
Me da vergüenza contarlo, pero en mi primer maratón llevaba ibuprofeno en el bolsillo como quien lleva las llaves. No lo hagas: tomarlo antes de correr no te quita el dolor de piernas, le pone al riñón un trabajo extra que no necesita y le resta fuerza justo a las adaptaciones que habías salido a buscar.
Ya sé lo que estás pensando, porque yo pensaba exactamente lo mismo durante años: si la inflamación es lo que duele, quitar la inflamación tiene que ser bueno por narices. Pues resulta que no. Y la explicación es bastante más bonita de lo que parece.
La inflamación no es la avería, es la obra
Imagínate que se te desprende un trozo de yeso del techo del salón. Al día siguiente aparecen los albañiles, montan un andamio en mitad del pasillo, lo llenan todo de polvo y durante una semana vivir en tu propia casa es incomodísimo. Ese jaleo no es el problema: es el arreglo, y sin él la casa se queda con el agujero.
Con tus músculos pasa lo mismo cada vez que sales a correr. Las zancadas provocan microroturas en las fibras y el cuerpo responde mandando a la zona sangre, oxígeno, nutrientes y células de reparación. Eso es lo que hincha, lo que calienta y lo que hace que bajar escaleras al día siguiente sea una comedia. Es la obra, no la grieta.
Un antiinflamatorio no repara absolutamente nada: lo que hace es mandar a los albañiles a casa antes de tiempo. Te quedas con el pasillo despejado y con el agujero del techo exactamente igual que estaba. Duele menos, sí. Y la reparación va más lenta.
Qué le pasa a tu riñón cuando corres con ibuprofeno dentro
Aquí la cosa se pone seria de verdad, triloco. Y aquí no conviene hacerse el duro.
Cuando llevas dos horas corriendo con calor tu cuerpo está haciendo malabares con la sangre que tiene: manda un buen chorro a la piel para refrigerarte, manda otro a las piernas para que sigan tirando y, para que le salgan las cuentas, le cierra un poco el grifo al riñón. El riñón no es tonto y tiene un truco para no quedarse seco, unas sustancias llamadas prostaglandinas que mantienen sus vasos abiertos aunque el resto del cuerpo esté apretando. Piensa en ellas como la cuña de madera que pones debajo de una puerta para que no se te cierre sola.
Y el ibuprofeno hace básicamente una cosa: bloquear la producción de prostaglandinas. O sea, quitar la cuña. Si encima vas deshidratado y llevas tres horas sudando, la puerta se cierra prácticamente sola.
Esto no es una teoría de vestuario. El prospecto de cualquier ibuprofeno que compres en la farmacia avisa de que en situación de deshidratación el medicamento puede provocar insuficiencia renal, y varios prospectos autorizados en España añaden expresamente que ese riesgo aumenta con la pérdida de sales minerales y la deshidratación asociadas al esfuerzo físico. Está escrito en el papelito que viene dentro de la caja. ¿A que nunca lo has leído?
Y aquí es donde me hierve la sangre. Cada temporada veo la misma escena en la línea de salida: alguien repartiendo comprimidos como si fueran caramelos, «toma, para las rodillas», y media fila de gente tragándoselos sin agua… ¡a punto de salir a correr cuatro horas al sol! Eso no es ser duro. Eso es no tener ni idea, y lo digo con todo el cariño porque yo fui el primero en hacerlo.
Los estudios, con su letra pequeña incluida
Te voy a contar tres, y te voy a contar también dónde flojea cada uno, porque una cifra suelta sin su matiz engaña más que una mentira.
El primero es un ensayo aleatorizado publicado en el Emergency Medicine Journal en 2017, firmado por Lipman y su equipo. Cogieron a 89 corredores de ultramaratón por etapas en el desierto y les dieron ibuprofeno o placebo durante un tramo de unas 50 millas. Terminaron con lesión renal aguda el 52 % de los del ibuprofeno frente al 34 % de los del placebo. Y ahora el matiz honesto: esa diferencia no llegó a la significación estadística, así que no es una sentencia firme. Es un aviso muy serio, que no es lo mismo.
El segundo es de triatlón puro y duro. En el Ironman de Nueva Zelanda de 2004 se estudió a 330 competidores, se vio que el 30 % había usado antiinflamatorios y los autores concluyeron que los AINE son un factor de riesgo de hiponatremia, que es cuando el sodio de la sangre te baja demasiado. La hiponatremia grave no es un mareíllo tonto de meta: manda gente al hospital todos los años.
El tercero es el que se cita cuando se habla de adaptaciones, y hay que cogerlo con pinzas. Lilja y su equipo publicaron en Acta Physiologica en 2018 un trabajo de ocho semanas de entrenamiento de fuerza con gente joven: un grupo tomaba una dosis alta diaria de ibuprofeno y el otro una dosis baja de aspirina. Los de la dosis alta ganaron menos músculo y menos fuerza que los otros. Ojo con esto, que es entrenamiento de fuerza y toma diaria alta, no un comprimido suelto después de una tirada larga. Extrapolarlo tal cual a la resistencia sería hacer trampa.
