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7 cosas que me habría gustado saber antes de ser triatleta

Siete cosas que me habrían ahorrado dos lesiones, unas cuantas carreras malas y bastante dinero. Alguien me las diría y yo no las escuché, que es lo que suele pasar el primer año.

Actualizado el El Último Triatleta · publicado originalmente en · 6 min de lectura
7 Cosas que deberías haber conocido antes de ser triatleta

Lo que más me costó no fue nadar: fue aprender a descansar. Llevo ya unos cuantos años metido en esto y sigo pensando que empezar en el triatlón fue de las mejores decisiones que he tomado, pero también que el primer par de temporadas me las pasé haciendo casi todo del revés. Alguien me lo diría y yo no lo escuché. Es lo que suele pasar.

Así que aquí van las siete cosas que yo le contaría al que era yo con veintipocos años y una bici prestada. No están puestas por importancia. Aunque la primera sí manda sobre todas las demás.

La primera es que este deporte va, antes que nada, de seguir sano. Suena a frase de folleto y no lo es. Durante mis dos primeros años acabé lesionado, y las dos veces por lo mismo: por saltarme el plan de entrenamiento y meterle más de lo que mi cuerpo aguantaba porque un día me encontraba bien. Ese es el error, ese exactamente. La progresión no se acelera porque un martes te sientas fuerte. La meta número uno no es correr rápido, es poder correr, y todo lo demás viene detrás de eso.

La segunda tiene que ver con la comida, y tardé demasiado en entender que comer es una habilidad más, igual que la brazada o la cadencia. No se resuelve el día antes con un plato de pasta. Lo pasé francamente mal en un sprint de un día caluroso por no haber pensado nada. Desde entonces la comida y la bebida las planifico y las entreno. Cuánto bebes por hora, qué desayunas el día de la prueba y qué gel te sienta bien o te revuelve. Todo eso se prueba antes, en entrenamientos, y se apunta. El estómago se educa a base de repetir, como todo lo demás. Y ojo, triloco, que esto vale también para las pruebas cortas: mucha gente cree que en un sprint no hace falta comer nada y luego se lleva la sorpresa.

La tercera es la que más me ha costado interiorizar y todavía se me olvida: el descanso es entrenamiento, no es el premio que te dan por entrenar. Los que empezamos en esto lo hacemos con unas ganas enormes y con la idea de que un día sin entrenar es un día perdido. Pues es justo al revés. Es como el pan: lo amasas en diez minutos y luego hay que dejarlo reposar horas. Si te saltas el reposo porque tienes prisa, no sale pan: sale una piedra. Tu cuerpo hace lo mismo con las adaptaciones. Yo he mejorado más en semanas de descanso bien puestas que en semanas de acumular por acumular, ¡y me costó una barbaridad creérmelo! Te puede interesar lo que cuento sobre la recuperación del triatleta, que va justo de esto y con más detalle.

La cuarta: nadar en aguas abiertas no se parece a nadar en la piscina. Nada de nada. La piscina es imprescindible para la técnica. Pero el día que sales al mar o al pantano descubres que no ves el fondo, que no ves la boya, que el agua está más fría de lo que decía la organización y que alguien te va a dar una patada en la cara sin ninguna mala intención. El neopreno también te va a rozar el cuello. Eso se arregla con vaselina y probándotelo antes, no el mismo domingo. Yo insistiría en hacer cuatro sesiones en agua abierta antes de tu primera prueba. ¿Que no te da tiempo a cuatro? Pues haz una, en serio, aunque sea una. Si además el agua va a estar fría, en cómo adaptarse a la natación en aguas frías está la parte de aclimatarse, que es la que la gente se salta.

La quinta va de dinero, y la voy a decir sin adornos porque a mí me la dijeron mal. Mi primer triatlón lo hice con una bici de montaña, sin neopreno y con un pantalón corto de correr. Se puede, y lo terminé. Pero no te lo aconsejo, sobre todo si ya intuyes que vas a repetir. Yo compré todo lo más básico que encontré, me enganché al año siguiente y acabé comprándolo otra vez entero, ahora sí con calidad. O sea que lo barato me salió por partida doble. La regla que aplicaría hoy es sencilla. Si vas a hacer un triatlón y solo uno, alquila o pide prestado. Si sospechas que va a haber un segundo, apunta a nivel medio desde el principio. En material de triatlón tienes las categorías ordenadas, y en cuánto cuesta ser triatleta está la cuenta completa, que incluye cosas en las que no habías pensado.

Y aquí me paro un momento, porque hay algo que cuesta bastante más que el material: el tiempo. Nadar, montar y correr se lleva un montón de horas a la semana. Y esas horas no salen de la nada: se las quitas a alguien, ya sea tu pareja, tus hijos o tus amigos de siempre. Eso conviene hablarlo en casa antes de apuntarte a nada largo, y no darlo por hecho. Es la conversación más incómoda de este deporte y la que más problemas ahorra…

La sexta me habría quitado bastantes nervios: el día de la carrera nadie te está mirando. Yo llegué a mi primera prueba convencido de que iba a hacer el ridículo delante de doscientas personas que sabían lo que hacían. Y resulta que el ambiente de un triatlón popular es de las cosas más amables que vas a encontrar en el deporte. Sí, hay competición y hay ganadores, ¡faltaría más! Pero la inmensa mayoría ha venido a sacar lo mejor de sí misma y a pasarlo bien. Y te va a animar igual sin conocerte de nada. Los nervios de la víspera los vas a tener siempre, por cierto. Yo los sigo teniendo. Lo que cambia con los años es que dejas de confundirlos con miedo.

La séptima es la más fácil de aplicar y la que menos hice: pregunta. Me pasé el primer año leyendo blogs de madrugada y comprando libros de triatlón, y hablando muy poco con gente de carne y hueso. Fue un error. Los del club, los de la tienda, los que están estirando a tu lado en el aparcamiento: casi todos están encantados de contarte lo que saben. Y ninguno te mira mal por ser nuevo. Alguno creído te encontrarás, claro, pero son cuatro y se les ve venir de lejos. La mayoría se acuerda perfectamente de cuando era el novato que no sabía ni cómo dejar el casco.

Añado una octava que no estaba en el artículo original y que a mí me habría ahorrado varios minutos y bastante vergüenza: la transición se entrena. Todo el mundo entrena las tres disciplinas y muy pocos entrenan el rato de en medio, que es donde se pierde más tiempo del que crees y donde salen los sustos. Del tipo salir de boxes con el casco sin abrochar. Se practica en el jardín, en el garaje o en el aparcamiento del club, con la toalla en el suelo y las zapatillas donde toca. Con media hora una vez al mes vas sobrado. En la transición en triatlón está el detalle de cómo montarla, y si vas a debutar pronto, la lista de preparativos para tu primer triatlón te evita el clásico de llegar sin gafas.

Si tuviera que apretarlo todo para el que empieza, le diría cuatro cosas. Que vaya más despacio de lo que le pide el cuerpo, que coma antes de tener hambre, que descanse sin sentirse culpable y que hable con la gente, que es gratis. Ninguna de las cuatro tiene que ver con entrenar más, y las cuatro le habrían hecho llegar más lejos. Yo tardé unos años en aprenderlas y las sigo repasando cada temporada, trilocos. ¡Nos vemos en los entrenos!

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