¿Deberías correr cuando estás enfermo?

Has aumentando tu kilometraje y haciendo tus entrenamientos de velocidad. Te sientes más rápido, en forma y más motivado con tu entrenamiento.

Entonces, de repente, te despiertas raro como si hubieran dado una paliza. Con un montón de pañuelos y acordándote del caldito de puchero que te hacía tu madre…

¡Maldices a todo el mundo! ¡Estás enfermo!

Es una situación que te plantea una gran disyuntiva, por una parte estás echo polvo y por otra te sientes obligado a seguir con tu gran entrenamiento.

¿Qué hacer?  ¿Quedarte tumbado en el sofá con la mantita y la infusión? ¿o salir a entrenar? ¿Es mejor «sudar» o simplemente relajarse?

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Conociendo nuestro sistema inmune



Tu sistema inmune es el responsable de combatir las enfermedades y mantenerte sano. Está formado por un conjunto de diferentes estructuras y procesos, que incluyen células especiales, proteínas, tejidos y órganos, que trabajan para defenderte de los invasores externos, como los gérmenes, microorganismos peligrosos, virus…

Tu sistema inmunológico está muy influenciado por el estrés. Pequeñas situaciones de estrés (que duran de unos pocos minutos a un par de horas) en realidad pueden ayudar a estimular la salud general del sistema inmune, pero el estrés crónico (que dura días o incluso años) puede tener efectos bastante perjudiciales.

Por «estrés», no solo estamos hablando de esos días que estamos superliados en los que deseamos tirarnos del pelo y gritar al jefe (aunque eso también cuenta), sino cualquier cosa que nos imponga una carga adicional al cuerpo, como por ejemplo:

  • Estrés físico, como ejercicio o trabajo físico.
  • Estrés psicológico, como los de las finanzas, la escuela, la carrera o las relaciones.
  • El estrés en el estilo de vida, como las drogas, la mala nutrición y la mala higiene.
  • Estrés ambiental, como calor o frío extremo, contaminación o gran altitud.
  • Ejercicio y su efecto sobre el sistema inmune

El ejercicio es un tipo de estrés físico y ese estrés influye en nuestro sistema inmune. Cuando estás sano, tu cuerpo puede adaptarse fácilmente al estrés que el ejercicio ejerce sobre el cuerpo.

De hecho, esta adaptación es lo que nos hace más fuertes y más saludables.

Cuando estás enfermo, sin embargo, tu sistema inmunológico ya está estresado. El estrés adicional de un entrenamiento duro, como una carrera larga o un entrenamiento de velocidad, puede «sobrecargar» nuestro sistema inmune.

Un único entrenamiento de alta intensidad o de larga duración puede deprimir la función inmune.

En esencia, esto significa que no está permitiendo que el sistema inmunitario haga su trabajo; está acumulando más y más trabajo, lo que lo hace sentirte más enfermo.

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Escucha a tu cuerpo

Entonces, ¿esto significa que si nos resfriamos estamos condenados al sofá?

No necesariamente

Puedes realizar ejercicios de muchas formas, desde moverte de una forma no extenuante hasta hacer entrenamientos duros y orientados a cumplir objetivos.

En un extremo, mueves tu cuerpo sin mucho esfuerzo físico; en otras palabras, no estás ejerciendo una gran carga de estrés en tu cuerpo.

En el otro extremo están los entrenamientos extenuantes: todo su propósito es estresar al cuerpo para obtener mejoras.

Si te sientes mal, pero no muestras signos de fiebre o dolores en el cuerpo, los movimientos suaves probablemente sean buenos, e incluso pueden ser útiles.

Recuerda, esto significa limitarse solo a actividades que no son lo suficientemente intensas como para crear un estrés inmune fuerte.

Esto variará de persona a persona dependiendo del nivel de condición física, pero el movimiento no extenuante podría incluir:

  • Estiramiento o rodillo de espuma
  • Yoga suave
  • Caminar

Para aquellos con altos niveles de estado físico, se puede tolerar un trote muy suave

Si te sientes francamente mal, o tienes fiebre, ritmo cardíaco elevado, fatiga, vómitos, diarrea, dolor en los músculos y las articulaciones, o una tos profunda, entonces, por el amor de Dios, tómate un descanso y simplemente descansa.

Recuerda que tienen que pasar unos 10 días antes de que pierdas una buena forma física para correr, de modo que siempre que no tengas un hábito, no deberías entrar en pánico si necesitas tomarte unos días libres.

Reglas generales

  • Evalúa tus síntomas Si tienes fiebre, ritmo cardíaco elevado, fatiga extrema, vómitos, diarrea, dolor en los músculos y las articulaciones, o una tos profunda, opta por el descanso.
  • Si tus síntomas son menores, opta por movimientos no extenuantes.
  • Si te sientes mal y no tienes ganas de hacer nada, no lo hagas.
  • Sé paciente y sé más prudente.
  • Si corres mientras estás enfermo, trata de mantener la forma física, no de avanzar. Mantén movimientos suaves, omite los intervalos y pon énfasis en dormir lo suficiente y en una nutrición de alta calidad.
  • Si sales a correr y te siente como una basura, cancela la misión y vete a casa. No te estás haciendo ningún favor entrenando.
    Vuelta al entrenamiento

Una vez que finalmente empieces a sentirte bien y como una persona normal y corriente, probablemente te apetezca salir a correr.

Puede ser tentador tratar de «recuperar el tiempo perdido» y acumular varios entrenamientos duros.

¡NO LO HAGAS!

Por frustrante que sea, debes respetar la salud de tu sistema inmune.

Lo mejor es esperar 24 horas completas después de que comiences a sentirte normal antes de reanudar el entrenamiento.

Una vez que comiences a correr, ve poco a poco, ya que su sistema inmune probablemente todavía no esté del todo actualizado, y lo último que deseas es recaer nuevamente.

En tus primeros días deberías hacer carreras cortas y suaves.

Después de dos o tres días de carrera suave, puedes intentar un entrenamiento más estructurado o correr más tiempo.

Continúa escuchando a tu cuerpo y para si vuelves a encontrarte mal.

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