía preguntándose qué viene después y se dedica a lo suyo. Un buen arranque en el agua te coloca en una dinámica que arrastras durante horas, y el arranque es justo lo que se puede preparar mirando un dibujo.
Antes de meternos en cada sector, este es el resumen de lo que merece la pena buscar. Imprímelo o apúntalo a mano, que el soporte da exactamente igual.
| Sector | Qué buscar en el plano | Dónde suele estar la trampa |
|---|---|---|
| Natación | Tipo de agua, temperatura prevista, número de vueltas, salida desde playa o desde pontón | La primera boya y el sitio donde se estrecha el grupo |
| T1 y T2 | Distancia real desde el agua hasta tu bici y por dónde se sale del box | Boxes largos: hay carreras con doscientos metros descalzo |
| Bicicleta | Desnivel acumulado, porcentaje de las rampas, número de vueltas, firme | El descenso técnico y las rotondas del circuito urbano |
| Carrera a pie | Perfil, superficie, sombra y cada cuánto hay avituallamiento | El repecho que se repite en cada vuelta |
Ojo con una cosa antes de seguir. No todos los organizadores dan la misma información: los hay que publican el perfil, las coordenadas y hasta la foto de cada rotonda, y los hay que te mandan el correo de la inscripción y ahí se acaba su generosidad. Con los segundos toca buscarse la vida, y más abajo te cuento por dónde empezar a buscarla.
El agua es la que más cambia de una carrera a otra
Aquí no hay dos pruebas iguales. Por eso es el sector donde más se gana leyendo. Mira primero de qué agua hablamos: lago, embalse, río, canal, mar abierto o piscina. Cada una trae su regalito. En el mar tienes ola y sal, en el río tienes corriente que te ayuda a la ida y te castiga a la vuelta, y en un lago de montaña tienes una temperatura que a lo mejor te obliga a repensar el neopreno.
Después mira la forma del recorrido, que es lo segundo que más te va a condicionar. ¿Una vuelta o tres? ¿Ida y vuelta con una sola boya de giro? ¿Salida a la australiana, saliendo del agua y volviendo a entrar? ¿Se sale desde la orilla corriendo o desde un pontón de pie? No es lo mismo entrar corriendo entre cien personas que dejarte caer desde un pantalán, y el sitio que elijas en la línea depende exactamente de eso.
Y comprueba la distancia real, que aquí hay más manga ancha de la que parece. Dos carreras anunciadas como sprint pueden mandarte a nadar cuatrocientos metros o setecientos cincuenta, según el espacio que tenga la organización. Es casi el doble. Enterarte la víspera ya es una faena, y enterarte dentro del agua es bastante peor. Te puede interesar, para hacerte una idea del tiempo total que te va a salir con esas distancias, la calculadora de tiempo de triatlón.
El desnivel de la bici manda sobre todo lo demás
Si solo vas a mirar un número del plano entero, mira el desnivel acumulado del sector de bici. Es el que decide cómo llegas a correr. Y lo que hagas con ese número lo decides semanas antes: qué desarrollo montas, qué ruedas llevas y a qué esfuerzo piensas subir.
Pero el desnivel acumulado solo no dice la verdad. Mil metros repartidos en falso llano durante noventa kilómetros no tienen nada que ver con mil metros metidos en dos rampas del diez por ciento. Busca el perfil dibujado, no el total. Y fíjate en dónde caen las subidas, porque una cuesta en el kilómetro diez la subes con la cabeza fría y esa misma cuesta en el ochenta te la encuentras con hambre y con la espalda cargada.
Del descenso se acuerda muy poca gente, y mira que asusta. Fíjate en si es técnico, si tiene curvas cerradas, si el firme está bien y si es de doble sentido. Un descenso que no conoces se baja frenando, y frenar de más ahí te cuesta más tiempo del que ganaste apretando en el llano. Si el circuito es urbano, cuenta las rotondas y los giros de noventa grados. Son los que te obligan a arrancar otra vez.
Y una comprobación tonta que se olvida siempre: cuántas vueltas son. Un circuito de tres vueltas significa pasar tres veces por la misma rampa y por el mismo bache, y también cruzarte con gente que va una vuelta por delante o por detrás. Eso cambia todo lo que ves alrededor y hace dificilísimo saber en qué puesto vas.
Dónde se pierde el tiempo tonto: avituallamientos y boxes
En el sector a pie los avituallamientos suelen estar bien repartidos, cada dos o tres kilómetros. En bici están mucho más lejos unos de otros. En carreras largas eso es una decisión de planificación, no un detalle. Si el siguiente punto de agua está a cuarenta kilómetros, tienes que salir con lo que necesitas encima. Por el camino no hay nada.
Mira también qué reparten y en qué formato. No es igual un bidón cerrado que un vaso que hay que trasvasar a sesenta por hora, y si llevas tu propia mezcla porque tienes el estómago delicado, ya sabes que ahí solo va a haber agua.
De la zona de boxes interesan tres datos: por dónde entras, por dónde sales y cuánto se anda dentro. Hay carreras con el box a doscientos metros del agua, corriendo descalzo por asfalto, y eso conviene saberlo antes y no cuando lo pisas. Localiza en el plano la línea de montaje y desmontaje de la bici y, si la hay, la zona de penalización, porque pararse a buscarla mientras un juez te grita es de las peores sensaciones que existen. Te puede interesar el repaso completo de las transiciones del triatlón, que es donde más segundos regala la gente.
Ir a reconocerlo, y qué hacer si no puedes
No hay nada como pisarlo. Si tu carrera te pilla cerca, acércate un fin de semana, métete en el agua desde el mismo punto de salida y haz el circuito de bici entero, o al menos el trozo que más te preocupe. Vuelves con información que ningún plano te da: cómo pega el sol a esa hora, cómo huele y dónde hay grava en la curva de la bajada.
Ahora seamos realistas, que casi ninguno vivimos al lado de nuestra carrera y tenemos trabajo, hijos y una vida que sostener. Si no puedes ir, te quedan más recursos de los que crees. La web de la organización, con sus pestañas de recorrido y de atletas. Los vídeos que la gente sube desde la cámara del manillar, que valen oro para ver un descenso. Los foros donde alguien que corrió el año pasado te cuenta dónde estaba el viento. Y el compañero de club que ya la ha hecho: esa es la mejor fuente de todas, triloco, y encima sale gratis.
¿Y con el tiempo qué hago? Pues mirar las condiciones históricas de esa fecha, no la previsión de mañana. Si esa prueba tiene fama de calurosa o de ventosa, aparecerá en las crónicas de años anteriores. Te puede interesar, si te toca una jornada de esas, lo que cuento sobre pedalear con viento y sobre hacer un triatlón con lluvia, porque el plano no cambia pero el recorrido sí.
Con todo esto encima de la mesa te queda un plan de una hoja. A qué agua entras, a qué esfuerzo subes la rampa del kilómetro cincuenta, dónde comes, dónde bebes y qué haces si el descenso aparece mojado. Una hoja, y no hace falta nada más.
La noche antes, con el dorsal en la mesa y el plano en la mano, se te va a poner una cara distinta. Ya no es una carrera desconocida en un sitio raro: es un recorrido que te sabes. ¡Y eso lo has conseguido tú, sentado, sin gastar un solo latido!
¡Nos vemos en los entrenos!