Si juntas los tres, la lectura sensata es esta: tomarlo a diario mientras entrenas es una mala idea razonablemente bien documentada, y tomarlo antes o durante una carrera larga es una idea todavía peor. Lo demás son matices.
Entonces, ¿nunca? No: cuándo sí y cuándo no
Un antiinflamatorio es un medicamento útil, y decir lo contrario sería otra tontería. Lo que lo cambia todo es para qué lo usas y cuándo.
| Situación | Qué suele tener sentido |
|---|---|
| Antes de una carrera o de un entreno largo, «por si acaso» | Ni de broma. Es el peor momento posible: deshidratación, calor y riñón trabajando al límite |
| Durante la carrera, para aguantar el dolor | No. Tapas la señal que te avisa de que algo va mal y sigues corriendo encima de ello |
| Justo después de un entreno duro, para las agujetas | Innecesario. Estás frenando la reparación que buscabas provocar |
| Lesión aguda muy dolorosa (esguince, tirón fuerte), primeros días | Puede ayudar, pero eso lo decide un médico o un fisioterapeuta, no un artículo |
| Dolor que no te deja dormir ni hacer vida normal | Consulta médica. Ahí el problema no es la pastilla, es averiguar qué tienes |
| Molestia que vuelve cada vez que corres | Médico o fisio. Una molestia que reaparece es información, no ruido |
Fíjate en el patrón: en cuanto el dolor deja de ser una molestia de días de entreno y se convierte en algo que se repite o que te limita, la respuesta nunca es el botiquín. Es una consulta.
Y hay un uso que es directamente peligroso y que veo demasiado: tomarlo para poder entrenar encima de una lesión que ya tenías. Enmascarar el dolor de una tendinopatía o de una fractura por estrés no la cura, solo te deja seguir cargándola hasta que se convierte en un problema de meses en lugar de uno de semanas.
Señales de alarma: esto se mira, no se consulta en un foro
Antes de nada, y con toda la claridad del mundo: yo soy maestro de Educación Física y triatleta, no soy médico. Lo que lees aquí es información general contrastada para que hables mejor con quien sí puede examinarte. No sustituye a nadie.
Dicho eso, hay señales que no admiten «bueno, ya veremos mañana». Si aparece cualquiera de estas, deja el antiinflamatorio y busca atención médica:
- Orinar muy poco o nada en varias horas después de una carrera larga, sobre todo si además has terminado hinchado.
- Orina de color oscuro, tipo refresco de cola. Puede indicar rotura muscular importante y el riñón se lo come todo.
- Vómitos con sangre, heces negras o como el alquitrán, dolor de estómago fuerte o ardor que no se va.
- Confusión, dolor de cabeza intenso, náuseas y ganancia de peso durante una carrera larga. Es el cuadro que enciende la sospecha de hiponatremia y es una urgencia.
- Dolor en el pecho, dificultad para respirar o hinchazón de cara, labios o garganta.
- Erupción en la piel con ampollas o llagas en la boca.
Y una regla general que viene en los propios prospectos: si el dolor no mejora en unos días de tratamiento, se consulta. No se alarga la caja.
Lo que sí funciona, aunque sea muchísimo menos emocionante
Cuando quito la pastilla de la ecuación, lo que queda es aburridísimo y es lo único que ha funcionado siempre.
Dormir, para empezar, que es donde de verdad se hace la reparación y donde casi todos recortamos primero. Comer suficiente, con proteína repartida a lo largo del día y con hidratos de verdad, porque intentar recuperar en déficit es como pedirle al albañil que repare el techo sin ladrillos. Y bajar la carga sin dramatizar: un par de días suaves no te van a quitar la forma que has construido en meses, y esa es una cuenta que casi nadie hace bien.
Añade movilidad y algo de trabajo de fuerza, que a medio plazo es lo que hace que ciertas molestias dejen de aparecer. Si quieres una rutina que no te ocupe la tarde entera, te puede interesar la de estiramientos para triatlón, y si lo tuyo son molestias de bici mira las tres lesiones más comunes en ciclismo, porque casi todas empiezan por una posición mal ajustada y no por falta de pastillas.
Y ojo con la deshidratación, que es la que multiplica el riesgo de todo lo que hemos contado aquí arriba. Si nunca has medido cuánto sudas de verdad, haz el cálculo una vez con la calculadora de hidratación y verás que la mayoría bebemos bastante a ojo. Y si lo que te pasa es que terminas los rodajes con la cabeza a punto de estallar, hay un artículo entero sobre el dolor de cabeza después de correr que te va a sonar demasiado.
La próxima vez que tengas la caja en la mano antes de salir, pregúntate una cosa muy simple: ¿estoy quitando dolor, o estoy tapando un aviso? La respuesta a esa pregunta vale más que todos los estudios que te he citado.
Cuídate el riñoncito, que solo tienes dos. ¡Nos vemos en los entrenos!


